Temporal de santa rosa

25 de Agosto de 2014 20:37

El arte de sobrevivir al temporal

Compartir
Compartí esta nota
Compartir
Compartí esta nota
El agua superó el metro de altura en el barrio Parque Palermo. Foto: Romina Elvira.

Parque Hermoso y Parque Palermo son dos barrios que se acostumbraron a los centros de evacuados caseros. 0223 pasó la tarde con los damnificados y te muestra cómo hace para salvar lo poco que la lluvia les deja.

Los más de 150 milímetros de lluvia que cayeron en Mar del Plata entre el viernes a la noche y este lunes dejaron barriadas enteras sumergidas en el agua y el barro. Las zonas más afectadas fueron –una vez más– Parque Hermoso, Parque Palermo y Autódromo, en donde no se salvó nada del temporal.

En Parque Palermo, las familias empezaron a autoevacuarse durante la mañana del sábado, cuando el agua llegaba a las rodillas y el pronóstico anticipaba que iba a continuar el mal tiempo. La metodología fue la de siempre: primero los chicos, después las mujeres. También, el mismo lugar: la casa de Valeria, la única construcción de material y sin goteras que hay en la parte más alta del barrio.

En ese jardín de infantes improvisado, en el que todos juegan descalzos en torno a una pantalla que calefacciona el lugar, anda Pedro, un bebé de apenas dos meses de vida que pasa por todas las manos. Nancy, su mamá, dice que sacó a los otros cuatro chicos con ayuda de los vecinos, que los cargaron a caballito, y ahora sólo le queda esperar que baje el agua para ver qué quedó en su casa.

Gabriela llegó este lunes a la mañana a lo de Valeria. Vino con los tres chicos de 6, 4 y 3, y con un bebé de un año y ocho meses. El más chiquito tiene problemas de bronquios y hace diez días le dieron el alta en el Materno. Antes de dejarlo salir, sus padres recibieron dos indicaciones: que cumpliera a rajatabla con los horarios de la medicación y lo mantuviera en un espacio que estuviera a salvo de la humedad.

En esta casita de Lobería al 3700 hay muchos niños y pocas madres. Es que se acordó un cronograma de guardias, que consiste en que los que no cuidan a los chicos, controlan que nadie se lleve lo que todavía no les arrancó el agua.  

Desde temprano, acá se habla de lo mismo: a la vuelta hay una parejita con una criatura de apenas diez días que se resiste a abandonar la casilla por miedo a los robos. Pese a las advertencias, Martín –compañero de Vale- se va a buscarlos. Pero no puede convencerlos: aún con el agua a la cintura, el muchacho dice que no van a salir. Adentro, desde el sábado, una mujer trata de bajarle la fiebre a un bebé que nació hace poco más de una semana y, sin saberlo, atraviesa el primer temporal de su vida.

***

En Parque Hermoso, el panorama es aún peor. La mitad de las calles del barrio están anegadas y lugares de los que no se puede entrar ni salir. Por eso cincuenta personas quedaron atrapadas en un centro de evacuación improvisado de emergencia en una casa de familia.

Georgina –cincuenta y pico, los ojos tristes– dice que está podrida. Su casa es un cubículo de chapas y maderas en el que apenas entra una heladera y una cama. Llegó hace cuatro años al barrio y es la tercera inundación que pasa. Le llevaron algunas bolsas con ropa y frazadas como para que tire. Pero ella sabe que va a tener que empezar de nuevo. Otra vez. 

***

Sesenta horas después de que empezara la sudestada, las autoridades municipales habilitaron un centro de evacuación en el jardín de infantes 26. Llevaron frazadas, zapatillas, ropa para grandes y chicos y hasta una funcionaria. Pero no le avisaron a la gente que el lugar estaba abierto.

La Secretaría de Desarrollo Social del municipio, por su parte, envió 20 colchones para que los inundados pasaran la noche. Ni más ni menos: ya avisaron que mañana volverán a buscarlos.

Es lunes a la tarde y, según el Servicio Meteorológico Nacional, la lluvia va a aflojar. Pero nadie festeja: los propietarios de las quintas que rodean a Parque Palermo abrirán las compuertas que retienen el agua acumulada en los campos y un arroyo de barro y abono desembocará en el centro del barrio. Lo peor, dicen, todavía no pasó. 

Compartir
Compartí esta nota