¿Sabías que el actual parque de los deportes y las misteriosas diagonales del barrio Las avenidas nacieron de un antiguo hipódromo?

Cuando los pura sangre y la alta sociedad inauguraron el primero de los dos hipódromos que hubo en la ciudad, nadie imaginó que el mítico óvalo dejaría su huella urbana para siempre. Por allí pasaron las grandes apuestas, muchos nombres y hasta las inolvidables guitarreadas de Carlos Gardel, hasta el cierre definitivo del último recinto en 2006.

La historia del Hipódromo local quedó grabada en el circuito urbano de la ciudad.

24 de Octubre de 2026 08:04

El 16 de febrero de 1908, el intendente Domingo Heguilor cortó la cinta inaugural del primer circo hípico de la ciudad. Hacía pocas semanas, exactamente desde el 25 de enero de ese año, que las listas de inscripción para los grandes clásicos estaban abiertas, alimentando una expectativa sin precedentes en la alta sociedad porteña y local.

La aventura había comenzado formalmente meses antes, el 9 de agosto de 1907, cuando el ingeniero César González Segura fundó la Sociedad Anónima Mar del Plata Jockey Club con un capital inicial de 400.000 pesos moneda nacional.

Las instalaciones ocupaban el predio donde hoy se encuentra el Parque Municipal de los Deportes. Este terreno abarcaba fraccionamientos del antiguo Pueblo Peralta Ramos, nacido en 1891 a partir de la primigenia Estancia Cabo Corrientes, y lotes de la Granja La Marucha, de Alfredo Dessein.

Para el debut se organizaron cinco reuniones con un pozo tentador de 130.000 pesos en premios, financiados por donaciones de alcurnia: 60.000 pesos del Jockey Club de Buenos Aires, 500 libras esterlinas del Ferrocarril del Sud, 5.000 pesos del Club Mar del Plata, 1.000 del Bristol Hotel y 2.000 de Pedro Mugaburu y Cía.

Todo dividendo neto se destinaba a las obras de beneficencia de la Comisión de Fomento. Aquella jornada inaugural quedó para la historia cuando la yegua Marimba cruzó antes que nadie el disco y se adjudicó el Primer Premio Zubiaurre.

Elegancia europea, tranvías a caballo y la huella del arroyo

El proyecto técnico llevó la firma del reconocido ingeniero Blot, quien ideó una pista ovalada a la altura de los mejores trazados internacionales. El predio deslumbraba con tribunas de líneas europeas, un cuidado paddock y elegantes studs para el máximo confort de la aristocracia. Bordeando el costado derecho del circo corría a cielo abierto el arroyo Las Chacras, un cauce natural que con las décadas acabaría enterrado y entubado bajo el cemento urbano.

Llegar a las carreras era toda una travesía para los veraneantes. Desde la Estación Norte, las familias abordaban tranvías a caballo que cruzaban el puente La Carolina y avanzaban por las avenidas Luro e Independencia hasta la actual Juan B. Justo. Hacia noviembre de 1910, el Ferrocarril del Sud inauguró la parada "Peralta Ramos" en el kilómetro 403 del ramal a Miramar, permitiendo que trenes especiales procedentes de Plaza Constitución, Necochea, Ayacucho y Madariaga dejaran a los burreros con boleto e ingreso combinado a metros del portal.

El hipódromo no solo vibró con el galope. En 1910, su óvalo albergó vertiginosas competencias de motocicletas y las primerísimas exhibiciones aéreas de pequeños aviones que surcaron el cielo marplatense. Pese al fervor popular, la aventura inicial fue efímera: el recinto cerró sus puertas en 1910, tras apenas dos temporadas en marcha.

El regreso triunfal, el "Negrito" Batista y la prohibición socialista

Tuvieron que pasar trece años para que las trompetas volvieran a sonar. El 21 de enero de 1923, bajo la conducción renovada de González Segura, el turf resurgió con ímpetu. A la gesta se sumaron dos gigantes de la hípica nacional: Martínez de Hoz, desde el Haras Chapadmalal, y Julio Victorica Roca, al frente del Haras Ojo de Agua. La jornada de reapertura consagró a un héroe popular: el jockey Jesús Batista, apodado cariñosamente el "negrito" o el "Naciano Moreno marplatense", quien firmó un inolvidable triplete de victorias festejado a rabiar en las tribunas.

