El primer hotel de Mar del Plata: ¿lo conocés?
De las rústicas fondas de adobe para marineros a los lujosos palacios de la aristocracia, la hotelería de Mar del Plata narra la transformación de la ciudad. Un recorrido histórico por los pioneros que, entre piedras y sueños, fundaron la industria.
Mucho antes de las marquesinas iluminadas y las grandes cadenas hoteleras, este rincón de la costa bonaerense era un paraje indómito dominado por el Saladero de Coelho de Meyrelles. Entre 1856 y 1857, el paisaje era rústico y la mano de obra circulaba por la región en busca de travesías hacia Brasil, Montevideo o Buenos Aires, a bordo de los barcos que partían desde el puerto local cargados de frutas y verduras.
Las fondas: El refugio de los navegantes
Los pioneros del hospedaje no fueron hoteleros de carrera, sino visionarios que improvisaron refugios. El “chileno” José Cabrera fue uno de ellos: instaló su fonda en lo que hoy es la calle San Martín, entre Córdoba y Santiago del Estero. Aquel sitio, que más tarde se conocería como el Hotel Nuevo Porvenir, era el descanso obligado para los tripulantes que navegaban por los puertos del Río de la Plata. Eran espacios sin lujos, con suelos de tierra, donde se compartía un plato de comida caliente y una cama.
La llamada "Fonda del Huevo"
La fonda de Cabrera convivía con lo que hoy se considera el verdadero hito fundacional de la ciudad. Este hito tiene nombre francés y una curiosa marca de identidad. Fernando Bonnet llegó desde Francia a Buenos Aires y, tras realizar algunos trabajos allí, partió hacia lo que luego sería Mar del Plata. Arribó el mismo año que el propio Coelho de Meyrelles y comenzó a trabajar en el saladero. Dos años después, junto a su esposa Juana Fabbre, levantó una casa de adobe en el terreno donde, tiempo más tarde, se fundaría el Royal Hotel.
Aquel lugar fue bautizado popularmente como "La Fonda del Huevo". El nombre no era caprichoso: en la entrada, una piedra alargada con forma de ovoide servía de banco para los parroquianos. Allí, entre el trabajo portuario y el azar de la taba o las carreras de caballos, los gauchos y viajeros encontraban su lugar. Con el tiempo, Bonnet amplió la construcción con materiales nobles y la llamó Hotel Del Globo, fue el primer establecimiento de la zona en ostentar la palabra “hotel” en su nombre.
La metamorfosis del lujo
La historia de aquel solar es la historia misma de la ciudad. El Hotel Del Globo pasó a ser el Picolo Torino y, finalmente, el 3 de enero de 1903, abrió sus puertas el majestuoso Royal Hotel. Para entonces, el ferrocarril ya había conectado Maipú con Mar del Plata (1886), atrayendo a la aristocracia porteña. La ciudad cambió el adobe por el estilo europeo. Surgieron gigantes como el Bristol y el Saint James, diseñados con salones de baile inmensos para que las damas de la alta sociedad lucieran sus complicados y voluminosos vestidos.
Un hotel para cada clase social
La crónica de la época revela una Mar del Plata de contrastes marcados. El hotelería funcionaba como un espejo de la jerarquía social:
- El Grand Hotel: Refugio de las familias acomodadas del interior, con una vida más sencilla y sin etiqueta.
- El Hotel Victoria y el Hotel Progreso: Un caso curioso de binarismo arquitectónico. El edificio estaba pintado de dos colores, la mitad rosada (Victoria) era para la élite, mientras que la blanca (Progreso) recibía a los menos pudientes.
- El Hotel de los Vascos: El búnker de los viajantes de comercio, ubicado estratégicamente frente a la vieja estación.
El fin de una era y el turismo de masas
En 1919, un grupo de emprendedores fundó la entidad que hoy reúne a los empresarios hoteleros y gastronómicos. Fue el fruto de hombres determinantes que comprendieron la importancia de unir esfuerzos para alcanzar objetivos comunes.
El crecimiento fue imparable. Para 1938, la ciudad contaba con más de 300 establecimientos. Pero el giro definitivo llegó en la década de 1960. El perfil de la ciudad se transformó hacia un turismo de sesgo gremial, aquellos antiguos palacios pasaron a manos de organizaciones obreras, democratizando finalmente el acceso al mar.
Hoy, al caminar por la zona del Royal, en Santiago del Estero y 25 de Mayo, es difícil imaginar que bajo el asfalto todavía resuena el eco de una piedra con forma de huevo y los sueños de una pareja de franceses que fundó el primer hogar para los viajeros del sur.
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