¿Te acordás del programa de verano de Sergio Velasco Ferrero en Mar del Plata?
En el efervescente verano de 1991, Ritmo de la tarde copó las playas de Mar del Plata con música de The Sacados, dólares en efectivo e improvisación. Conducido por Velasco Ferrero, el ciclo encarnó la audaz y desprolija televisión de guerrilla de los noventa.
El verano de 1991 no fue un período cualquiera para la televisión argentina, fue el momento exacto en que el control remoto se convirtió en el verdadero rey del hogar. Tras el sacudón de la privatización, los canales ya no solo competían por el rating, sino por definir la identidad de una década que recién nacía y prometía cambiarlo todo. En ese ecosistema de pantallas calientes, las tardes estivales en Mar del Plata se transformaron en el escenario ideal para el nacimiento de formatos frescos, ruidosos y movedizos.
Para entender el aire que se respiraba en aquel entonces, basta con mirar el mapa de la pantalla chica. Telefe transitaba su segundo año consolidando un liderazgo que se volvería imbatible, apostando a la cultura pop y al entretenimiento apto para todo público. En la vereda de enfrente, el histórico imperio de Canal 9 empezaba a mostrar sus primeras grietas y perdía una audiencia que mudaba sus fidelidades. Mientras tanto, Canal 13 buscaba su propio norte bajo una nueva gestión, intentando encontrar un perfil elegante pero competitivo en medio del fuego cruzado. Por otro lado, ATC (la pantalla estatal) profundizaba su sintonía con la estética menemista, un romance que meses más tarde coronaría el desembarco definitivo de Gerardo Sofovich en la dirección general. Finalmente, Tevedos, en el rincón más alternativo del dial, daba sus últimos y agónicos suspiros de vida para dar paso a lo que en el mes de abril de ese mismo año se conocería como América Te Ve.
Fue en medio de este rompecabezas de marcas y ambiciones donde la televisión de verano encontró su época de oro en las playas de Mar del Plata.
En aquel entorno tan competitivo, las ideas no se cocinaban a fuego lento: se arrebataban. El gran catalizador de la temporada fue un rumor que encendió las alarmas en los pasillos de Canal 9. Alejandro Romay se enteró de que un joven Marcelo Tinelli, la gran promesa de Telefe, estaba a punto de lanzar un megashow dominical llamado Ritmo de la noche. Fiel a su estilo impulsivo y sumamente competitivo, el "Zar" de la televisión no se quedó de brazos cruzados esperando el golpe. Su respuesta fue inmediata: despachó de urgencia al conductor Sergio Velasco Ferrero hacia la costa con una orden clara: copar la playa y adelantarse al contrario. Así nació Ritmo de la tarde, un verdadero engendro veraniego que se plantó en la pantalla el mismísimo primer día de 1991. Emitido de lunes a viernes a las 14:00 horas, el programa fue la primera gran batalla del año entre el canal de la palomita y el gigante de San Cristóbal.
El nivel de audacia del ciclo rozaba el plagio descarado. No solo casi calcaban el título del proyecto de Tinelli, sino que ambos programas compartían la misma cortina musical: el megahit pop del grupo The Sacados. La jugada de Romay fue tan veloz que la promoción de Ritmo de la tarde ya ganaba la pantalla durante la primera semana de enero, ganándole de mano al gran estreno de Ritmo de la noche, que debutaría recién el domingo 6 en Telefe.
Pero las similitudes no terminaban en la música o el nombre, la obsesión por el rating se midió también en billetes verdes, en pleno amanecer de la era del uno a uno. La simetría rozaba lo bizarro: mientras Telefe prometía mil dólares en efectivo para el mejor blooper de la semana, Canal 9 redoblaba la apuesta playera prometiendo esa misma cifra redonda. "¡Dos horas de alegría y mil dólares para la pareja ganadora!", manifestaba la voz de la locutora en las tandas publicitarias, tentando a los veraneantes que se amontonaban frente a las cámaras con los pies llenos de arena.