Sin embargo, el freno de mano llegó de forma intempestiva en 1927. Una severa ley provincial impulsada por el bloque socialista prohibió taxativamente las carreras de caballos y los juegos de azar en la provincia. Ahogada en deudas impositivas con la Municipalidad, la sociedad propietaria debió entregar el predio. Durante la gestión del intendente Camusso, el municipio absorbió las tierras liquidando el pasivo: una mitad se destinó a la creación del Campo Municipal de Deportes y la otra parte se remató en un histórico loteo urbano.

Guitarras, pura sangre y el Zorzal entre los caballerizos

Gardel y Lunático.

Si algo le faltaba a la mística hípica de la ciudad era la presencia de Carlos Gardel. El Zorzal Criollo viajaba en tren desde Buenos Aires trasladando a sus propios pura sangre, entre los que destacaban La Paisanita y el legendario Lunático. La pasión por los "burros" lo llevaba directo al barrio San José, epicentro de la actividad ecuestre.

La actual avenida Lisandro de la Torre era conocida por todos como la "Avenida de los Studs" por la profusión de caballerizas a su alrededor. Gardel visitaba con frecuencia el stud de la familia Capister (en Independencia entre Almafuerte y Laprida), el de los Cabuciero (en Salta casi Quintana) y el de los Bruzzone (en Matheu entre Salta y Jujuy). El centro neurálgico de las tertulias era el almacén y despacho de bebidas "El Retiro", regenteado por Manuel Cabeza en la esquina de Independencia y Matheu. Allí, frente a la iglesia del colegio Don Orione, Gardel desmontaba para compartir interminables charlas y guitarreadas con amigos.

La resurrección en La Herradura y el adiós definitivo

La nostalgia por el turf jamás se apagó. El 1° de noviembre de 1963 se firmó el acta constitutiva de una comisión promotora que dio paso, el 30 de mayo de 1964, a la asamblea fundacional en el Club General Pueyrredon. Gracias a esto, más la personería jurídica conseguida en octubre de ese mismo año y el respaldo de 392 socios fundadores, la entidad adquirió en septiembre su sede social de Salta y Almirante Brown por 9 millones de pesos moneda nacional.

El nuevo circo hípico se levantó sobre un predio de 64 hectáreas que modeló los límites de los barrios La Herradura, Stud y San Jorge. Tras años de obras, el 23 de febrero de 1976 se inauguró oficialmente la pista, iniciando una etapa de esplendor que duró un cuarto de siglo. No obstante, las crisis financieras asfixiaron a la institución y el 19 de marzo de 2006 se corrió la última carrera de la historia. El club entró en quiebra y las cortinas se bajaron para siempre.

Una de las últimas imágenes del hipódromo local.

Las sombras del óvalo en el mapa de hoy

Aunque los caballos ya no galopan, la geografía urbana de Mar del Plata conserva intactas las marcas del primer hipódromo de 1908. La traza diagonal de la avenida Lisandro de la Torre rompe la cuadrícula tradicional porque sigue, de forma exacta, la curva exterior que bordeaba el antiguo camino del óvalo. Asimismo, en la proyección del Barrio Las Avenidas aún se adivina la llamada "Diagonal del Hipódromo", una vía concebida para unir la plaza principal directamente con las gradas.

El testimonio arquitectónico más valioso sobrevive en la esquina de Lisandro de la Torre y Elcano: un sólido edificio de época que albergó la confitería original del hipódromo, donde Gardel solía regalar su voz a los parroquianos en las tardes de verano, y permanece como el único testigo en pie de aquel primitivo circo hípico.

Más hacia el sur, bajo el asfalto de la avenida Juan B. Justo, todavía yacen los cimientos de ladrillo de la parada "Peralta Ramos", el viejo andén donde miles de apostadores bajaron alguna vez del tren con la ilusión intacta de acertarle al ganador.

 

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