Sabías que Mar del Plata fue una de las ciudades que eligieron los espías durante la guerra de Malvinas

Un edificio abandonado del puerto fue el lugar elegido por la espía uruguaya con ascendencia británica Ruth Mortón. Cuando la guerra terminó, eligió una particular forma de ganarse la vida en La Feliz.

La zona de la Base Naval fue un punto clave durante la Guerra de Malvinas

2 de Abril de 2026 18:02

Por Redacción 0223

PARA 0223

Pasaron 44 años de la Guerra de Malvinas, pero aún se revelan historias que sorprenden. Una de las menos conocidas es la de Ruth Morton, una espía de la corona británica que eligió un viejo hotel abandonado del puerto de Mar del Plata desde donde realizaba tareas de espionaje para el gobierno de Margaret Thatcher cuando estalló el conflicto bélico. Su accionar, comprometió a la defensa Argentina.

De acuerdo al relato de Morton, estuvo en Mar del Plata durante dos meses. Paró en la zona del puerto y tenía como objetivo controlar el movimiento de tres de los submarinos de las Fuerzas Armadas. Morton vigilaba cada detalle de los ARA Santa Fe, San Luis y Santiago del Estero y, como el presupuesto era acotado para su estadía, para sobrevivir mientras no estaba cumpliendo con sus tareas, tejía gorros de lana que vendía en el puerto local.

Morton había nacido en Uruguay, pero era hija de británicos. Fue una contadora de la embajada británica en Montevideo, quien convocó a Ruth para realizar tareas de espionaje. "Ella sabía lo que se necesitaba y se dio cuenta de que yo sería menos sospechosa, así que me mandó”, recordó.

“Mi trabajo principal era vigilar el movimiento de tres submarinos”, comentó la mujer, en referencia a su misión en la base naval de Mar del Plata. El operativo, supervisado desde Montevideo por una agente con nombre en clave Claire, exigía vigilancia directa de la base, un escondite improvisado bajo las tablas de un edificio parcialmente destruido y la utilización de rutas alternativas para reportar la información. 

Sin dar precisiones exactas de la ubicación del edificio, la espía recordó que era un lugar “arenoso y sucio”. “Si tenía información sobre movimientos de submarinos, debía tomar por lo menos dos autobuses hacia el interior, luego usar un teléfono público para llamar a un contacto anglo-argentino. Este le daba otro número para llamar, uno diferente cada vez, y le contestaba alguien con acento británico”. 
Pasados unos meses, Morton “fue despedida de la misión”.

Me ordenaron que abandone el puesto, no había más qué hacer”. Poco después, recibió un reconocimiento firmado por las fuerzas británicas, junto con un bol de plata. Morton manifestó su incomodidad ante el galardón: “Me molestó. Porque no quería ningún reconocimiento. Lo hice porque pensé que era lo correcto, y no esperaba ninguna retribución”. Morton nunca había revelado su historia, ni siquiera a su hija Patty.