¿Cómo logró una insólita avalancha de cartas sin dirección postal exacta cambiarle el nombre a Mar del Plata?
Detrás del apodo más entrañable de la costa argentina se esconde una genialidad publicitaria, una gesta popular y el alud de correspondencia más insólito de la historia postal. Descubrí cómo un visionario del periodismo que amaba Mar del Plata logró bautizar para siempre el destino preferido de los veraneantes.
Corría la década de 1960. En las calles de la ciudad se olía a progreso y el aire marino traía consigo una energía distinta. Durante la presidencia de Arturo Frondizi, la urbe se transformó a paso firme: tan solo en la avenida Colón nacían 12 mil departamentos al calor del boom de la propiedad horizontal, mientras aquel enero atraía un alud inédito de más de un millón y medio de veraneantes. Mar del Plata dejaba de ser el refugio exclusivo de las elites para convertirse en el gran escenario popular. En medio de esa revolución social, un hombre miró a la multitud y le regaló a la localidad el apodo que la acompañaría para siempre.
La mirada detrás de la leyenda
Ese hombre era Enrique de Thomas, aunque todos en las redacciones y sets de filmación lo conocían simplemente como "Wing". Pionero de la televisión argentina en los tiempos dorados de Jaime Yankelevich y Goar Mestre, este periodista, publicista y director de cine desembarcó en la costa con la mirada afilada. Para Wing, lo que sucedía en esas playas era mágico. "Es una de las pocas ciudades del mundo donde conviven ricos y obreros en medio de las playas, la arena y numerosos paseos", solía repetir fascinado. Bajo la gestión del intendente socialista Teodoro Bronzini, la comuna le encomendó una campaña publicitaria para atraer al turismo masivo, y De Thomas acuñó la frase definitiva: Mar del Plata pasaría a ser "La Ciudad Feliz". La visión caló tan profundo en su vida que, en 1964, dirigió una película con ese mismo título, La Ciudad Feliz, dejando grabada la época en celuloide.
Cartas a un destino sin nombre
El lema publicitario cobró vida propia y traspasó las páginas de los diarios. Cuenta una vieja anécdota de radioteatro que, para probar la efectividad del apodo, Wing lanzó una propuesta insólita a sus oyentes: les pidió que enviaran cartas poniendo como único destino "Ciudad Feliz" en lugar de "Mar del Plata". En las oficinas del Correo Central, las sacas empezaron a acumularse por montañas. Ante la imposibilidad de devolver semejante alud de correspondencia, a los carteros no les quedó más opción que reconocer la acepción y repartirlas. A partir de ese momento, la felicidad no solo era un deseo, sino una dirección postal válida.
El sello de la memoria
Según las crónicas de la época, fue un 15 de diciembre el día en que Enrique de Thomas, Wing, echó raíces en suelo marplatense. A lo largo de su extensa trayectoria en la zona, el propio comunicador expresó reiteradamente su deseo de obtener de manera formal la condición de ciudadano ilustre. Este reconocimiento lo obtuvo en diciembre de 1986, cuando el Honorable Concejo Deliberante aprobó la Resolución R-0119 para concederle el título oficial de Ciudadano Marplatense, respaldado no solo por sus treinta años de residencia ininterrumpida en el municipio, sino también por su profundo e innegable sentido de pertenencia a la comunidad.
"Que la solicitud de ser formalmente aceptado como ciudadano de Mar del Plata es más un orgullo para los nativos de esta ciudad que para el propio solicitante, toda vez que representa un acto de amor por parte de quien siente gratitud por lo que en sus afectos significa la ciudad en que vive", se señala en el proyecto oficial.
De Thomas falleció en la década de 1990 a los 70 años, pero la magia de su frase jamás se apagó. Como recordaba su hija, su padre insistía en que el lugar lo tenía todo para todos. La publicidad mutó en cariño popular, el nombre se simplificó a "La Feliz" y la promesa de Wing sigue intacta cada vez que alguien se acerca a la costa marplatense y su primera experiencia se convierte en el deseo de volver.
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