De las cuestiones barriales al combate obrero: ¿Cómo fue la historia de los primeros diarios que nacieron en Mar del Plata?
De la naciente villa balnearia de fin de siglo al fervor obrero de 1915, la prensa pionera de Mar del Plata forjó la identidad local. Un recorrido histórico por las páginas, combates y figuras que le dieron voz, debate y memoria a la ciudad.
A finales del siglo XIX, la actual "Feliz" era apenas un naciente y prometedor apostadero de veraneo que soñaba con convertirse en la perla de la costa atlántica argentina. En medio de aquella geografía de médanos, chalets elegantes y ambiciosos proyectos urbanísticos, el crecimiento social e institucional requería de un canal de expresión indispensable: el periodismo impreso. Así nacieron los tres periódicos pioneros que forjaron la identidad informativa de Mar del Plata.
1. El Bañista: el semanario que inauguró la crónica local
El 8 de diciembre de 1887 quedó grabado como un hito fundacional para la historia de la prensa marplatense. Aquella jornada, el periodista hispano-argentino Justo S. López de Gomara, quien ya contaba con la experiencia de haber dirigido El Diario Español en Buenos Aires, lanzó a la calle el primer número de El Bañista, un semanario dominical concebido para acompañar exclusivamente la temporada estival.
Consciente del vertiginoso despegue de la región, López de Gomara argumentó en su editorial inaugural que una comunidad proyectada a recibir a diez mil veraneantes, equipada con hoteles de categoría, chalets comparables a los de la exclusiva Avenida Alvear porteña, un incipiente teatro y hasta planes para un hipódromo, necesitaba de forma imperiosa una voz propia.
Lejos de enredarse en polémicas partidarias o rencillas personales que solían desgastar a la prensa de la época, El Bañista adoptó un programa tan lúdico como útil: definirse a sí mismo como un veraneante más que buscaba el descanso, la buena mesa, calles ordenadas y las mejores comodidades. A lo largo de sus dos páginas, ilustradas con grabados de la flamante estación de ferrocarril y reflexiones sobre el valor de la tierra, donde se recordaba que las hectáreas céntricas se cotizaban a pocos miles de pesos en 1886, el periódico documentó los temas cotidianos de los vecinos, los baldíos con pastizales, los animales sueltos y el pulso comercial del balneario. Entre sus avisos comerciales destacaban firmas como la confitería de José Pose, los proyectos del ingeniero Lamazaino, la fotografía de Galbiati y Valentini, y los solares ofrecidos por Eduardo Peralta Ramos.
En la presentación de El Bañista, su fundador subrayaba la urgencia de dotar a la localidad de un medio de comunicación propio que acompañara su ascenso como el primer puerto balneario del país. Destacaba que el asentamiento estaba destinado a consolidarse prontamente como una deslumbrante urbe que combinaría las bellezas naturales, las virtudes saludables y el esplendor del lujo. A modo de balance sobre el impacto de su iniciativa, el propio periodista dejó escrito en el encabezado del ejemplar inaugural: “Este fue el primer periódico que se publicó en Mar del Plata. Lo hice yo para engendrar el progreso de la naciente estación balnearia”, un semanario que cumplió con su cometido al reflejar los acontecimientos locales durante, apenas, dos temporadas.
2. El Eco: compromiso cívico y pluma independiente
El segundo eslabón de esta historia se gestó el 9 de julio de 1889 con la aparición de El Eco. Fundado por el uruguayo Casildo Villar, un exiliado oriundo de Melo, el periódico contó en su dirección y administración con el empuje de Eduardo García Henares.
Villar combinó su labor periodística con la vida pública local cuando el entonces intendente Fortunato de la Plaza lo convocó como Inspector Municipal. Lejos de ser un cargo decorativo, el periodista desató una fuerte labor de control al elevar numerosas denuncias por irregularidades urbanísticas. Sin embargo, ante la falta de respuestas institucionales a sus advertencias, Villar renunció de manera indeclinable a finales de diciembre de 1890, un gesto de absoluta integridad que coronó donando sus dos meses de sueldo a la Sociedad de Beneficencia de Socorro de los Pobres.
3. El Pueblo: información amplia y vocación cultural
El tercer diario marplatense vio la luz el 28 de julio de 1890 de la mano de Leopoldo Méndez. Llegado a la ciudad desde Ranchos unos años antes para desempeñarse inicialmente como Secretario Municipal y luego como Receptor de Rentas de la Nación, Méndez volcó su vocación comunitaria en la fundación de una imprenta instalada en las cercanías de las actuales avenidas Luro y La Rioja (por entonces Bulevar América y calle 71).
