La voz ausente y los objetivos literarios de Gabriel Rolón

Por Bernabé Tolosa

Gabriel Rolón presentó su última novela en el ciclo Verano Planeta. La voz ausente, segunda novela protagonizada por Pablo Rouviot, bucea en las pasiones humanas para desencadenar en una sólida narración.

La palabra puede ser pensada como ingrediente de humanidad. Hoy en día, donde tenemos la sensación de haber perdido muchas veces ese don del grito, así como el del silencio, es fascinante poder hacer un nosotros a través de ella. Se trata de un hermoso ejercicio de comunión el que se puede lograr a través de la palabra, sobre todo aquella palabra que guarda detrás pensamientos. Por supuesto que el silencio también nos iguala, a pesar de que no hay silencios iguales, pero la palabra a través de la voz, esa que no es ni tuya ni de otro, es presencia que nos coloca en un mismo mundo. Pero si los silencios distinguen y las palabras son bellas, sin dudarlo, debo decir que sus ecos también. Esos ecos que se leen y que nos disparan a otras voces. Interesantes voces que llenan faltantes, ya que el arte siempre surge de alguna ausencia.

Gabriel Rolón (el solo nombrarlo alcanza para que la gran mayoría tire alguna referencia sobre sobre él como: el compañero de Dolina, el psicoanalista, el escritor o el músico), agrega, “el arte siempre va de la mano de algo perdido. La ausencia como esencia del arte o de la filosofía”.

Rolón presenta su última novela diciendo que “No podía darle forma en mi mente, hasta que la encontré y pude desarrollar toda la historia”. La voz ausente (Planeta 2018), llega con algunos años de atraso, tres para ser exactos, pero la espera vale la pena.

La nueva obra cuenta con la misma estructura de personajes que Los padecientes (Planeta 2000). A ocho años de aquella, proyecto que fue pensado como una tríada, el autor sostiene que “Trabajé mucho tiempo esta novela, no le terminaba de encontrar la vuelta. Esto surge de una semilla maligna, que plantó en mí, mi amigo Fernando, el verdadero gitano. Él, cuando terminó de leer Los padecientes, me dijo que soñaba con una novela que empiece así: se abre una puerta y hay un analista muerto en ese lugar totalmente cerrado, con un tiro en la cabeza. No sé qué más pasa, me dijo, pero yo sueño con una novela que empiece así. Mirá que bueno, le dije, recojo el guante, yo la voy a escribir”.

-Es una novela cargada de intertextualidad. Platón, Nietszche, Victor Hugo, Oscar Wilde, Kafka y hasta letras de tango, son parte importante de la trama.

- No quería cambiar la historia que me había propuesto escribir, pero no le encontraba la vuelta con las herramientas que tiene Rouviot, el protagonista, para resolver la trama. No es policía y no va a buscar huellas digitales o alguna otra cosa para resolver el caso. Entonces, ¿cómo salgo de ahí? y ¿cómo se conecta el protagonista con el posible causante de este asesinato? Si es que lo fue, porque muchos van a decir que es suicidio y además corre contra el tiempo, porque están por cerrar el caso. Y justamente todos estos años estuve pensando cual es la manera de salir del atolladero de esa habitación con las herramientas de Rouviot, para no hacerle trampas al lector. Y en un momento cayó la intertextualidad como una herramienta que podía utilizar y además me permitía concretar un sueño, o el intento al menos, que tenía.

-¿Qué sueño?

- El de escribir un libro como aquellos que a mí me marcaron. Uno como aquellos libros que tienen básicamente tres características: una es que lo leés con pasión, que te llevan a devorarlo. Yo quería que el púbico se quedara un rato con este libro, porque a mí los libros que me marcaron me dejaron cosas que yo no conocía o no sabía, me dejaron ideas, emociones, preguntas que antes no me surgían. Entonces dije, aprovechemos y escribamos una trama que agarre al lector, pero que también le deje conceptos de filosofía, del psicoanálisis, literarios. Además hay un tercer elemento, que es que un buen libro te abre la puerta a ir a la biblioteca a buscar otro. Y es lo que intenté en este.

La charla deviene rizomáticamente. Si bien no abandonamos la novela como eje disparador, cada una de las preguntas sobre ella dispara conceptos y lecturas sobre la vida, sobre lo existencial de nuestro camino. Así, la pregunta por el título, disparará un momento muy emotivo, al recordar la figura paterna. La voz ausente, esa ausencia como presencia que, como tantas otras, nos acompañan.

