Dos guardavidas marplatenses se animaron a viajar en el tren más peligroso del mundo: la historia de Mauro y Blas
Los guardavidas planearon durante ocho meses el viaje y se aventuraron a cruzar el desierto durante 31 horas. “Fue adrenalina extrema” aseguran.
Mauro Colón y Blas Zubillaga son guardavidas, se conocieron hace cinco años y este verano, mientras Blas visitaba la casilla de vigilancia de Mauro en un balneario de la zona de El Faro, comenzaron a pensar en la posibilidad de viajar en el peligroso y mítico tren de hierro de Mauritania.
“Es un viaje que yo tenía ganas de hacer hace más de 3 años… empezamos a armarlo de a poco. Vimos videos, estudiamos los mapas, hablamos con gente que ya había viajado en el tren”, dice en diálogo con 0223 el joven que vivió una experiencia que describe como de “adrenalina extrema”.
Es que el denominado Tren de Hierro no solo conecta las ricas minas de hierro situadas en Zuérate, una remota localidad en el interior del desierto, con Nuadibú, el principal puerto del país en 704km. Es una verdadera maravilla de la ingeniería. Con más de 200 vagones que transportan hasta 84 toneladas de mineral de hierro cada uno, este tren puede alcanzar una longitud total de 3 kilómetros en su recorrido completo y tiene la particularidad de no seguir un horario fijo, ya que el tren parte únicamente cuando está completamente cargado y regresa una vez ha descargado su carga en el puerto.
Este funcionamiento flexible, junto con las extremas condiciones del desierto, hace que el viaje sea impredecible y desafiante, tanto para los operadores del tren como para los pocos pasajeros que se atreven a subir a bordo.
“La idea inicial era ir a trabajar a Italia y desde allí, viajar a Marruecos, estar ahí dos semanas y una semana en Mauritania, donde llegamos a dedo”, revela Mauro aún con la emoción y la adrenalina a flor de piel. “Sabíamos que es ilegal subir al tren, pero queríamos hacer ese viaje”, sostiene.
Llegaron a Mauritania y lograron subir al mítico medio de transporte que salió de la primer estación vacío. “La ida fueron 15 horas y la vuelta 16”, explica. Durante el viaje estuvieron por tramos escondidos, ya que si los detectaban a bordo del tren podían bajarlos, pedirles dinero a modo de soborno o incluso recibir amenazas.
“Describiría la experiencia como extrema”, asegura Mauro al tiempo que indica que “da mucha adrenalina el estar escondido… A la vuelta nosotros creíamos que pasaba a las 7 pm y vino a las 2 am”, recuerda
“Lo que más nos sorprendió durante el viaje fue la amabilidad de las personas que nos hospedaron”, cuenta el joven que eligió para realizar el viaje mediante Couchsurfing - una red de intercambio de alojamiento que permite a sus usuarios solicitar estancias gratuitas de corta duración en casas particulares o interactuar con otras personas interesadas en los viajes-.
Entonces, dice, tomaron real dimensión del choque de culturas. “Ahí nos dimos cuenta lo diferente que es la cultura, por ejemplo a la mujer no podes tocarla ni hablarle, mucho menos sentarse a comer con nosotros”, dice mientras recuerda que en las casas en las que se hospedaban, las mujeres cocinaban y comían solas en la cocina.
“No hay mesas ni sillas ni camas. Todo se hace en el piso ,se come con la mano y no se usa cubiertos”, dicen. Pese a las afirmaciones de los lugareños y las autoridades que sostienen que viajar en el tren del mineral de hierro es una aventura que conlleva riesgos considerables por los los peligros inherentes del desierto, como las temperaturas extremas y las tormentas de arena, l los marplatenses coinciden en la espectacularidad de la experiencia que calificaron como inigualable.
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