Editado en un formato grande de cuatro páginas, tres dedicadas estrictamente a la información general y la última reservada para la publicidad, El Pueblo asumió el compromiso de convertirse en el portavoz genuino de los intereses locales y en un fuerte custodio de los preceptos constitucionales frente a cualquier injusticia.
Al trazar su hoja de ruta en la edición inaugural, el periódico impulsado por Leopoldo Méndez dejó sentadas las bases de su labor con la comunidad. Concebido gracias al impulso conjunto de numerosos habitantes, el medio ingresó al ruedo informativo con la firme convicción de traccionar el crecimiento de la región. De este modo, la publicación prometió ante sus lectores que se alzaría como el “órgano genuino de los intereses bien entendidos de la localidad” para irrumpir en la escena periodística “con el firme y muy decidido propósito de abogar, por todos los medios a su alcance, por el adelanto y engrandecimiento de Mar del Plata”, estableciendo además con claridad que “la verdad será la bandera que guíe nuestra conducta”.
Mención especial para El trabajo
En la Mar del Plata de diciembre de 1915, nació un diario que marcaría la historia de la ciudad. El Centro Socialista local lanzó un modesto semanario vespertino con una misión clara: educar al trabajador en el ejercicio de la ciudadanía, incentivar el voto, señalar la mala gestión municipal y frenar la llegada de "comisionados" porteños o provinciales ajenos a la realidad marplatense.
Con el correr de las décadas y la llegada del socialismo a la intendencia en los años veinte, la publicación dio un giro estratégico. Retiró cualquier insignia o aclaración partidaria de su portada para llamarse, a secas, El Trabajo. Sus editoriales de aniversario no dejaban dudas: aunque funcionaba como vocero oficial del partido, se autodefinedía como un "órgano de combate" abierto a la ciudadanía libre y a la voz de toda la comunidad.
Del semanario a las mañanas marplatenses
El salto definitivo llegó en 1947. Para competir mano a mano con la prensa comercial, el medio gráfico mudó su horario a las mañanas. Hasta ese momento, el periódico se imprimía en talleres ajenos, pero ese mismo año los dirigentes Teodoro Bronzini y Rufino Inda, junto al hacendado Miguel Egózcue, fundaron la firma Poligráfica Marplatense S.R.L. para adquirir una imprenta propia.
Las máquinas impusieron sus límites. La vieja prensa plana del taller solo permitía tirar entre 900 y 1000 ejemplares diarios. Sin embargo, su impacto multiplicó esos números: costaba la mitad que los demás diarios locales y circulaba de mano en mano entre vecinos, familias e incluso lectores de la oposición.
En aquel taller vibraba una pequeña colmena obrera. De ocho a nueve tipógrafos y maquinistas le daban vida a las páginas, acompañados por tres empleados de ventas, uno en administración, repartidores de calle y un corredor comercial abocado a conseguir edictos y avisos clasificados. Físicamente, el diario atravesó todas las transformaciones de la época: lució el imponente formato sábana de ocho columnas entre 1946 y 1947, pasó brevemente por el tabloide en 1950 y debió reducir sus páginas entre 1948 y 1951 debido a la agobiante escasez nacional de papel.
Prensa obrera con motor comercial
Sostener un periódico independiente exigía ingenio financiero. El Trabajo abrió sus páginas a los anuncios de grandes tiendas, corralones de materiales y remates inmobiliarios, hasta ocupar el equivalente a dos páginas completas.
En el contenido, el diario combinaba la trinchera política con el interés general. La última página era propiedad exclusiva del deporte: fútbol, básquet, atletismo y el automovilismo de la época de Juan Manuel Fangio y los hermanos Gálvez. No obstante, el diario mantenía un estricto veto ético: las carreras de caballos y el turf estaban prohibidos en sus líneas por razones morales.
Para cautivar al público masivo, en 1947 sumaron cómics populares como Abrojo, un hombre duro, Luzbelito y Chill el ingenioso, además de la sección de tendencias "Sugestiones de la moda" firmada por Ninete y deslumbrantes retratos fotográficos de estrellas de cine como Rita Hayworth y Mirtha Legrand.
Entre la clandestinidad y el silencio final
El taller de El Trabajo no solo imprimió noticias locales, también fue refugio de resistencia política. Cuando el gobierno nacional clausuró la imprenta del diario socialista La Vanguardia, las máquinas marplatenses comenzaron a tirarlo en la clandestinidad.
Casi seis décadas después de aquel primer número de 1915, el ahogo económico apagó definitivamente la imprenta en 1974. El Trabajo detuvo sus máquinas para siempre, dejando tras de sí casi sesenta años de rotativas, tinta fresca y periodismo de combate en las calles de Mar del Plata.
Leé también
Temas
Lo más
leído

