¿Qué mito inolvidable de Titanes en el ring comenzó su historia con Karadagián en Mar del Plata?
Acaba de fallecer Juan Manuel Figueroa a los 76 años. Él fue quien estuvo bajo la máscara de La Momia de Titanes en el ring durante décadas. Le dio su impronta y su carácter: la hizo popular y terrorífica. Lo que pocos saben es que su historia junto a Titanes en el ring y Martín Karadagián empezó de casualidad en Mar del Plata.
Verano de 1973 en Mar del Plata. Bajo la lona de la carpa de Titanes en el ring, todos se preparaban para los combates planificados. Agustín Torrubia, un joven luchador grecorromano de Vélez Sársfield, comenzaba su carrera como el Príncipe de Nápoli. Sus tres amigos del club, José María Fernández, Alfredo Giuffré y Juan Manuel Figueroa, lo habían acompañado a la costa para hacerle el "aguante" durante esa temporada de verano.
Juan Manuel Figueroa, de apenas 24 años, era luchador olímpico y grecorromano desde hacía 8 años y no acarreaba ninguna intención de hacer carrera en la televisión. Pero no imaginó que esa temporada iba a generar un cambio en su vida.
Lo que nació como un viaje entre amigos cambió de rumbo en cuestión de minutos. Con la lona libre y en un arrebato de picardía, los jóvenes subieron al cuadrilátero a simular llaves, lances y acrobacias exageradas, parodiando el estilo del catch. Era una travesura pura, una broma entre compañeros para matar el tiempo mientras parodiaban lo que hacían los demás en Titanes en el ring. Lo que no sabían estos tres amigos era que, desde la penumbra de la carpa, ese día los ojos expertos de Martín Karadagián, quien no iba nunca a los entrenamientos, seguían cada uno de sus movimientos.
La mirada del Gran Martín
"Mi historia con los titanes fue como un destino, una casualidad", contará mucho tiempo después Juan Manuel Figueroa en una entrevista en el diario La Nación. Así fue, con una gran casualidad, cómo Figueroa, recientemente fallecido a los 76 años, entra a la troupe de Titanes en el ring y poco tiempo después se convierte en un personaje legendario de ellos.
La mirada de Karadagián, por supuesto, llenó de vergüenza a los luchadores. Sin embargo, el creador del espectáculo no mostró enojo, los miró con atención y les ofreció prolongar la estadía. Aunque los jóvenes planeaban regresar a Buenos Aires esa misma tarde, la insistencia y generosidad de Karadagián los retuvo siete días más entrenando a la par de la troupe.
Al momento de la despedida, la gratitud de los chicos encontró una respuesta contundente. Karadagián no aceptó sus agradecimientos y les advirtió que no se trataba de una simple oportunidad, sino de un compromiso. Les ordenó presentarse en el gimnasio de Vicente López apenas regresaran. Convencidos de que se trataba de una broma de compromiso, los jóvenes dejaron pasar los días, hasta que finalmente aparecieron por el gimnasio solo para comprobar hasta dónde llegaría la promesa de Karadagián. Otra casualidad hizo que el día elegido por ellos, Martín tuviera una reunión en el lugar por el inicio de la nueva temporada, la de 1974, y ahí nomás les pidió que los tres se sumaran a Titanes en el ring.
El nacimiento del mito
Pero el verdadero giro del destino de Figueroa llegó ya bien entrado el año 1974. Tras la abrupta salida de quien hacía de La Momia, la compañía necesitaba cubrir con urgencia el personaje más temido, popular y fascinante del show. Ante el dilema, el relator Rodolfo Di Sarli miró al joven Figueroa y le sugirió al jefe: "Probá al pibe".
Cuando Figueroa se envolvió en las vendas y pisó el ring con la cadencia espectral que la música de terror exigía, Karadagián quedó deslumbrado. Figueroa no solo heredó el personaje que antes habían encarnado otras figuras, sino que le otorgó una impronta única. Su presencia escénica definió el perfil definitivo del coloso vendado y fijó un estándar imbatible en la historia del espectáculo argentino.
El misterio final y el último combate
"La Momia, luchador sordomudo, es más fuerte que el acero, es el paladín de la justicia", se escuchaba cuando entraba al ring.
