Pedro "el Gato" Zanni y el primer correo aéreo: el día que los diarios porteños llegaron en horas a Mar del Plata

Pedro "el Gato" Zanni protagonizó en 1919 una hazaña histórica al concretar el primer transporte aéreo postal entre Buenos Aires y Mar del Plata. A bordo de su biplano, despegó desde El Palomar y arribó a Camet en poco más de dos horas de vuelo, uniendo ambas ciudades para entregar correspondencia oficial y lograr que los diarios porteños llegaran en el mismo día. Años más tarde, en 1924, el célebre aviador emprendería su histórico intento de dar la vuelta al mundo, en 25 días de vuelo efectivo.

Su misión era concretar el primer transporte aéreo oficial de correspondencia dentro del territorio nacional, uniendo la base de El Palomar con la costa atlántica.

12 de Septiembre de 2026 08:01

A comienzos de 1919, la sociedad asistía al despliegue de una nueva era industrial impulsada por el desarrollo de la aviación. La Primera Guerra Mundial acababa de apagarse en Europa, pero en la Argentina de la posguerra el fervor tecnológico cobraba una dimensión completamente inédita. El público observaba fascinado el nacimiento de una época en la que el tiempo y el espacio comenzaban a achicarse. En ese escenario, la aristocrática y veraniega Mar del Plata, el lugar estival por excelencia de la élite nacional, se preparaba para protagonizar un hito que cambiaría para el país la forma de mirar el horizonte.

El primer correo en el aire

El día 23 de febrero de 1919, el teniente primero Pedro Leandro Zanni, conocido como "el Gato" por sus círculos más cercanos, se calzó las gafas de cuero, ajustó su abrigo para cruzar la ventisca de altura y trepó a la cabina de un imponente biplano Nieuport 28C1 de 160 hp, identificado con la matrícula N6339. Su misión era tan audaz como simbólica: concretar el primer transporte aéreo oficial de correspondencia dentro del territorio nacional, uniendo la base de El Palomar con la costa atlántica.

Zanni en la portada de El Gráfico.

Aquel trayecto pionero no fue un vuelo directo, sino una verdadera odisea de orientación visual. Zanni trazó una ruta precisa que contempló escalas técnicas estratégicas para el reabastecimiento en Sevigné y en Manuel J. Cobo (localidad hoy conocida como Lezama). Desde las alturas, guiándose por el trazo caprichoso del ferrocarril y esquivando jirones de neblina matinal, el intrépido aviador avanzó hacia su destino.

Luego de más de dos horas de vuelo y en tiempo récord para la época, Pedro Zanni arribó a la ciudad tras recorrer más de 400 kilómetros, sin contabilizar las paradas técnicas que realizó en el trayecto.

El aterrizaje en Camet y la revolución de los veraneantes

Por entonces, la Mar del Plata de los grandes hoteles y las tertulias en la Rambla de la Bristol no conocía de aeropuertos modernos. El punto de llegada elegido fue el vasto y descampado terreno de Camet, ubicado al norte de la ciudad.

La noticia del vuelo había encendido la curiosidad pública. Según las crónicas, cuando el avión comenzó a descender en círculos, los vecinos y los veraneantes se agolparon aturdidos y eufóricos en los campos. El objetivo central de la hazaña era demostrar la incontestable eficacia del correo aéreo oficial: en la aeronave viajaba una bolsa con correspondencia institucional, cartas particulares y, por primera vez en la historia, ejemplares frescos de los diarios de la ciudad de Buenos Aires impresos esa misma mañana.

Para una comunidad acostumbrada a aguardar días enteros la llegada de las encomiendas por vía terrestre o marítima, ver descender al aviador militar con los periódicos porteños significó la prueba irrefutable de que el siglo XX había irrumpido en la costa atlántica para borrar las distancias.

La crónica gráfica y el pulso de Caras y Caretas

Una de las cartas traídas a Mar del Plata por Zanni.

La prensa nacional no tardó en hacerse eco de semejante proeza. Matutinos como La Nación y La Prensa cubrieron la partida y el arribo con titulares desbordantes de entusiasmo, coronando a Zanni como un auténtico prócer moderno de las alturas.