Para Velasco Ferrero el desafío no era menor, pero no estaba solo en la arena. A su lado, dándole una mano en la animación y ganándose sus primeros minutos de fama, aparecía su hijo Iván. Aquel verano de 1991, entre juegos improvisados y el viento de cara, funcionaría para el joven Iván como el trampolín perfecto para una carrera que, tiempo después, lo llevaría a conducir el histórico Feliz domingo.
A pesar de los dólares prometidos y del apuro por ganar la pulseada, la prisa terminó pasándole factura al "Zar". La televisión de guerrilla tiene sus riesgos, y Ritmo de la tarde terminó pagando el precio de la improvisación. Lo que nació como un contraataque audaz pronto se desnudó en la pantalla como un ciclo desprolijo y, fundamentalmente, intrascendente para el público. Los televidentes no tardaron en darle la espalda y el rating jamás llegó a encenderse. Sin pena ni gloria, el programa se evaporó de la grilla de Canal 9. Las últimas semanas de febrero se despidieron rápidamente, pasando a la historia como un breve y fallido experimento estival.
La otra cara de la moneda fue, por supuesto, el huracán Tinelli. Lo que para Telefe había comenzado como una apuesta fresca para capear los meses de calor, se transformó de inmediato en un fenómeno cultural imbatible. Ritmo de la noche demostró tener un pulso propio que no paraba, se devoró el año entero con grandes mediciones de audiencia y se consolidó como el gran acierto de Marcelo, preparando el camino para lo que más tarde sería Videomatch.
Curiosamente, el verdadero dolor de cabeza para el Canal 9 de Romay en esa franja maldita de las dos de la tarde no venía del show dominical de Tinelli, sino de otra propuesta veraniega que Telefe había plantado de lunes a viernes: A la playa con Gasalla. Eso sí, la televisión de los noventa nunca estaba exenta de polémica, y el programa de Antonio Gasalla no fue la excepción: su paso por Mar del Plata terminó envuelto en un ruidoso escándalo luego de que el co-conductor, Marcelo Dos Santos, tirara a la Reina del mar a la pileta.
Así, entre manotazos de ahogado, millones de dólares en juego, hits musicales idénticos y el rugido de los cuatriciclos en la arena, se cerraba un verano inolvidable. Una época donde la televisión argentina aprendió que, en la carrera por el rating, no siempre el que golpea primero golpea más fuerte, pero sí que lo intrascendente y vacío podía tener su lugar en la pantalla.
El furor por The Sacados
Si hubo un sonido que definió el verano de 1991, fue el sampleo de piano y la base bailable de "Ritmo de la noche", el megahit de la agrupación The Sacados (liderada por Darío Moscatelli). El tema provocó una verdadera anomalía televisiva: tres programas distintos terminaron canibalizando la misma canción, el mismo concepto veraniego y variantes casi idénticas del título para arañar un punto de rating. Marcelo Tinelli lo olió antes que nadie y convirtió la canción en la cortina oficial y el nombre de su tanque dominical en Telefe (Ritmo de la noche), marcando a fuego la cultura pop de la década.
Como vimos, Alejandro Romay reaccionó metiendo un cuatriciclo en la arena para lanzar a las apuradas Ritmo de la tarde, con Sergio Velasco Ferrero por Canal 9, usando exactamente el mismo éxito de fondo. Luego, ya sin el tema de cortina, aparece también por Canal 9 la propuesta Ritmo de la playa. Esta vez, la conducción desde Mar del Plata quedó en manos del rey de la bailanta del momento, Ricky Maravilla, acompañado en los móviles por la sobriedad de Jorge Formento, los pasos de comedia de Carlos Parrilla y Mónica Garimaldi.
El dato curioso es que algunos coleccionistas de VHS aseguran que en el staff de bailarines de Ritmo de la playa daba sus primeros pasos Marcelo Iripino, mucho antes de convertirse en el coreógrafo estrella de Susana Giménez. Una prueba irrefutable de que, durante aquel verano del 91, toda la pantalla nacional bailaba, literal y figuradamente, al mismo compás.
Leé también
Temas