“El título tiene que ver con que hay un cuerpo sin voz que es el cuerpo del gitano y que, justamente, es la voz que podría develar el misterio y no está. Es decir Rouviot se desespera, porque si pudiera hablar diez segundos con su amigo, se podría aclarar todo. Esa voz daría la verdad de aquello que él quiere dilucidar y no puede. Entonces allí hay un cuerpo sin voz. Pero después en la trama el protagonista se lleva por delante una voz sin cuerpo, que es la voz que él cree que puede ser el homicida o delincuente. Entonces tiene un cuerpo sin voz y una voz sin cuerpo y me pareció acertado el nombre, es muy musical y muy atractivo”, dice.

La importancia de aquella voz en la trama, queda por un momento al margen de la charla. La voz de cada uno de nosotros. Esa voz que se pierde cuando nos emocionamos, cuando nos asustamos. Esa voz que desconocés si te escuchás en una grabación, pero que hace que muchos te conozcan aun sin verte. ¿De quién es esa voz entonces?

“Como analista pongo el acento en algo importante ahí, y es que la voz no pertenece a nadie. Es decir, porque tu voz no es parte de tu cuerpo. Parte de tu cuerpo es tu aparato fonatorio, tu boca, tu lengua, tus cuerdas vocales, pero tu voz no. En realidad es y no es tuya, es y no es de los demás, entonces ¿dónde está esa voz que es y no es tuya? Ahí hay algo de tu cuerpo que se pierde, y es tu voz. Como en la mirada, tuyo son tus ojos, pero la mirada no”, argumenta.

-¿Y hay voces que nos siguen por la vida?

-Sí, claro. Lacan decía, para vos que hacés radio hace ya tiempo, “el hombre que hace radio todo el tiempo conversa con sus muertos”. Porque todo el tiempo mientras hablás, reflexionás, mientras te acordás de algo te vienen justamente las voces de esos que ya no están. Y no pienso solo en tu abuelo o tu viejo que ya no están, o el mismo Bernabé que ya ha muerto, es decir aquel niño o

adolescente que vivía a un ritmo más alocado y que este hombre de hoy ya no tiene, pero que desde algún lugar te habla, sino también la cosas que leíste. Si no ¿qué otra cosa es un libro? Decía el poeta Quevedo,” un libro como la posibilidad de escuchar a los muertos con los ojos”.

-Y esas voces ¿son verdad o somos nosotros mismos releyendo?

-Sí, son verdad, claro. Voy a parecer antiperonista en esto, pero es así, la verdad no es la realidad. A ver, en política, no entender que la única verdad es la realidad es tan peligroso, como para un analista o pensador creer que la única verdad es la realidad. Porque lo que funciona en la política no funciona en otros lugares, no funciona en el arte, en el psicoanálisis, en la filosofía. Nosotros entendemos como analistas que la verdad es la verdad del sujeto, no es la realidad. El otro día me pasó con un paciente que venía de perder a su padre, al que durante años me describió como un ser siniestro, tremendo, difícil. Y de pronto me pinta a otra persona completamente distinta. Me dice que aprendió mucho de aquel padre que tuvo, es decir su verdad estaba cambiando. Más allá del padre real, que seguramente está a mitad de aquel que él detestaba y este que él añora, pero él va construyendo su verdad y cuando la voz te llega, esa voz es verdadera. No quiere decir que sea real y que dé cuenta de una realidad, pero en vos te recorre con peso de verdad.

- Me pasa a veces, que me parece totalmente injusto el universo todo, porque no voy a poder escuchar más la voz de mi viejo.

-Es desesperante. A mí me pasó exactamente lo mismo. Además porque no me acuerdo ya de su voz. Y me duele eso. Hace un tiempo me pasó algo, llaman por teléfono a mi casa y yo atiendo. Me dicen: hola negro. Y era mi papá. Y me agarró una cosa que se me llevaron los ojos de lágrimas y mi mente luchó por un instante entre la locura de pensar que me estaba llamando mi viejo y la convicción de que no puede ser porque mi viejo está muerto, pero nadie me llamaba así después de él. Y me quedé hasta que me dijo, te habla el tío… el hermano de mi papá. Yo nunca me había dado cuenta de que mi tío tenía la misma voz que mi papá. Una aparición casi siniestra, como dice Freud, sobre aquellas cosas que no pueden estar en un lugar donde no pueden estar. Me invadió por un rato y la pasé muy mal ese día, pero muy agradecido también, porque por un momento pude rescatar la voz de mi papa.

