“El psicoanálisis solo cura la histeria”
Gabriel Rolón pasó por el ciclo “Verano Planeta” para presentar su libro “Historias Inconscientes”. Antes de brindar una charla sobre “El amor y las pasiones”, mantuvo con 0223 una entrevista de diván.
Empecinado en disfrutar este exitoso momento de su vida “para no tener que añorarlo con nostalgia cuando no esté”, Gabriel Rolón vive un verano 2015 de giras constantes. Por la costa atlántica, entre Argentina y Uruguay, promociona su último libro, “Historias inconscientes”, un nuevo compilado de momentos íntimos con sus pacientes con los que busca continuar el fenómeno editorial que inició en 2007. Desde aquel año, ha logrado transformar sus encuentros en el consultorio, en una exposición del psicoanálisis al alcance de miles de personas.
Junto a su compañera y también psicoanalista, Cynthia Wila, uno de los escritores más leídos a ambos lados del Río de la Plata pasó por Mar del Plata para brindar una charla sobre “El amor y las pasiones”, en el marco del ciclo “Verano Planeta”. Ante ese entorno de amplios reconocimientos que lo rodea, Rolón admitió sin embargo que no esperaba vivir tiempos con conquistas “de tal magnitud”.
“Vivimos un sueño que pocas personas pueden vivir. No son muchos, de los miles que ansían escribir, los que llegan a tener la posibilidad de experimentar lo que nos pasa a nosotros. Hay que estar muy despierto para darnos cuenta de este pequeño milagro que nos regala la vida porque esto va a pasar. En algún momento ya no nos convocarán, en algún momento ya no nos elegirán los lectores, las editoriales dejarán de interesarse en publicarnos. Este momento es un beso en la boca que nos da la vida. Quiero sentir que cuando estuve lo disfruté. Lo más lindo es disfrutar lo que amas cuando lo tenés” respondió sobre la recepción de tantas admiraciones.
Entre hitos, presentaciones y aplausos, 0223 charló con Rolón de otras cuestiones, quizá más perturbadoras y turbulentas, basadas en los testimonios de las diversas `vidas al límite´ que decidió compartir con su literatura. Esas que podrían llegar a necesitar de algún dato más técnico sobre lo que pasa en las sesiones. Un mundo interno desde la visión de un analista que viaja desde situaciones dramáticas, hasta circunstancias de cambio esperanzadoras.
- Hay momentos incómodos que se dan con el paciente de una tensión muy fuerte por tus intervenciones para tratar de llevarlo a un entendimiento de su situación, ¿cómo te los permitís y qué sucede cuándo esa tensión propuesta no surge efecto?
En realidad esos momentos no se buscan, se encuentran. Casi te diría que sentís que una intervención se te impone. Cuando el paciente está llegando a ciertos límites, o lugares muy angustiosos, -nosotros los llamamos momentos “gososos”, es decir cuando se regodean en el dolor-, por lo general van abrir alguna puerta para que vos metas alguna intervención que intente poner palabras distintas y calmar esa angustia. No podés estar seguro, no es una metodología. Si bien el paciente habla de lo que quiera, el analista dirige la cura. Entonces en esa combinación, vos podés dejar que el paciente te hable y en ciertos momentos te sentís convocado a tomar la manija de la sesión e intentar pegar un viraje, porque escuchaste algo que el paciente dijo y es algo que va en dirección distinta a la que él apunta. Ese es el trabajo del analista, ir escuchando lo que el paciente no escucha de su decir. Ir almacenándolo en la memoria pero no de un modo voluntario. Confiar en que eso va a venir cuando sea el momento. Ese es el gran desafío de un analista, confiar en el psicoanálisis. Confiar en que cuando sea el momento, eso que dijo el paciente hace 8 meses va a venir a la mente y vos vas a poder relacionarlo. Desde esos lugares, se intenta modificar esa lógica enferma que el paciente trae, para moverlo hacia otro lugar. A veces, esto no ocurre, vos tenés una intervención y el paciente no acusa recibo. Puede que la intervención no haya sido buena, puede que no haya sido el momento para hacerla, o puede que estés ante una persona que en ese momento no es analizable. No todo el mundo es analizable. El analista todo el tiempo pelea contra la frustración de tirarle puntas que el paciente no toma. Sabemos que es así. Siempre incomodamos. Y sorprendemos, la intervención del analista antes que nada debe que ser sorpresiva. Justamente el analista está para sorprender al paciente en una lógica que no entiende.