Nadie sabía quién era realmente La Momia. Durante décadas, la identidad de quien habitaba debajo de la criatura fue un secreto guardado bajo siete llaves. En las casas y en los patios escolares, la pregunta de quién era La Momia alimentó mitos y debates populares. El misterio se mantuvo intacto hasta 1997, cuando Paulina Karadagián decidió revelar su rostro en televisión abierta, durante una emisión del programa Paparazzi, conducido por Jorge Rial. Allí, el público le puso por fin cara a la leyenda que muchas generaciones de argentinos tienen guardada en su memoria de la infancia como esa silueta cubierta de vendas con manos temblorosas, que los acompañaba durante tardes frente al televisor.
Figueroa estuvo junto a la compañía hasta el suspiro final de su época de oro. El viernes 30 de diciembre de 1983, Titanes en el ring emitió su último programa de la temporada por la pantalla de Canal 11. En aquella noche histórica, Martín Karadagián subió al cuadrilátero por última vez antes de que sus problemas de salud lo retiraran definitivamente. Su rival de despedida fue el temible personaje de Nerón. Aquel combate selló el retiro del gran ídolo.
Otros personajes de Figueroa
Muchos otros personajes fueron encarnados por el genial Juan Manuel Figueroa, demostrando su asombrosa versatilidad atlética dentro de la troupe, como:
- El Olímpico: Un personaje de tinte heroico y técnico que aprovechaba de manera directa la verdadera formación de Figueroa en lucha grecorromana y olímpica. Salía a luchar limpiamente, exhibiendo destreza atlética y agarres puros de competición.
- El Dogo: Inspirado en la fiereza y fuerza de la raza canina argentina. Era un personaje combativo, de ataque directo y temible en el cuerpo a cuerpo, diseñado para imprimir agresividad y ritmo intenso a los combates.
- El Androide: Creado para la recordada temporada de 1983 como una máquina imbatible, metálica y fría. Tuvo un cruce antológico cuando le tocó enfrentar a La Momia (con Figueroa teniendo que multiplicarse o alternarse con sus compañeros de troupe para mantener vivos a ambos mitos en pantalla).
- El Indio Cutral-Có: Un guerrero autóctono bautizado en honor a la famosa localidad petrolera neuquina. Representaba la agilidad, la resistencia campesina y la fuerza de la tierra, siendo un gran favorito del público infantil.
- Dink C: Un luchador de estética exótica y llamativa. Llevaba un traje llamativo con una gran letra "C" estampada en el pecho y un estilo de lucha dinámico, ideal para animar las aperturas y los bloques intermedios del programa. (En realidad se trataba de un "chivo" publicitario ideado por Martín Karadagián para promocionar un popular jugo en polvo de la época).
La gran final contra Karadagián
El Luna Park ardía de tensión la noche de la Gran Final de 1978. Frente a las cámaras de Canal 11 y ante millones de hogares paralizados, el cuadrilátero albergaba el choque definitivo de dos fuerzas invencibles: Martín Karadagián, el campeón mundial reinante, frente a La Momia Blanca, encarnada por Juan Manuel Figueroa.
El cinturón de oro estaba en juego, pero la verdadera batalla era por la mística. Karadagián desplegó todo su repertorio técnico: palancas, llaves al tobillo y castigos severos que habrían doblegado a cualquier rival. Sin embargo, la figura vendada no cedía. Imperturbable ante el dolor e impulsada por el compás tétrico de su música, La Momia resistió cada embate hasta acorralar al campeón contra las cuerdas, encerrándolo en su letal "abrazo de la muerte".
El dramatismo tocó su techo cuando sonó la campana final. Tras minutos de agonía, ninguno logró la rendición del otro: el fallo oficial fue un empate. Martín Karadagián retuvo su corona por reglamento, pero La Momia no solo se retiró invicta, sino que amplió el cariño y el respeto que la población, sobre todo infantil, tenía por aquel personaje que, de una manera u otra, casualidades de por medio, tuvo cierto inicio en la ciudad de Mar del Plata.
Leé también
Temas
Lo más
leído

