El día que la ciudad de Mar del Plata discutió a San Martín

La controversia generada por el intendente municipal, el coronel Pedro Enrique Martí Garro, en 1968, llevó a Mar del Plata a debatir el retiro de la estatua del San Martín anciano del centro de la ciudad por considerarla poco edificante. Esta iniciativa desencadenó una intensa polémica que finalizó recién entrada la década de 1970, salpicando incluso al director de la película El Santo de la Espada, Leopoldo Torre Nilsson.

El centro de la discordia no era la destreza del escultor Perlotti, sino el momento vital que la obra decidía eternizar.

31 de Octubre de 2026 10:03

En 1968, el centro de la ciudad se convirtió en el escenario de una acalorada discusión de contornos casi insólitos. No se trataba de un conflicto laboral ni de un debate presupuestario, sino de la imagen que el héroe máximo de la patria debía ofrecer desde su pedestal. En la esquina estratégica de la Avenida Luro y la calle Mitre, la estatua del general José de San Martín llevaba doce años erigida. Sin embargo, para las autoridades locales, la figura que observaban a diario había dejado de cumplir con su función simbólica.

Financiada por las donaciones del filántropo José Roger Balet y puesta formalmente en pie en 1956, la escultura que rinde tributo al San Martín anciano fue concebida por el artista Luis Perlotti, quien obtuvo la adjudicación tras imponerse en un certamen oficial. Para modelar la figura del prócer en sus años de retiro, la obra tomó como referencia estética el célebre cuadro San Martín en Boulogne-sur-Mer, perteneciente al pintor Antonio Alice.

Pero el centro de la discordia no era la destreza del escultor Perlotti, sino el momento vital que la obra decidía eternizar. La estatua mostraba a un San Martín anciano, de pie, desarmado y vestido de civil durante sus años de exilio en Boulogne-sur-Mer. Aquella representación pedestre, austera y reflexiva chocó de frente con la visión del intendente municipal, el coronel Pedro Enrique Martí Garro, quien consideraba que esa imagen “crepuscular” retrataba al prócer en una etapa de infortunio que no resultaba edificante para la juventud.

Entre el guerrero y el anciano

El diagnóstico oficial, respaldado por el Instituto Nacional Sanmartiniano, fue contundente: el basamento principal de la ciudad no podía albergar a un libertador vencido por los años, sino a la gloria victoriosa de las batallas de Chacabuco y Maipú. Para subsanar lo que veían como un vacío pedagógico, el municipio resolvió sustituir la obra de Perlotti por el clásico modelo ecuestre del escultor francés Louis-Joseph Daumas, restituyendo al héroe a caballo, espada en mano y en plena juventud militar.

Consciente de la sensibilidad que despertaba la decisión, Martí Garro se apresuró a aclarar que no ponía en duda el valor artístico de la escultura existente. Tampoco pretendía destruirla, sino trasladarla a un emplazamiento menos notorio como Playa Grande. Lo que el jefe comunal descartó de plano fue la posibilidad de mantener ambas representaciones en espacios de similar jerarquía dentro de la ciudad balnearia, argumentando que la coexistencia en el mismo plano del San Martín civil y el San Martín guerrero representaría un inviable “abuso de ideas”.

Pese al revuelo generado y al firme impulso municipal, el proyectado intercambio de monumentos jamás se tradujo en el terreno. La iniciativa para retirar la escultura del centro se diluyó entre las resistencias de la época, quedando únicamente como una encendida disputa política y mediática. Debido a esa marcha atrás, la figura pedestre de San Martín esculpida por Perlotti permaneció inamovible en su histórico pedestal de Luro y Mitre, mientras que la imponente versión ecuestre concebida por Daumas fue emplazada desde el primer momento en su mirador del Parque General San Martín, situado sobre la loma costera de Playa Grande frente al mar, entre 1971 y 1972.

Emplazamiento del monumento en Playa Grande.

La sombra del cine y el temor a la censura

La controversia escaló rápidamente hasta alcanzar el ámbito cultural nacional, salpicando de lleno al destacado director de cine Leopoldo Torre Nilsson. El cineasta se encontraba en plena fase de preproducción para el rodaje de la célebre película El Santo de la Espada, una superproducción que abordaría de manera integral la vida del prócer.

Aunque en un principio la discusión municipal parecía un trámite patrimonial distante, cuentan que Torre Nilsson advirtió una paradoja inquietante. Si un decreto oficial tildaba los años de vejez y de destierro del libertador como un período “nada edificante para las nuevas generaciones”, la película corría un peligro real. El director temió que, al retratar los años finales de San Martín en el extranjero, los organismos estatales de censura calificaran la cinta con severas restricciones o la prohibieran para menores de 18 años, poniendo en jaque la universalidad del filme.

La resolución en el mapa urbano

Con ambos monumentos ya instalados, el debate dejó al descubierto hasta qué punto los monumentos públicos son mucho más que bronce y piedra. Aquella disputa de 1968 demostró que la memoria de una nación se moldea con las tensiones de cada época, donde el retrato del hombre civil y la espada del guerrero debieron negociar su propio espacio en la historia marplatense.

 

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