- En general ponés mucho foco en el momento en que los pacientes no se hacen cargo de su responsabilidad en la historia y en eso de no cambiar su reacción patológica. ¿Qué pasa cuando no hay manera de que hagan ese cambio?
No hay análisis. El análisis no es como otras terapias que pueden ser más directivas, que pueden marcar pautas de conducta. El análisis tiene como base fundamental el hecho de tener un paciente que se hace cargo, de algún modo, de que tiene que ver con esa historia que le está ocurriendo. Por supuesto, estamos hablando de un sufrimiento neurótico, no de un sufrimiento cualquiera. Si viene alguien y te cuenta que desde hace 6 meses sufre en una relación, porque su mujer cree que la engaña, y no le da bolilla, ya no lo desea y no tiene sexo, bueno, el tipo ese hace un montón de meses que se está quedando él en esa relación. Entonces ahí vos podés empezar a preguntar y tratar de que se responsabilice. Si no puede hacerse cargo, lisa y llanamente hay que asumir que no es un paciente para el psicoanálisis. Por mucho que alguien quiera analizarse conmigo, si no se puede hacer cargo, lo tendré que derivar a un cognitivo, a un sistémico, alguien que pueda trabajar con un paciente que no tiene esa aptitud.
- ¿Cuándo se considera excesiva la neutralidad de un analista y en qué momentos no?
La neutralidad debe ser la justa, la precisa, la que marca la ética y a veces la ética marca que la neutralidad deba ser muy extrema. Hay casos de pacientes histéricas, que te provocan, juegan y seducen, ahí la neutralidad ha de ser muy extrema. Y en otros casos la neutralidad debe ser ninguna, que es cuando agarras a un paciente y le das un abrazo. Si alguien en un momento determinado viene y te cuenta que tiene una enfermedad terminal, está angustiado, destrozado, que está haciendo lo que puede. La neutralidad, éticamente, en ese momento, es ninguna. No puedo ser neutral. Tengo que decirle que lo quiero, que lo apoyo. Por lo general no entramos en un extremo ni en el otro. No se busca una intermedia. Pero a veces es entrar y salir, poder hacer un chiste y romper cierto clima y después de vuelta al silencio. El psicoanálisis es un arte, más que una ciencia es un arte. Hay que tener esa cuestión artística, de saber cuando va una pincelada de un color o de otra.
- ¿La estructura histérica de un paciente puede ser la más difícil de solucionar?
Para el psicoanálisis es la más fácil. De hecho nosotros decimos que al obsesivo hay que histerizarlo, al fóbico hay que histerizarlo. Es más, te diría que el psicoanálisis solo cura la histeria. Cuando viene un obsesivo lo tenemos que histerizar un poco. Mientras que a la histérica le hacemos hacer cargo todo el tiempo, porque se saca las cosas de encima; al obsesivo lo relajamos. Lo que el psicoanálisis hace es permitirle a un paciente armar una neurosis falsa. Nosotros lo llamamos `neurosis de transferencia´, es decir que desarrolle dentro del consultorio nuevos síntomas y que esos síntomas sean del analista. Que en el consultorio se juegue el síntoma, para que no se juegue afuera y poder resolverlo adentro. Esa neurosis artificial tiene una característica, es una neurosis histérica, porque lo que nosotros resolvemos es la histeria, cuando empezamos a trabajar, siempre terminamos analizando esa neurosis de transferencia, que tiene unos funcionamientos similares a los de la histeria. Te diría que la histeria es la neurosis que más nos gusta tratar a los analistas, es la que mejor se adapta al consultorio analítico. Es cierto, a veces te dan ganas de decirles “pero tómatelas, ¿qué te pasa?”, te indigna esa postura histérica, pero para el funcionamiento del psicoanálisis es la mejor.
- El modo inconsciente en que se hace presente el drama edípico, que surge desde chico y luego tiene una reedición en la adolescencia, ¿cómo transcurre de acuerdo a la etapa de no tener idea sobre lo que nos está pasando hasta cuando caemos en cuenta de lo que se experimenta?.
