Escapó de Cabo Verde y se afincó en Mar del Plata: la historia de Timoteo Gómez
Llegó a Mar del Plata en 1913 junto a una decena de compatriotas y conoció al amor de su vida con quien formó una familia. Cómo viven sus descendientes la previa Argentina - Cabo Verde que se disputa este viernes.
La historia de Timoteo Gómez no tiene desperdicio. El caboverdiano salió de su país en 1912 con rumbo a la Argentina y, un año más tarde llegó a Mar del Plata donde la casualidad hizo que se cruce en su camino María Carmen Camba, una inmigrante española a la que el destino le truncó su viaje en el Titanic y terminó probando fortuna en Argentina.
Para 1912 en Cabo Verde estaban luchando contra la pobreza, la sequía y el dominio colonial y, en paralelo, en Mar del Plata buscaban, en medio el auge de la villa balnearia aristocrática, nadadores para formar parte del cuadro de Guardavidas de Mar del Plata para dar seguridad a los veraneantes.
Enterado de la convocatoria, ni lerdo ni perezoso, Timoteo Gómez subió a un buque que lo trajo a la Argentina. Estuvo en una primera instancia en Buenos Aires y, al año siguiente se trasladó a Mar del Plata y comenzó a trabajar en la Marina, donde formó parte de lo que en ese momento se conocía popularmente gracias a las notas de la revista Caras y Caretas como “los atunes negros”.
En diálogo con 0223, Melisa Paiz, tataranieta de Timoteo, repasa la historia de su ancestro en la previa al partido que enfrentará a la tierra de su tatarabuelo con Argentina. “Nació el 22 de agosto de 1890 en la isla de São Vicente, Cabo Verde”, dice la joven al tiempo que recuerda que el hombre, que era un experto nadador, llegó a Mar del Plata en 1913 en busca de fortuna y conoció a María Carmen Camba, una joven española oriunda de Luarca que trabajaba como niñera para una familia británica. “La historia familiar cuenta que, de no haber cambiado sus planes, ella casi viaja en el Titanic”, dice.
“Ni bien llegó ingresó a la Subprefectura Marítima”, repasa Paiz. Pero la historia de Timoteo no termina allí. En Mar del Plata se desempeñó durante cinco años bajo las órdenes del Estado Nacional. “En 1917, decidió solicitar su baja para volcarse a la actividad privada en las playas marplatenses. Durante 40 años, fue una figura emblemática en balnearios históricos como el Apolo, el Negro Pescador, D. Poggio y La Grange, rememora la joven.
Cuando llevaba un año desempeñándose en la actividad privada, Timoteo decidió contraer matrimonio con María Carmen y, un año después, la joven pareja tuvo a su única hija Julia Gómez que durante sus 103 años de vida mantuvo viva la memoria de su padre e integró las comisiones de residentes caboverdianos de Mar del Plata.
“La historia de mi familia está profundamente entrelazada con el desarrollo de Mar del Plata y la importante corriente migratoria caboverdiana, tal como se documentó en las notas sobre los pioneros de la ciudad”, dice orgullosa Paiz.
Con el correr de los años, Timoteo fue intercalando su trabajo como guardavidas con su trabajo de pintura en general y se instaló junto a su familia en su vivienda de Francia al 2100 donde vivió hasta su último aliento en 1968 y donde hoy viven su única nieta, María Susana de 84 años y su bisnieta, Gabriela, de 63 años.
La historia de Timoteo cobra particular relevancia en tiempos marcados a pulso por el desarrollo del Mundial 2026 en el que Cabo Verde se luce como uno de los países sorpresa de la copa del mundo que este viernes desde las 19 enfrenta a la selección que dirige Lionel Scaloni y busca volver a hacer historia.
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