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Baldino: la fractura de un pulpo que sacude al puerto

Baldino: la fractura de un pulpo que sacude al puerto

Roberto Garrone

Pedro, Pascual y Andrés manejaban la principal flota fresquera del país. Pujas familiares generaron la división de los bienes y el ingreso de hijos y sobrinos, la nueva generación y el langostino como especie objetivo.

Maronti es una bahía paradisíaca, de aguas cristalinas, al sur de la isla de Ischia, Italia. De ahí llegaron los Baldino, un apellido que no forma parte del podio de los peces gordos de la pesca marplatense como Moscuzza, Solimeno y Valastro, pero con algunas singularidades que lo dejan cerca.

Maronti también es una de las empresas símbolo del Grupo empresario, que en este último año atravesó un proceso de separación societaria entre los tres hermanos, Pedro, Pascual y Andrés, la segunda generación que transformó el saladero familiar de mediados de siglo pasado en un conglomerado de barcos fresqueros que en los últimos 20 años no dejó de crecer.

Acusados por la Afip en la década pasada de ser uno de los mayores evasores de la ciudad, el grupo compró barcos de Barillari y se extendió hacia la Patagonia donde compró dos barcos de Harengus y en Madryn se quedó por un tiempo con la multinacional Alpesca.

Muchos vieron en esa maniobra un símbolo del triunfo del modelo marplatense, atado a la subdeclaración de merluza y la precariedad laboral, sobre un esquema pesquero sustentable y atado a las reglas.

Los sabuesos de la Afip habían descubierto facturas apócrifas a partir de las cuales las empresas del Grupo creaban gastos para evadir obligaciones impositivas. La causa terminó hace siete años con los contribuyentes allanándose a un plan de pagos del que no se conocieron detalles.

La Justicia ni la Afip fueron obstáculo para que el patrimonio de las empresas creciera y el grupo se fuera diversificando hacia otras especies y tipos de captura: buques poteros para el calamar y también congeladores para merluza y especies australes.

Mientras la familia estuvo unida, entre todos detentaron la mayor cuota de merluza hubbsi de la flota nacional. Pero los hermanos Baldino no generan puestos de trabajo en tierra para el procesamiento de la materia prima que aportan sus barcos.

Así lo reconoció Cristina Ledesma, secretaria General del Soip, hace un tiempo en un reportaje a Revista Puerto, en el que trazaba un panorama más que preocupante sobre la realidad de los trabajadores.

Parte de la disminución de merluza que llegó a los muelles este año lo explicaban por la situación particular que atravesaban los hermanos Baldino, con internas familiares y pujas de la nueva generación por hacerse un lugar con más protagonismo en la estructura del grupo.

“La familia crece”, reconoció Pedro ante la consulta de este cronista hace un tiempo, sobre la fractura del grupo, a la que calificó como “pésima para mí”. La estructura productiva de los Baldino quedó dividida en 3 partes. Los hermanos Pedro y Pascual por un lado, Andrés y su hijo Antonio (Toro chico) por otro, y los hijos de Pascual, Antonio (Toro grande) y Jorge, conforman la tercera pata.

“No es cierto que no tenga trabajadores registrados; tenemos casi 800 tripulantes; siempre fui un dador de materia prima. Solo exporto con los congeladores, pero estoy en retirada”, aseguró Pedro al rechazar las versiones que indicaban que había comprado la explanta de Panatti, en Posadas y Ortíz de Zárate.

En los últimos días corrió con fuerza el rumor que Pedro se quedaba con los tres barcos fresqueros de Giorno (Valastro): “Mellino I”, “Margot” y “Mellino VI” que en parte los pagaba con la cuota de merluza del congelador Harengus.

La idea sería reconvertirlos para pedir porción de “especies no cuotificadas”, como también lo llaman al langostino en el Concejo Federal Pesquero. “Estamos negociando no está arreglado, faltan detalles”, me dijo el empresario la semana pasada.

“Esta todo cerrado, hay problemas porque no quiere incorporar a un grupo de marineros, pero te aviso cuando firmen”, le dijo otra fuente del sector a este cronista.

Si Baldino no procesa su pescado saber quién lo hace es entrar en un laberinto que se ramifica en varios caminos. Muchos son armadores que a su vez procesan pescado y los auxilia cuando no tienen materia prima propia.

En el Soip identifican a Chulimar, de “El Chuli”, como el principal comprador de la merluza que traen los barcos de Baldino. Este emprendimiento no solo procesa con personal no registrado sino que entrega materia prima a otros circuitos informales. Lo mismo que hacía Roberto Funes antes de esfumarse cuando se cortó el chorro de merluza que no aparecía en los partes de pesca.

Empresas asociadas a Cafrexport también compran pescado de Baldino, con personal cooperativizado que en su mayoría recibe un garantizado. “Cuando se satura vende a plaza”, dijo un asociado a la Cámara.

Loba Pesquera es una de las empresas que más compraba en ese mercado. En pasado porque una deuda de entre 8 y 10 millones de pesos frenó la llegada de materia prima a las fasoneras de Loba.

