Gas, balas de goma y un clásico roto: la noche en que el Minella fue una zona de guerra

En enero de 2001, el Superclásico estival en Mar del Plata fue suspendido por violentos incidentes en las tribunas del Estadio José María Minella. La provocación de la barra brava de River desató una feroz represión policial, que dejó un saldo de heridos, destrozos y graves repercusiones políticas.

Boca - River en el Minella: El saldo total, cuatro policías heridos y casi 20 hinchas hospitalizados .

21 de Junio de 2026 09:03

El verano marplatense de 2001 prometía fútbol de alto vuelo, pero terminó escribiendo una de las páginas más oscuras de la historia de los Superclásicos de verano. Era la noche del domingo 21 de enero. El Estadio José María Minella lucía colmado y custodiado por un imponente, aunque finalmente inútil, operativo de casi mil efectivos policiales. Lo que debía ser una fiesta deportiva se transformó, en cuestión de minutos, en un escenario de intolerancia, violencia y descontrol que obligó a suspender el partido durante el segundo tiempo y dejó un saldo de destrozos, heridos y la posterior sombra de una tragedia.

La provocación textil que desató el caos

El primer cortocircuito estalló en la tribuna popular de River Plate durante la primera mitad del encuentro. Una descomunal bandera de aproximadamente cinco metros por cuatro se desplegó de manera desafiante en el corazón de la barra brava millonaria. Este tipo de telones gigantes estaba estrictamente prohibido por razones de seguridad: bajo su cobertura suelen producirse robos a los propios hinchas y se facilita el ocultamiento de armas o artefactos explosivos.

Cuando la policía avanzó con la orden de decomisar la bandera, la respuesta de los violentos fue inmediata. La tribuna se transformó en un infierno de gases lacrimógenos, balas de goma y proyectiles cruzados, lo que provocó una interrupción superior a los quince minutos mientras los futbolistas se refugiaban en los vestuarios para evitar los efectos del gas.

De acuerdo con lo difundido en su momento por la agencia Télam, Javier Castrilli, entonces responsable de la secretaría de Seguridad deportiva de la provincia de Buenos Aires, siguió los acontecimientos desde una sala de monitoreo y manifestó su fuerte disconformidad al observar la actuación policial.

El saldo total, cuatro policías heridos (a uno le partieron una garrafa de gas de cámping en la cabeza) y casi 20 hinchas hospitalizados con politraumatismos y heridas cortantes (más los daños en infraestructura)

Entre la magia de Riquelme y la lluvia de butacas

A pesar de que la popular de River había quedado virtualmente desierta por los disturbios, el árbitro cordobés Héctor Baldassi ordenó reanudar el encuentro.

El destino del partido quedó sellado a los 19 minutos del complemento. En una ráfaga de puro fútbol, Juan Román Riquelme asistió con un taco magistral a Antonio Barijho, quien aprovechó una grosera descoordinación de la defensa de River, que intentó achicar en vano para dejarlo fuera de juego, y estableció el 1 a 0 para Boca.

La respuesta de la platea descubierta de River no se hizo esperar, aunque no fue futbolística. Cuando Riquelme se disponía a ejecutar un tiro de esquina, una lluvia de botellas, piedras y butacas arrancadas de cuajo cayó sobre el campo de juego. Una de ellas golpeó al asistente arbitral Juan Milone. Ante la evidente falta de garantías para proteger la integridad física de los protagonistas, Baldassi suspendió definitivamente el partido a los 35 minutos de la etapa final.

Antonio "el Chipi" Barijho fue el autor del único gol del partido (Foto de ilustración)

El reclamo del "Tolo" Gallego y el saldo final

En los pasillos del estadio, la tensión se trasladó a los micrófonos. Américo Rubén Gallego, director técnico de River, cuestionó con dureza a la máxima autoridad del encuentro. Enojado, el "Tolo" manifestó su disconformidad con el criterio de Baldassi: argumentó que el partido debió suspenderse durante el primer tiempo, cuando el marcador aún estaba igualado, y no cuando su equipo ya se encontraba en desventaja. Si bien reconoció que la agresión a Milone justificaba la suspensión, insistió en que el espectáculo había quedado desnaturalizado desde los primeros incidentes.

Aunque muchas crónicas de la época hablaban genéricamente de "hinchas de River", investigaciones y reconstrucciones periodísticas posteriores vincularon el conflicto con sectores de la barra brava conocida como Los Borrachos del Tablón. Una nota publicada tiempo después por La Nación relacionó directamente los hechos de Mar del Plata con acciones posteriores de esa facción y señaló que el enfrentamiento por la bandera dejó seriamente cuestionado al operativo policial.

Por otro lado, distintas fuentes coinciden en que los incidentes de enero de 2001 no fueron simplemente un enfrentamiento entre hinchas y policías. Detrás de los hechos se encontraba la disputa entre las políticas impulsadas por el Comité Provincial de Seguridad Deportiva y la barra de River, en una época en la que el control de las banderas constituía uno de los principales focos de conflicto entre las barras bravas y las fuerzas de seguridad.

El desastre marplatense tuvo repercusiones políticas inmediatas. El diario Página/12 reveló que el episodio congeló las negociaciones impulsadas por dirigentes como Mauricio Macri y José María Aguilar, quienes buscaban reducir el costo de la custodia estatal en los estadios. Además, distintos sectores políticos apuntaron directamente contra la policía por la llamativa pasividad con la que actuó frente a los violentos.

Lo cierto es que, en Mar del Plata, donde acudieron poco más de 30.000 espectadores, se pagó un operativo que contemplaba 850 efectivos, a razón de uno cada 35 personas. Sin embargo, la policía no se mostró tan rigurosa al controlar el ingreso de banderas y elementos contundentes. Incluso circuló la versión de un 'pacto de no agresión' entre ambas hinchadas, que habría sido sellado ante la propia policía", informó el mismo diario.

Por otro lado, según reconstruyó posteriormente Página/12: “La responsabilidad política del operativo recayó rápidamente sobre el comisario inspector Deraldo Omar Luziaga, jefe del dispositivo de seguridad. Fue él quien ordenó a la Guardia de Infantería retirar la bandera de grandes dimensiones desplegada en el corazón de la barra de River, una decisión que terminó desencadenando los enfrentamientos. Dos días después de los incidentes, el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf lo pasó a disponibilidad y ordenó una investigación interna para determinar eventuales responsabilidades policiales”.

Mientras se multiplicaban las versiones sobre si se había tratado de un enfrentamiento entre hinchas, de un error policial o de un conflicto protagonizado por efectivos y simpatizantes de River, la preocupación crecía en distintos ámbitos, ya que una semana después ambos equipos debían volver a enfrentarse en Córdoba.

Héctor Baldassi sostuvo posteriormente que había decidido reanudar el juego tras los incidentes del primer tiempo porque entendía que existían condiciones de seguridad para continuar el partido.

Sin embargo, la frase que mejor resume lo ocurrido fue la pronunciada por Américo "Tolo" Gallego al contemplar el desenlace de una noche que había comenzado como una fiesta deportiva y terminó marcada por la violencia en las tribunas: "Era una fiesta, viejo. No puede ser...".

 

 

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