Alula Baldassarini: el hombre que definió la identidad arquitectónica de la ciudad de Mar del Plata
Alula Baldassarini fue el arquitecto que definió la identidad visual de Mar del Plata. Maestro del estilo pintoresquista anglo-normando, su legado perdura en sus icónicos chalets de piedra y en el sello distintivo de los gatos de cerámica, símbolos de una arquitectura con alma y belleza. Esta semana volvió a ser noticia por la intervención municipal y policial en la que fue su casa.
La información se conoció a lo largo de la última semana. Tras una serie de hechos ilícitos que motivaron una exhaustiva investigación judicial y un despliegue policial en la zona, la propiedad ubicada en Sarmiento y Falucho fue intervenida por personal del Municipio, junto al GAD, quienes desalojaron a aquellos que presuntamente vivían en el lugar. Una vez finalizadas las tareas periciales, se procedió de inmediato a su limpieza y tapiado. Esta medida de seguridad extrema no es casual: responde a la necesidad urgente de atender el reclamo de los vecinos por seguridad y, también, a la de proteger un edificio histórico.
Vale la pena recordar que esta estructura no es una casa más, fue la residencia de verano y el refugio personal del reconocido ingeniero Alula Baldassarini.
Alula Baldassarini: el ingeniero que tradujo el mar en piedra
La historia de las ciudades no solo se escribe con tinta, sino también con materiales. En el caso de Mar del Plata, esa caligrafía de piedra, madera y techos inclinados tiene un autor indiscutible: Alula Baldassarini. Fue un hombre que no solo levantó paredes, sino que inventó la identidad visual de la "Perla del Atlántico".
El destino en una maleta
Nacido en la Roma monárquica de 1887, Alula no era un improvisado. Se graduó como agrimensor e ingeniero con honores en 1909, pero su ambición buscaba un horizonte más amplio. Cruzó el océano hacia la "tierra prometida" y encontró en Mar del Plata un eco de las riberas europeas que tanto añoraba. Allí decidió afincarse, convirtiéndose en el arquitecto de confianza de la aristocracia argentina y ganándose el elogio del mismísimo Príncipe de Gales durante su visita a la ciudad.
Baldassarini falleció en Buenos Aires en 1975, tras una carrera titánica de 60 años y más de 887 obras que le valieron múltiples premios en concursos de fachadas. Fue un hombre que entendió que el lujo, en un balneario, era una necesidad propia del lugar.
El sello de un estilo único
La obra de Baldassarini es una danza entre el pintoresquismo anglo-normando y una sensibilidad local que terminó por bautizarse como el “Estilo Mar del Plata”. Sus casas no eran meras construcciones, eran castillos modernos que exhalaban antigüedad. Sus rasgos distintivos son inconfundibles:
- La piedra "Baldassarini": Un aparejo único de piedras pequeñas e irregulares con juntas horizontales, rematadas en zócalos de piezas más grandes.
- Fortalezas marítimas: Muros espesos e inclinados con contrafuertes que parecen anclarse al suelo, desafiando el viento costero.
- Detalles de cuento: Ventanas pequeñas que evocan vigías medievales, maderas a la vista y escalinatas de piedra donde el césped crece entre las juntas, otorgando un aire eterno.
- Los guardianes del tejado: Como un guiño personal a su amor por los animales, Alula coronaba sus tejados con gatos de cerámica, un sello lúdico que hoy es leyenda.
Un recorrido por sus "criaturas" de piedra
A lo largo de las décadas, su nombre quedó grabado en las direcciones más exclusivas de la ciudad:
- Residencia Ortiz Basualdo (1917/18): Amplió el ala sobre la calle Alvear de lo que hoy es el Museo Castagnino, porque a la dueña la mansión de diez habitaciones, tres plantas y el primer ascensor de la ciudad le resultaba "chica".
- Villa Regina (1927): Un regalo del presidente Marcelo T. de Alvear para su esposa, Regina Paccini.
- La Cenicienta (1928): Su propia joya familiar en Paunero y Bolívar, famosa por su escalera de ingreso.
- Saint Michel (1930): La reforma del chalet Méndez para Adelia Harilaos de Olmos, donde intervino incluso los jardines que originalmente diseñó Carlos Thays.
- Obras emblemáticas: El chalet Roque Suárez (hoy Tío Curzio), la suiza Villa Surula y la recordada Villa Susuky, que muchos señalan como su favorita.
- Legado diverso: La casa normanda de los Urquiza y La Marina, donde él vivió, en Falucho y Sarmiento, de 1925; la residencia vasca de Castelli y Boulevard Marítimo en 1927, encargada por Orlando Williams; la casa normanda para la familia Urquiza en Boulevard Marítimo 3869 (hoy desaparecida), del mismo año; el chalet Roesli en 1934; y la remodelación pintoresquista del chalet Díaz de Vivar, en calle Mendoza 2158 (demolido en 1975), entre otras tantas.
El espíritu de una ciudad
Nadie interpretó como él el espíritu del paisaje costero. Baldassarini no solo construyó casas, forjó el tejido urbano de barrios enteros. Su influencia fue tan poderosa que los constructores locales adoptaron su "híbrido" de estilos, vascos, suizos, californianos, para definir la imagen de Mar del Plata entre 1920 y 1950.
Frente al avance del racionalismo frío y utilitario, Alula se mantuvo firme en su convicción de que el arte y el buen gusto eran servicios esenciales. Para él, la arquitectura debía tener alma, por eso supo decir: “Que se enamoren otros de las formas sin alma de las arquitecturas racionalistas, que el buen sentido rechaza para un balneario que es lugar de deleite y de lujo y no admite el concepto de construir exclusivamente con el criterio de lo utilitario, según el cual fuerza sería abolir la estación balnearia misma, como una cosa no verdadera y estrictamente útil, si en el concepto argentino el arte y el buen gusto no fueran también cosas verdaderas y estrictamente útiles”.
Hoy, aunque algunas de sus obras enfrentan el abandono o la amenaza de la demolición, el legado de Baldassarini sobrevive en cada fachada de piedra y en cada gato que, desde lo alto de un tejado, sigue vigilando el mar. Sus chalets no son solo monumentos, son la síntesis ideológica de un hombre que decidió que la belleza era la herramienta más útil para construir una ciudad.
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