Una historia de verano, la novela de Martín Cantalupi que retrata el tránsito de la juventud hacia la cruda realidad de los adultos

Tras la desaparición de un amigo en un pueblo balneario, tres jóvenes enfrentan secretos oscuros, corrupción política y la desilusión adulta. Una historia de verano (Fondo de Cultura Económica), la novela de Martín Cantalupi que explora con agudeza el pasaje de la inocencia a la madurez mediante una potente aventura compartida.

El libro incita a la audiencia joven a cuestionar las narrativas impuestas por los adultos y los medios.

4 de Octubre de 2026 11:26

Una historia de verano (Fondo de Cultura Económica – 2026) se presenta de la siguiente manera: “Sol, arena, playa y mar. Es verano en Mar de Noche, y Nicola, Lucas y Lucía planean disfrutarlo a tope, como los últimos siete años. Sin embargo, este año será distinto: un parque de atracciones nuevo, un adivino que vaticina un trágico destino y la desaparición de Lucas, todo esto empujará a la aventura. Mientras Nicola lucha por contener su creciente atracción por Lucía, ambos harán lo imposible para resolver el misterio y recuperar con vida a su amigo, antes de que sea demasiado tarde”.

La presentación ya deja algunas pistas, una historia donde todo cambia luego de una desaparición, hay playas, parques de atracciones y adivinos. También secretos. Sobre todo, hay secretos. Y son estos los que irán desenredando el ovillo de la historia misma a lo largo de la novela de Martín Cantalupi.

“Es un libro para jóvenes y adolescentes, pero encontré un lugar desde donde pude escribirlo sintiéndome cómodo: el ejercicio de recordar y repensarme a mí mismo a esa edad. Como dice Stephen King, el tema del libro se encuentra en el camino, uno puede pensar que va a hablar de la adolescencia, de la pérdida de la inocencia o del crecimiento. Sí, habla de todo eso, pero yo siento que es, en el fondo, un libro sobre la maravilla y la pérdida de la capacidad de maravillarse. Creo que eso es algo que lamentablemente les está pasando a los pibes, o hay más riesgo que nunca de que caigan en eso, que es un proceso típicamente adulto. El adulto suele desencantarse con la vida y perder el asombro y el extrañamiento, como siempre decía Bodoc en sus talleres: que la literatura te devuelva el extrañamiento. Entonces, escribí desde ahí. El narrador es un tipo que representa el extremo de la pérdida total de la maravilla: alguien que ya no se sorprende porque cree que lo sabe todo, perdiendo por completo la capacidad de asombrarse. Es una metáfora del mundo adulto y de lo que también le puede pasar al pibe que está desconectado de la vida. Son tiempos medio particulares para eso, sobre todo por la tecnología, las redes y demás. Por eso también recurrí a imágenes muy cinematográficas de los ochenta: los CDs, los pibes andando en bicicleta por el barrio, la naturaleza, las rodillas raspadas. Esa secuencia, no sé si la recordás, en la que, para conseguir cierta información, se tienen que meter de noche en una biblioteca a robar un libro, muy al estilo La historia sin fin. Volver a eso me alimentó muchísimo”, comienza diciendo el autor.

—Claro, de ahí la presencia o no de la tecnología en la novela, la resolución del caso y la afinidad entre los protagonistas…

—Sí, la clave morse, la biblioteca. Alguna vez escuché decir algo con lo que coincido totalmente, que hay que anular tecnología para que aparezca la aventura. Entonces, la verdad es que yo soy ingeniero, además trabajo en intentar crear tecnología. Pero bueno, siento que hay que encontrar un equilibrio ahí porque te mata la aventura. Entonces, te mata también el extrañamiento, la sorpresa.

El texto es una crónica literaria sólida que utiliza el misterio como vehículo para una crítica social. Es una obra donde la construcción de una atmósfera inquietante y profundamente humana contribuye a que la mentira adulta, que busca construir una “realidad narrativa”, se vea opacada por la verdad juvenil que se construye a través de la aventura compartida.

