Los secuestraron y dejaron a su hija de cinco meses en la puerta de un comercio: colocaron una baldosa para recordarlos

Hace cincuenta años, la docente municipal Susana Martinelli y su pareja Carlos “Calú” Oliva, un trabajador de la biblioteca de la Universidad Católica, fueron secuestrados por un grupo de tareas de la vivienda en la que estaban refugiados en San Luis al 3000. A la pequeña, la abandonaron en la puerta de una tintorería con un bolso y dieron aviso a una tía.

La casa recuerda a Sussana y a Calú

5 de Agosto de 2026 18:34

Por Redacción 0223

PARA 0223

La historia de Susana Martinelli y Carlos “Calú” Oliva pareciera ser una más de las tantas vividas durante la última dictadura cívico militar. Este miércoles se cumplieron cincuenta años de la desaparición de la pareja y, en su memoria, en la última vivienda que habitaron y de donde se llevaron a la mujer y la pequeña hijita de cinco meses de la pareja, colocaron una baldosa en su memoria. ​

Mariana no tiene recuerdos de su estadía en la vivienda

“En el año 1976, esto que ahora es mi casa, ya era de mi propiedad, pero funcionaba un pequeño y precario taller textil. La casa era tan precaria que el baño estaba afuera, en el patio. La habíamos comprado con mi padre como inversión y para tener un lugar para ese taller”, cuenta a 0223 Alberto Pellegrini que, por entonces tenía 19 años, estudiaba Derecho y trabajaba en el taller junto a su novia. “En la Facultad de Derecho —que estaba en el Pasaje Catedral porque pertenecía a la Universidad Católica—, Calú trabajaba en la biblioteca”, recuerda Pellegrini.

“​Calú era una persona conocida en el ambiente universitario, en esos grises donde no sabías bien si pertenecía a la JUP o a Montoneros. Un día me lo encontré desesperado porque no sabía dónde esconderse, ya que le estaban siguiendo los pasos, y le ofrecí alojarse acá”, indicó el hombre a este medio.

Mariana junot a su marido y sus cinco hijas

El 5 de agosto de ese año, secuestraron a Calú en el hall de la Municipalidad al mediodía, cuando fue a cobrar el sueldo de Susana, que se había quedado en la vivienda cuidando a Mariana, la hija que tenían en común, junto a Pellegrini y su pareja de entonces. “Mi novia y yo teníamos 19 años; cuidar a esa bebé era algo hermoso para nosotros”, recuerda el hombre al tiempo que relata que ese mediodía, Susana “estaba muy nerviosa porque Calú había salido a hacer un trámite y no volvía. En un momento, mi novia me pidió que la llevara al centro. Nos subimos al auto para ir hasta Rivadavia y Catamarca”, rememoró.

Entre ir y volver tardó diez minutos, pero al llegar encontró un grupo de militares con armas largas en la vivienda y siguió viaje hasta la casa de sus padres. Entendió todo: a Susana y Calú los habían “chupado” y en ese momento no estaba al tanto del destino de Mariana que había sido abandonada por los secuestradores en la puerta de una bicicletería con un pequeño bolso.

La mujer estuvo junto a su familia durante una semana en la vivienda

Gracias a un aviso a su tía abuela, Mariana fue recuperada y enviada a Paso de los Libres, Corrientes, donde se crio con sus abuelos manteniendo su identidad.

“Yo era apenas una bebé, no tengo un recuerdo consciente, pero sé —y eso me sobrecoge— que acá fue nuestro último hogar, nuestro último refugio familiar”, dice emocionada Mariana a este medio al tiempo que resalta que la estadía en la vivienda fue breve. ”Habremos estado una semana escondidos. Hace 50 años, hoy todavía estaba con mi mamá. Mi papá recién había salido a cobrar el sueldo de mi vieja para poder sobrevivir; no tenían plata”, dice.

En la misma línea, la mujer indica que Calú militaba en Montoneros y tras haber desarmado toda su columna, él había pasado a la clandestinidad y era uno de los pocos que quedaban libres. 

Estaban en una situación delicada, lo estaban buscando y la situación era muy frágil”, relata. “Papá va con un poder de mamá a cobrar el sueldo de maestra municipal porque se lo habían retenido a propósito para poder identificarlo. Papá usaba el apellido Sanjurjo, no estaba con su identidad real; la única con identidad real era mamá”, dice.

Al llegar al colegio, a Calú la directora de la institución le informó que el sueldo de Susana estaba retenido en la Municipalidad y le recomendó que no vaya, pero la familia necesitaba ese ingreso. “Él fue igual porque no tenía otra salida”, cuenta Mariana y agrega: “​A papá lo secuestran cerca de las 11 y a la siesta caen acá a secuestrar a mamá y a mí, que estábamos solas”, revela.

Mariana no volvió a la vivienda hasta este miércoles. “Estuve acá hace 50 años con ellos y hoy vuelvo con mi familia a este lugar que fue mi casa y vuelve a serlo: un espacio sinónimo de amor y familia para mí”, dice la mujer, que a los 18 años dejó Paso de los Libres para ir a estudiar a Santa Fe, donde formó su familia.

“A los cinco meses me fui a Paso de los Libres y me crié ahí hasta los 18 años con mis abuelos y tíos. A los 18 me fui a estudiar a Santa Fe, donde me afiancé. Soy diseñadora y docente universitaria. Estoy con Sergio, mi compañero de toda la vida, y tenemos cinco hijos”, revela.

La casa es un lugar de memoria, verdad y justicia

Mariana no tiene recuerdos de sus días en Mar del Plata en la primera infancia con sus papás, pero sí tiene algo que la hace recordarlos: los dibujos que su madre hizo en prisión. “En 2017 me llamó un abogado conocido desde Buenos Aires y me dijo que quería contarme algo de mi mamá, pero que tenía que ser personalmente. Me dejó con una expectativa enorme hasta el sábado, cuando viajó a entregarme los dibujos”. explica.

“​Al abrir la carpeta encontré el dibujo de una bebé en su cuna con una dedicatoria y me di cuenta de inmediato de que era un dibujo que mi mamá había hecho para mí, donde yo estaba retratada. También había un autorretrato de ella junto a Calú, mi papá, en condición de cautiverio; otro de una sirena, y uno más de dos personas vestidas de civil en una oficina”. dice.

Poco después, Mariana habló con Martín Acurra, el hijo del represor que recuperó los dibujos y se los envió a través del abogado. “Él me dijo: "Reconozco a mi viejo en uno de esos dos milicos". Cuando me citaron a declarar en el juicio por el caso de mis papás, supe que tenía la prueba fundamental”, detalló.

Hoy, la instalación de una baldosa por la memoria frente a la vivienda de San Luis al 3000 devuelve luz y testimonio a uno de los episodios más oscuros de la historia argentina.

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