“Le ataron los tobillos mientras agonizaba y lo dejaron morir”: fuerte acusación de la familia de Alan Romero contra la policía
Realizarán una conferencia de prensa denunciando que hubo abandono de persona. “Alan era un sol y en estos días tenía turno en el registro para sacar el carnet de conducir”, dijo su tía.
Por Redacción 0223
PARA 0223
La familia de Alan Romero, el joven de 21 años que falleció el pasado jueves 29 de enero, cuando chocó de frente contra una camioneta de la policía en Luro y Angelelli, realizó una dura acusación a los efectivos que esa tarde participaron del operativo que terminó de manera trágica.
“Le ataron los tobillos a Alan mientras agonizaba y lo dejaron morir”, expresó angustiada su tía Fernanda.
En declaraciones a 0223, la mujer contó que ella hasta ahora es la única que habla de la familia porque los papás “están destrozados” pero mañana viernes darán una conferencia donde formalizarán la denuncia hacia los policías. Más allá de reafirmar que el muchacho “no tenía antecedentes delictivos”, sostiene que su sobrino “era un sol” y se enteraron de todo cuando lo vieron tirado en el asfalto en un video viral donde se lo acusaba de ser un motochorro.
“Alan no tenía antecedentes y la moto era suya. Le debe haber dado miedo y huyó porque no tenía casco y andaba sin registro. En febrero, en estos días tenía turno. Hacía 2 meses que la policía le habían sacado la moto y lo había golpeado. Su mamá tuvo que poner mucha plata para recuperarla. Y ahora lo estigmatizaron por tener una moto y lo trataron de motochorro. Ese día se le niega la atención vital”, denunció.
“La policía le dice a unos vecinos que le aten las piernas mientras Alan agonizaba. Y la policía no permitió que llamen a la ambulancia. Yo soy enfermera. Y recién alertaron con un código rojo a las 17. Pero el accidente fue a las 16.35. Lo dejaron morir. No tenemos dudas, porque se lo ve en todos los videos”, dijo.
El dolor que transita la familia por la muerte del joven se intensifica por cómo, según denuncian, fue tratado por todos en sus últimos minutos de vida. “Ese día Alan tenía franco y su rutina era ir a cortarse el pelo y después se juntaba conmigo. Él hacía changas y estaba buscando un trabajo mejor. Tiramos un montón de curriculums por todos lados. También vendía sorrentinos con su mamá. Era un sol de persona”.
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