Tiene 19 años, es estudiante y muestra su día a día como vendedor ambulante en las redes: "Es un arte"

Entre la incertidumbre del trabajo en los semáforos y la exposición en el mundo digital, Santiago Barrionuevo construyó una forma de contar la ciudad en primera persona.

Santiago Barrionuevo muestra su día a día como vendedor ambulante en las redes.

16 de Mayo de 2026 08:34

En distintas esquinas de Mar del Plata, donde cruzan los peatones y se detienen los autos, Santiago Barrionuevo repite una rutina diaria. Vende en la calle desde que tiene memoria, pero con el paso del tiempo convirtió ese oficio en una manera de vivir y de contar la ciudad. “Mi papá tenía comercios en el centro y yo jugaba a vender afuera”, contó a 0223.

Su primera aproximación a la venta ambulante fue casi como un juego, ofreciendo banderas para el Mundial o artículos de temporada. Todo cambió a sus 15 años, cuando la muerte de sus abuelos y la situación económica en casa lo obligaron a dejar la escuela y buscar ingresos: “Mi vida ya no era la misma y quedé a la deriva”.

"Con 15 años no podés trabajar en ningún trabajo común, los chicos estudian y los mantienen, pero yo no tuve esa suerte y salí a buscarme la vida con lo que tenía", confío Santiago y subrayó: "Por eso defiendo ante todo la venta ambulante. Es el sustento de muchísima gente que no tuvo oportunidades ni suerte".



 





Fue entonces cuando decidió viajar con su padre, quien había dejado los comercios, pero seguía en la venta ambulante. Con él emprendió un trayecto que duró siete meses, vendiendo en ferias y puerta por puerta en distintas provincias del país: "Ese viaje significó todo para mí. Ahí entendí que ese iba a ser mi camino”.

Vender en la calle

Sin romantizar su trabajo, Santiago habla de la calle como un lugar de aprendizaje en el que la solidaridad y la dureza contrastan permanentemente. En la venta ambulante “conocés Mar del Plata de punta a punta, no solo el centro y la playa", contó el joven y agregó: "Tiene su lado malo, como por ejemplo que hay peleas por 'lugares', pero yo pienso que el sol sale para todos y no hay dueños de la calle. Con el tiempo empezás a aprender a moverte".



 





Por supuesto que a veces hay jornadas sin ventas que logran desanimarlo, pero "nunca hay que agachar la cabeza. No por hacer un esfuerzo y sacrificarte vas a ganar, el que lidia contra la frustración es el que está apto para vender. Mucha gente se quiere animar a emprender, pero por no vender un día se tira abajo y deja todo. Esto es día a día y hay que pelearla".

Sin embargo, lo que más destaca no son los momentos difíciles, sino el aspecto más humano. "Mi sueño ideal es poder generar una reacción en la otra persona que me ve, que quiera interactuar conmigo ya que tengo mucho para dar", contó Santiago y agregó: "La gente compra por los ojos, no le interesa lo que tengas para decir si te ve mal. Aprendés psicología de las personas, cómo tratarlas, qué decirles y cómo".



 





Entre la venta ambulante y las redes sociales, Santiago construyó una identidad propia. "Vender es un arte", subrayó el joven y explicó cómo encontró un sustento en las calles, pero también una forma de contar el mundo que lo rodea.

El salto a las redes

Hace poco tiempo Santiago empezó a registrar su rutina diaria en videos y sin mucho preámbulo, lo que comenzó como una idea chiquita terminó convirtiéndose en contenido viral. “Siempre me gustaron las redes. Veía todo lo que vivía en la calle y pensaba: si alguien lo viera, le gustaría”, contó. 

Su objetivo no es solo mostrar lo que hace, sino generar conexión con la comunidad. “Me gusta que la gente me conozca y vea lo que es un día vendiendo en la calle. Es espontáneo, real”. Las reacciones de las y los marplatenses, dice, son mayormente positivas. Algunos lo reconocen, otros quieren aparecer en sus videos: “La gente se ríe, saluda, interactúa. Ya algunos saben que voy con la cámara”, agregó Santiago.

Una rutina organizada

El día de Santiago comienza bien temprano. Prepara la mercadería, saluda a su familia y sale a trabajar. Se instala en la esquina de Edison y la 39, donde pasa gran parte de la jornada ofreciendo productos a los autos que frenan en el semáforo. "Después paro y como sanguchitos o lo que consigo cerca de la esquina, en el medio pasan los mismos de siempre: nos saludamos, charlamos", relató Santiago y agregó: "Mis clientas me cuentan que sus hijos les roban los tuppers que me compran".

"Durante el día grabo pequeños clips con mi celular y los dejo", continuó Santiago y contó que a veces organiza el material cuando vuelve a su casa a la tarde, pero a las apuradas porque se tiene que bañar e ir a estudiar, ya que está terminando el secundario a través del plan Fines. “Después de ahí edito los videos, a veces en el shopping aprovechando el wifi”.



 





Para las diez de la noche Santiago ya está en su casa: "Hablo con mi familia, nos contamos alguna que otra cosa y a dormir. Los días que no tengo Fines me voy a la casa de amigos, vienen a mi casa o salimos a pasear. Siempre trato de juntarme para que la rutina no sea tan pesada, es mi ayuda para mantenerme fuerte".

“Hay días que vendés mucho y días que no vendés nada. Nunca hay nada asegurado”, reveló el joven. Sin embargo, su mensaje en las redes no apunta a la fama: “No busco ser un exponente de la venta ambulante, solo mostrar lo que hago y cómo soy”. Para cerrar, sostuvo que “la vergüenza no existe” y que "todo el que quiera emprender puede hacerlo. Yo le muestro cómo”.

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