En el principio y en el final de la novela se habla de lo mismo. Es decir, está presente el mismo tema pero visto y pensado desde otro lado. El tema es Dios. Y la distancia de la opinión de la página uno con la del final, está en la angustia. Es decir, si como pensaban los griegos antiguos (es una novela cruzada permanentemente con lo helenístico) el círculo que se forma, como redondez, tienen un punto central equidistante a cualquiera de los puntos que lo conforman y esto sería la angustia. Lo vivencial de la existencia. “Es una obsesión de Rouviot y además es una obsesión mía” plantea Rolón. Y agrega, “vos sabés que después de tanto tiempo, después de pensar el tema mucho, llegué a una conclusión. Para mí la felicidad no es más que esa emoción que nos embarga en los momentos en que la vida parece un poco menos injusta. Entonces, esto de que hay ocasiones en que pareciera ser que Dios existe y que el mundo se ordena. Estoy tratando de decir que hay veces en que la vida parece un poco menos injusta. El dolor por haber pedido la voz de mi viejo o vos la del tuyo, hay instantes donde parece menos injustos, ¿cuándo? En esos momentos, en esos pequeños lapsos que llamamos felicidad”.

-¿Qué descubriste últimamente?

- Descubrí que estoy en contra de la esperanza…

-¿Cómo es eso? La esperanza que es un castigo más diría Alejandro Dolina…

- Tal cual. Yo hace poco empecé, a partir de ciertas lecturas, a darme cuenta que si hay alguna forma de salir del infierno del dolor, esa posibilidad está en abandonar la esperanza. Porque la esperanza es una emoción que tiene que ver con un deseo de algo que no tenés y que no sabés si te va a ocurrir y de algo que no depende de vos. Es decir, te dejó la persona que amás y tenés la esperanza de que vuelva, ¿por qué? porque no sabés si va a volver, no depende de vos y no la tenés. Entonces, cada vez que alguien nos invita a una situación con esperanza, es una invitación a no poder disfrutar, de sentirnos ignorantes y estar impotentizados. Entonces, la esperanza ha detenido a la humanidad durante los doce siglos de la Edad Media, por esa esperanza de que después de muerto vendrá lo mejor. El mundo se puso en movimiento cuando Descartes dijo: señores, “pienso y luego existo”. Que el ser humano se apropie de sus cosas y de su mundo y ahí perdimos la esperanza y le dimos lugar al deseo. Entonces me he dado cuenta de que estar esperanzado no es una buena cosa.

Volvemos a los griegos antiguos. Para ellos, Pandora, la que tenía todos los dones de los dioses, abre la caja que le dio Zeus y deja escapar a todos. En realidad a casi todos, queda allí Elpis, el espíritu de la esperanza. Es decir, estaba la esperanza en la caja con las penurias. Ya dijimos que no logra salir, de allí el dicho de que la esperanza es lo último que se pierde. La esperanza como lo último para el ser humano, como lo incompleto, ya que esperará sin saber qué, ni cuándo, ni por qué. Solo la tristeza de lo no alcanzado lo acompañará y no habrá esperanza que pueda remediar ese vacío.

-Eso trae tristeza. Noto mucha gente triste, muchos chicos tristes hoy en día.

- Pero ¿sabes por qué hay tristeza? Porque la gente se esperanzó. La madre de toda tristeza y de toda frustración es la esperanza. Yo no quiero más ese discurso vacío de la esperanza, vos no tenés esperanza de hacer un buen programa, vos te preparas para hacer un buen programa, y tenés convicción y leés y estudias. Y lo digo en un año donde a los argentinos nos esperan discursos vacíos y esperanzados. Yo invito a que no le permitamos a la gente que nos inunde de esperanza porque necesito que me digas cómo lo vas a hacer y si tenés herramientas y capacidad para hacerlo, así como conocimiento y decisión.

En la charla quedan talladas algunas angustias. Angustias que nos hacen humanos y que se convierten en literatura para así mudar en una imagen del mundo todo.

Sinopsis de La voz ausente

Las cosas no siempre son como parecen, y cuanto más cerca aparenta estar el mundo de cierta calma, mayor suele ser la tormenta que se gesta en lo inesperado. Un rayo acaba en segundos con la ensoñación de Pablo Rouviot después de disfrutar de un concierto de violín de una de sus pacientes: su mejor amigo, José, “el Gitano”, fue encontrado al borde de la muerte en su consultorio con un tiro en la cabeza. Todo parece indicar un intento de suicidio. Pero Pablo siente que no es así: algo en lo más profundo de su ser le dice que la verdad es otra, y una vez más debe jugarse la vida para llegar al grado cero de un presente imposible de poner en palabras. Llevado por un impulso que lo empuja al límite de lo irracional, el licenciado Rouviot, con la ayuda de su fiel compañero, el subcomisario Bermúdez, se interna en una trama incierta, un universo críptico y siniestro, con leyes propias, en el que el develamiento de un secreto familiar lo deja cara a cara con un enemigo oscuro, inteligente y peligroso. Casi sin darse cuenta, se sumerge en una historia en la que deberá poner en juego sus herramientas analíticas para esclarecer la investigación policial, sin sospechar que a cada paso se irá convirtiendo en una potencial víctima. Vértigo, erotismo, juegos riesgosos que tienen a la muerte como protagonista hacen de La voz ausente un thriller psicológico trepidante que genera en el lector sensaciones tan extremas como desconocidas. Un libro que confirma definitivamente a Gabriel Rolón como uno de los narradores más sólidos y efectivos a la hora de bucear en las turbulentas aguas de las pasiones humanas.