Para achicar parte de esa deuda, Maronti, la razón social que manejan Andrés y “Toro”, se quedaron con un depósito de 3500 m2 de Loba, donde piensan montar una cámara frigorífica para almacenar pescado entero.

Barcos para pescarla no le faltan. Maronti es la empresa armadora de los fresqueros “Mar Esmeralda”, “Kanxope” y “Altalena”, los barcos que eran de Barillari. Además tienen los poteros Abrumasa 29 y Mishima Maru 8.

Pascual y sus dos hijos, Jorge y Antonio manejan los dos congeladores: Coalsa y Beagle, bajo la razón social “Nietos de Antonio Baldino”. También tienen bajo su ala el “San Pascual”, “Pedrito”, “San Jorge Mártir”, “Virgen María Inmaculada”, “Sant Antonio” y el potero “Arbumasa 27”, bajo las empresas “Pesanflor”, “Bal Fish” y “Baldimar”. En tierra se quedaron con el exFrigorífico Mellino y la fábrica de Antonio Baldino en calle Triunvirato al 700.

Con la empresa “Antonio Baldino e Hijos”, Pedro se quedó con el “Marcala I”, “Harengus”, el “Cabo San Juan” y “Cabo San Lucas” y el potero “Madre Inmaculada”.

Baldino refiere que la flota se movió despacio este año porque se cayeron las ventas. “Si entrás con 3 o 4 barcos no tenés a quien venderle y el precio se cae todavía más”, señaló al tiempo que reconoció que debió vender algunos barcos porque el costo de extracción “se hace a pérdida”.

En la lista de buques vendidos figuran el “San Andrés”, que fue cedido a Leandro Chicolella a través de un leasing. El “Santa Rita” lo adquirió “Gaad Group”. El “Ponte Coruxo” pasó a manos de Jorge Calvo y Hugo Mazari, que manejan el ex (?) frigorífico de Barillari en José Hernández 69.

El grupo Baldino parece desmembrarse en varios brazos pero no pierde su esencia de empresa diversificada, que se concentra en la captura y se desentiende del procesamiento, aunque como dador solidario de pescado ha tenido que contribuir a varios “arreglos” por despidos.

Habrá que ver si ahora, a tono con la realidad de la industria pesquera, donde la merluza ha dejado de ser el objeto más preciado, los dejan hacer foco en el langostino, la tabla de salvación de la pesca nacional. Al menos por ahora.

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Baldino: la fractura de un pulpo que sacude al puerto

Pedro, Pascual y Andrés manejaban la principal flota fresquera del país. Pujas familiares generaron la división de los bienes y el ingreso de hijos y sobrinos, la nueva generación y el langostino como especie objetivo.

Pedro Baldino dice que se llevó la porción más chica de la torta. Busca comprar los fresqueros de Valastro. (Foto: gentileza Revista Puerto)

Maronti es una bahía paradisíaca, de aguas cristalinas, al sur de la isla de Ischia, Italia. De ahí llegaron los Baldino, un apellido que no forma parte del podio de los peces gordos de la pesca marplatense como Moscuzza, Solimeno y Valastro, pero con algunas singularidades que lo dejan cerca.

Maronti también es una de las empresas símbolo del Grupo empresario, que en este último año atravesó un proceso de separación societaria entre los tres hermanos, Pedro, Pascual y Andrés, la segunda generación que transformó el saladero familiar de mediados de siglo pasado en un conglomerado de barcos fresqueros que en los últimos 20 años no dejó de crecer.

Acusados por la Afip en la década pasada de ser uno de los mayores evasores de la ciudad, el grupo compró barcos de Barillari y se extendió hacia la Patagonia donde compró dos barcos de Harengus y en Madryn se quedó por un tiempo con la multinacional Alpesca.

Muchos vieron en esa maniobra un símbolo del triunfo del modelo marplatense, atado a la subdeclaración de merluza y la precariedad laboral, sobre un esquema pesquero sustentable y atado a las reglas.

Los sabuesos de la Afip habían descubierto facturas apócrifas a partir de las cuales las empresas del Grupo creaban gastos para evadir obligaciones impositivas. La causa terminó hace siete años con los contribuyentes allanándose a un plan de pagos del que no se conocieron detalles.

La Justicia ni la Afip fueron obstáculo para que el patrimonio de las empresas creciera y el grupo se fuera diversificando hacia otras especies y tipos de captura: buques poteros para el calamar y también congeladores para merluza y especies australes.

Mientras la familia estuvo unida, entre todos detentaron la mayor cuota de merluza hubbsi de la flota nacional. Pero los hermanos Baldino no generan puestos de trabajo en tierra para el procesamiento de la materia prima que aportan sus barcos.

Así lo reconoció Cristina Ledesma, secretaria General del Soip, hace un tiempo en un reportaje a Revista Puerto, en el que trazaba un panorama más que preocupante sobre la realidad de los trabajadores.