Te diría que en la niñez hay más idea que en la adolescencia, porque el niño se da cuenta de lo que le pasa, por eso dice “yo me quiero casar con mamá”, “yo quiero ser la novia de papá”. Lo que pasa es que no está preparado ni psíquica ni físicamente para llevar a cabo lo que dice. Por el proceso de la educación, la prohibición del incesto, cuando llega a estar preparado para hacerse cargo de su sexualidad, ya no lo dice, si no sería dramático. Una chica de 17 años que dijera quiero acostarme con mi papá, es algo dramático, una nena de 4, que dice que quiere dormir con el papá, es mimosa. Se da más cuenta el niño, aunque no lo puede procesar. El adolescente lo tiene mucho más reprimido, por eso se enoja, por eso se pone violento, por eso toma el mecanismo del rechazo como defensa ante las pulsiones eróticas que le genera el Edipo. De todos modos siempre son cuestiones que pasan por el inconsciente. Imaginate semejante tensión erótica en un chico de 4 años, no la puede manejar siquiera. El adolescente lo maneja con otros mecanismos, se refugia en los amigos, se va de la casa, a la madre en vez de decirle que se quiere casar con ella la agrede todo el tiempo, “sos una vieja, porque te vestís así, ¿qué te haces la pendeja?”. Por ahí hasta la mira, ve una minifalda que le gusta, pero es su madre y en vez decirle me gusta dice “sácate eso que te queda mal”.
- ¿Cómo es eso de que el inconsciente aparece y desaparece, se corta y se abre?
El inconsciente no es un lugar que está siempre, que lo vamos a sacar en una radiografía. El inconsciente es “en acto” decimos nosotros. Hay un momento donde vos en vez de decir “mi hermano” dijiste “mi hermana”, apareció un lapsus, vos decís “fui a jugar al fútbol con mi hermana, uf, no, con mi hermano”, en ese acto que llamamos lapsus, apareció el inconsciente y al segundo se cerró y se fue. Viene, deja un rastro y trata de huir y ahí está la destreza del analista, agarrar esos momentos, para empezar a tironear de ahí a ver a donde nos llevan. Esas son las formaciones del inconsciente, los lapsus, los sueños, los actos fallidos, los chistes, los síntomas, son actos en que aparece el inconsciente, se muestra y desaparece. No hay que pensarlo como un lugar estanco en el cerebro que está todo el tiempo y al que nosotros tenemos que ver. Hay que esperarlo, solo se va a mostrar en el momento menos apropiado, en la conversación más trivial. Ese es el saber hacer del analista, simplemente tener la paciencia y la aptitud de escuchar cuando el inconsciente se abre porque al segundo se va a cerrar y si no lo escuchamos, lo perdimos.
- ¿Existen maneras de resistirlo?, ¿desde el mismo inconsciente se resiste?
Exactamente, porque la defensa la levanta una parte inconsciente del yo. Es decir, el inconsciente mismo se refrita a sí mismo. No es que vos decís conscientemente que voy a resistir. Por lo general se utiliza mal ese término. “No te reprimas” es algo que le decimos a una mina a las 3 de la mañana cuando no quiere venir a nuestro departamento. En ese caso no se está reprimiendo, está optando por no venir con nosotros. Cuando uno reprime no lo sabe, es un mecanismo inconsciente. Pero muchas veces en ese fluir, aparecen esos momentos en que le decimos al paciente: “Pará, escuchate”. Lo dice con claridad, pero no puede escucharse. Se lo decís textualmente. Y así todo no hay manera en que lo tome. A veces sí, y eso te arrima un poco más a una posible aparición del inconsciente.
Para la última pregunta, una intervención de Cynthia Wila encausa la respuesta final.
- Hay algunos casos en “Historias inconscientes” que dan un vuelco importante en el análisis del paciente a partir de la lectura de sus sueños. ¿Cómo se aplica la teoría del psicoanálisis para intentar comprenderlos cuando son tan diferentes en cada una de las personas?
-CW: En realidad el que detecta qué soñó y porqué lo soñó es el paciente, no el analista, porque al paciente se le piden asociaciones y entonces va diciendo con palabras, ahora despierto, con que asocia lo que soñó. Cuando empieza a contar el sueño, utiliza determinadas palabras, para narrar ese sueño, entonces el que arma todo el entramado psíquico de lo soñado es el propio paciente.
-GR: Vos le decís ¿con qué asocias esto? y a veces te vas dando cuenta qué territorios del sueño evita. Te cuenta algo sobre un sueño y te empieza hablar de unos detalles sí y de otros no, entonces ahí el oído del analista dice ¿y esa otra persona que estaba en el sueño?, “no me acuerdo” responden, entonces empieza la represión y la defensa. Vos tenés que saber que está narrando de una manera consciente, va a resistir. Entonces la asociación también va a resistir. Es una cosa maravillosa. Yo tenía un paciente que como nunca podía recordar los sueños, me dijo un día: lo voy a escribir. Pero, la represión que antes ejercía sobre el recuerdo después la ejercía sobre las asociaciones. Si no vas a asociar.... El saber está en el paciente, no en el analista. Si el paciente no tiene asociaciones, el sueño no sirve.
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