Sin embargo, fue la revista Caras y Caretas, la gran vedette del periodismo gráfico de esa época y el espejo cultural de la Argentina dorada, la que inmortalizó el suceso con un despliegue visual imponente. En sus ediciones de fines de febrero y marzo de 1919, la revista dedicó páginas enteras a las proezas de la Misión Aeronáutica Francesa y de los pilotos locales.

El tesoro de las cartas conmemorativa

De aquel vuelo postal pionero sobrevivieron piezas documentales de un valor incalculable. Las cartas que Zanni transportó en su biplano portaban un sello distintivo y una marca postal especial que certificaba la travesía. Hoy en día, esos sobres firmados por los protagonistas son considerados codiciados objetos de culto para la filatelia aeronáutica argentina, reliquias resguardadas en colecciones privadas y museos históricos.

Pedro Zanni: Cordilleras y océanos

Para comprender la magnitud de aquel vuelo a Mar del Plata es imperativo recorrer la trayectoria de su artífice. Pedro Leandro Zanni nació en Pehuajó el 12 de marzo de 1891. Su vocación militar comenzó temprano: ingresó al Colegio Militar en 1906 y egresó como oficial de Artillería en 1909.

La historia lo convocaría pronto a cambiar de elemento. Los aviones habían llegado a la Argentina en mayo de 1910 en el marco de los festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo, despertando una fascinación colectiva. Zanni supo leer ese signo de los tiempos y, en 1912, se sumó a la primera promoción de la flamante Escuela de Aviación Militar, obteniendo el brevet argentino de vuelo n.º 23.

La prensa haciéndose eco de la vuelta al mundo.

A pesar de sufrir un accidente menor al comando de un monoplano Castaibert IV en El Palomar, su temple no flaqueó. Perfeccionó su técnica en aparatos como el Nieuport IV y el Breguet 1913, hasta que el 27 de noviembre de 1913 alcanzó un gran logro institucional al obtener el brevet n.º 4 de aviador militar, integrando la primera promoción de aviadores del Ejército Argentino junto al teniente primero Raúl Eugenio Goubat y los ingenieros Jorge Newbery y Alberto Roque Mascías.

El raid a Mar del Plata fue solo el preludio de una hoja de servicios deslumbrante. En 1920, Zanni se consolidó en la historia sudamericana al protagonizar junto al capitán Antonio Parodi el legendario doble cruce de la cordillera de los Andes, venciendo a los gigantescos picos cordilleranos en una época donde el margen de error mecánico significaba una sentencia de muerte.

Pero su ambición deportiva y técnica no conocía fronteras. En 1924, emprendió un extraordinario e internacionalmente seguido intento de circunnavegar el globo terráqueo. Acompañado de su inseparable mecánico, Felipe Beltrame, Zanni cubrió la friolera de 19 320 kilómetros entre Ámsterdam y Tokio en apenas 25 días de vuelo efectivo.

Aquellos años atestiguaron un fenómeno global: en un planeta que conservaba extensas regiones inexploradas, las potencias utilizaban la aviación para proyectar las rutas que muy pronto conectarían el mundo. Nacía formalmente la carrera implacable entre el trasatlántico marítimo y el avión comercial.

Ilustración de Zanni.

El legado eterno

Pedro Zanni consagró su vida al servicio de la aviación militar argentina, alcanzando el grado de jefe de base en El Palomar. Sin embargo, el destino tenía reservado un giro trágico: en 1943, al salir de la guarnición militar para regresar a su hogar, un camión desprovisto de luces lo embistió de lleno, segando su vida de manera prematura.

La impronta de su pasión, no obstante, ya había arraigado profundamente en las tierras que tanto surcó. Como un reflejo fiel de su espíritu audaz, un grupo de civiles entusiastas de la aviación fundó en Mar del Plata, hacia el año 1939, una entidad pionera de la actividad aerodeportiva en la región: el Aero Club Mar del Plata.

 

 

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