—Más allá de la historia juvenil, el realismo del contexto se hace evidente, hay marcas de época que se notan, políticos, intendentes, corrupción, empresarios mediáticos que quieren todo…

—Y es que hay modelos reales. La verdad es que está totalmente inspirado en ellos, aunque sin una búsqueda panfletaria ni bajada de línea de ningún tipo. Es más, con toda la cuestión política me pasó algo: siento que hay un mensaje apolítico como mal de época que está haciendo efecto a nivel mundial, lo cual es nefasto, y para los pibes ni hablar. Yo laburo como profe en ingeniería, e incluso desde ese lugar se hace cuesta arriba conversar con los pibes y lograr que no vean la política como una mala palabra. Mirá, me pasó con el personaje de la intendenta, la contrincante política de Román, lo agregué cuando ya iba por más de la mitad de la novela, porque sentía que se me estaba yendo a un mensaje facilista de “son todos corruptos, esto es una mierda”, y eso no me gustaba. Menos aún, insisto, porque me parecía casi una mala praxis ofrecerle eso a los pibes para leer, ya que terminaría reforzando ese cinismo. Entonces apareció la idea de contrarrestarlo con Lucía, un personaje que a mí me encanta, que milita en un centro de estudiantes y tiene esta contradicción: usa el lenguaje inclusivo, a veces se olvida, le da culpa y lo vuelve a usar. Todo eso nació de esa inquietud de decir: “Che, me está quedando una mirada muy apolítica, y no quiero que vaya por ahí”.

Los tres amigos adolescentes se ven obligados a confrontar secretos personales y miedos profundos bajo una situación de peligro extremo, provocando que la verdadera madurez del grupo surja al abandonar las expectativas impuestas por sus figuras paternas y asumir la responsabilidad de sus propios actos.

Pero aparece otro gran tema en la lectura de Una historia de verano: la verdad como elemento de ruptura. Es decir, que hay una búsqueda de la verdad que se convierte en el motor que desarticula la farsa montada por los adultos. La valentía de los jóvenes para enfrentar la mentira se convierte en la única herramienta capaz de rescatarlos de un laberinto de falsas apariencias.

—Aparecen el sensacionalismo de los medios, la deforestación, la doble vara. Esa cuestión de las dos caras del balneario, esa secreta relación de Lucas con Santiago, que me parece además que son temas que cruzan hoy a los jóvenes y a los adolescentes. ¿Cómo fue el trabajo con eso y los propósitos que te pusiste?

—Sí, por un lado, está Mar de Noche, este pueblo ficticio que es un rejunte de lugares que a mí me mueven y me han movido. De hecho, con mis amigos seguimos yendo a veces al camping de ingenieros de Mar Azul, que tiene justamente eso: fue el primer lugar donde experimenté el bosque y la playa juntos, con los médanos trabados por los pinos y todo eso. También laburé un tiempo en Cariló, cuando todavía vivía en Villa Gesell y me iba hasta allá, y hace poco conocí Monte Hermoso, que también tiene mucho de eso, sobre todo el centrito y la atmósfera. Entonces, armé este pueblo juntando retazos, pero me parece divertido, interesante y hasta poético, porque funciona como una metáfora perfecta para laburar un montón de cuestiones. Esto que marcás vos de la entrada y la salida de la temporada: ¿cómo es ir a estos lugares en abril o mayo y no poder creerlo en comparación con lo que eran unos meses atrás? De pibe yo tenía amigos de la playa que venían, no sé, de Lomas de Zamora o de donde sea, vivíamos el verano a full y después no nos veíamos hasta el año siguiente, hasta que crecimos y empezamos a mantener cierto contacto. Me pareció interesantísimo trabajar todo eso, y siento que es un lindo caldo de cultivo para el resto de los libros. Sobre todo, para ver este lugar que conocimos en su apogeo veraniego, pero ahora desierto, en invierno. Por otro lado, está el vínculo de Lucas y la revelación de su homosexualidad, y cómo en realidad fue un chico que lo atacaba... Bueno, yo no quería correr el riesgo de tocar un tema solo porque está de moda, de nuevo con eso, y ya estaba de moda cuando lo arranqué. Pero lo laburé mucho y encontré que lo más rico de ese proceso es cómo los chicos lo naturalizan. O sea, Lucas, una vez que da el paso, ve que era un tema que solo tenía con el padre y quizás esté ahí también lo de otras generaciones y cómo lo ven.

El libro incita a la audiencia joven a cuestionar las narrativas impuestas por los adultos y los medios (periodismo amarillista). Pero también suma cierta crítica a cómo se construye un héroe artificial (el caso del intendente rescatista). Podríamos decir que se puede leer como una novela de aprendizaje trágico-cómico.

El núcleo de la historia es el tránsito abrupto desde la burbuja del “eterno verano” hacia un mundo adulto concebido como un laberinto de intereses oscuros. La novela propone que madurar no consiste meramente en sumar años, sino en el doloroso descubrimiento de que los “dioses”, los padres y las figuras de autoridad, son falibles y corruptos. Frente a ese derrumbe, la única respuesta posible es la trinchera de la lealtad entre pares, encarnada en el refugio inquebrantable de la amistad entre Nicola, Lucía y Lucas.

 

 

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