Parte de la disminución de merluza que llegó a los muelles este año lo explicaban por la situación particular que atravesaban los hermanos Baldino, con internas familiares y pujas de la nueva generación por hacerse un lugar con más protagonismo en la estructura del grupo.

“La familia crece”, reconoció Pedro ante la consulta de este cronista hace un tiempo, sobre la fractura del grupo, a la que calificó como “pésima para mí”. La estructura productiva de los Baldino quedó dividida en 3 partes. Los hermanos Pedro y Pascual por un lado, Andrés y su hijo Antonio (Toro chico) por otro, y los hijos de Pascual, Antonio (Toro grande) y Jorge, conforman la tercera pata.

“No es cierto que no tenga trabajadores registrados; tenemos casi 800 tripulantes; siempre fui un dador de materia prima. Solo exporto con los congeladores, pero estoy en retirada”, aseguró Pedro al rechazar las versiones que indicaban que había comprado la explanta de Panatti, en Posadas y Ortíz de Zárate.

En los últimos días corrió con fuerza el rumor que Pedro se quedaba con los tres barcos fresqueros de Giorno (Valastro): “Mellino I”, “Margot” y “Mellino VI” que en parte los pagaba con la cuota de merluza del congelador Harengus.

La idea sería reconvertirlos para pedir porción de “especies no cuotificadas”, como también lo llaman al langostino en el Concejo Federal Pesquero. “Estamos negociando no está arreglado, faltan detalles”, me dijo el empresario la semana pasada.

“Esta todo cerrado, hay problemas porque no quiere incorporar a un grupo de marineros, pero te aviso cuando firmen”, le dijo otra fuente del sector a este cronista.

Si Baldino no procesa su pescado saber quién lo hace es entrar en un laberinto que se ramifica en varios caminos. Muchos son armadores que a su vez procesan pescado y los auxilia cuando no tienen materia prima propia.

En el Soip identifican a Chulimar, de “El Chuli”, como el principal comprador de la merluza que traen los barcos de Baldino. Este emprendimiento no solo procesa con personal no registrado sino que entrega materia prima a otros circuitos informales. Lo mismo que hacía Roberto Funes antes de esfumarse cuando se cortó el chorro de merluza que no aparecía en los partes de pesca.

Empresas asociadas a Cafrexport también compran pescado de Baldino, con personal cooperativizado que en su mayoría recibe un garantizado. “Cuando se satura vende a plaza”, dijo un asociado a la Cámara.

Loba Pesquera es una de las empresas que más compraba en ese mercado. En pasado porque una deuda de entre 8 y 10 millones de pesos frenó la llegada de materia prima a las fasoneras de Loba.

Para achicar parte de esa deuda, Maronti, la razón social que manejan Andrés y “Toro”, se quedaron con un depósito de 3500 m2 de Loba, donde piensan montar una cámara frigorífica para almacenar pescado entero.

Barcos para pescarla no le faltan. Maronti es la empresa armadora de los fresqueros “Mar Esmeralda”, “Kanxope” y “Altalena”, los barcos que eran de Barillari. Además tienen los poteros Abrumasa 29 y Mishima Maru 8.

Pascual y sus dos hijos, Jorge y Antonio manejan los dos congeladores: Coalsa y Beagle, bajo la razón social “Nietos de Antonio Baldino”. También tienen bajo su ala el “San Pascual”, “Pedrito”, “San Jorge Mártir”, “Virgen María Inmaculada”, “Sant Antonio” y el potero “Arbumasa 27”, bajo las empresas “Pesanflor”, “Bal Fish” y “Baldimar”. En tierra se quedaron con el exFrigorífico Mellino y la fábrica de Antonio Baldino en calle Triunvirato al 700.

Con la empresa “Antonio Baldino e Hijos”, Pedro se quedó con el “Marcala I”, “Harengus”, el “Cabo San Juan” y “Cabo San Lucas” y el potero “Madre Inmaculada”.

Baldino refiere que la flota se movió despacio este año porque se cayeron las ventas. “Si entrás con 3 o 4 barcos no tenés a quien venderle y el precio se cae todavía más”, señaló al tiempo que reconoció que debió vender algunos barcos porque el costo de extracción “se hace a pérdida”.

En la lista de buques vendidos figuran el “San Andrés”, que fue cedido a Leandro Chicolella a través de un leasing. El “Santa Rita” lo adquirió “Gaad Group”. El “Ponte Coruxo” pasó a manos de Jorge Calvo y Hugo Mazari, que manejan el ex (?) frigorífico de Barillari en José Hernández 69.

El grupo Baldino parece desmembrarse en varios brazos pero no pierde su esencia de empresa diversificada, que se concentra en la captura y se desentiende del procesamiento, aunque como dador solidario de pescado ha tenido que contribuir a varios “arreglos” por despidos.

Habrá que ver si ahora, a tono con la realidad de la industria pesquera, donde la merluza ha dejado de ser el objeto más preciado, los dejan hacer foco en el langostino, la tabla de salvación de la pesca nacional. Al menos por ahora.

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