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La voz ausente y los objetivos literarios de Gabriel Rolón

Gabriel Rolón presentó su última novela en el ciclo Verano Planeta. La voz ausente, segunda novela protagonizada por Pablo Rouviot, bucea en las pasiones humanas para desencadenar en una sólida narración.

La palabra puede ser pensada como ingrediente de humanidad. Hoy en día, donde tenemos la sensación de haber perdido muchas veces ese don del grito, así como el del silencio, es fascinante poder hacer un nosotros a través de ella. Se trata de un hermoso ejercicio de comunión el que se puede lograr a través de la palabra, sobre todo aquella palabra que guarda detrás pensamientos. Por supuesto que el silencio también nos iguala, a pesar de que no hay silencios iguales, pero la palabra a través de la voz, esa que no es ni tuya ni de otro, es presencia que nos coloca en un mismo mundo. Pero si los silencios distinguen y las palabras son bellas, sin dudarlo, debo decir que sus ecos también. Esos ecos que se leen y que nos disparan a otras voces. Interesantes voces que llenan faltantes, ya que el arte siempre surge de alguna ausencia.

Gabriel Rolón (el solo nombrarlo alcanza para que la gran mayoría tire alguna referencia sobre sobre él como: el compañero de Dolina, el psicoanalista, el escritor o el músico), agrega, “el arte siempre va de la mano de algo perdido. La ausencia como esencia del arte o de la filosofía”.

Rolón presenta su última novela diciendo que “No podía darle forma en mi mente, hasta que la encontré y pude desarrollar toda la historia”. La voz ausente (Planeta 2018), llega con algunos años de atraso, tres para ser exactos, pero la espera vale la pena.

La nueva obra cuenta con la misma estructura de personajes que Los padecientes (Planeta 2000). A ocho años de aquella, proyecto que fue pensado como una tríada, el autor sostiene que “Trabajé mucho tiempo esta novela, no le terminaba de encontrar la vuelta. Esto surge de una semilla maligna, que plantó en mí, mi amigo Fernando, el verdadero gitano. Él, cuando terminó de leer Los padecientes, me dijo que soñaba con una novela que empiece así: se abre una puerta y hay un analista muerto en ese lugar totalmente cerrado, con un tiro en la cabeza. No sé qué más pasa, me dijo, pero yo sueño con una novela que empiece así. Mirá que bueno, le dije, recojo el guante, yo la voy a escribir”.

-Es una novela cargada de intertextualidad. Platón, Nietszche, Victor Hugo, Oscar Wilde, Kafka y hasta letras de tango, son parte importante de la trama.

- No quería cambiar la historia que me había propuesto escribir, pero no le encontraba la vuelta con las herramientas que tiene Rouviot, el protagonista, para resolver la trama. No es policía y no va a buscar huellas digitales o alguna otra cosa para resolver el caso. Entonces, ¿cómo salgo de ahí? y ¿cómo se conecta el protagonista con el posible causante de este asesinato? Si es que lo fue, porque muchos van a decir que es suicidio y además corre contra el tiempo, porque están por cerrar el caso. Y justamente todos estos años estuve pensando cual es la manera de salir del atolladero de esa habitación con las herramientas de Rouviot, para no hacerle trampas al lector. Y en un momento cayó la intertextualidad como una herramienta que podía utilizar y además me permitía concretar un sueño, o el intento al menos, que tenía.

-¿Qué sueño?

- El de escribir un libro como aquellos que a mí me marcaron. Uno como aquellos libros que tienen básicamente tres características: una es que lo leés con pasión, que te llevan a devorarlo. Yo quería que el púbico se quedara un rato con este libro, porque a mí los libros que me marcaron me dejaron cosas que yo no conocía o no sabía, me dejaron ideas, emociones, preguntas que antes no me surgían. Entonces dije, aprovechemos y escribamos una trama que agarre al lector, pero que también le deje conceptos de filosofía, del psicoanálisis, literarios. Además hay un tercer elemento, que es que un buen libro te abre la puerta a ir a la biblioteca a buscar otro. Y es lo que intenté en este.

La charla deviene rizomáticamente. Si bien no abandonamos la novela como eje disparador, cada una de las preguntas sobre ella dispara conceptos y lecturas sobre la vida, sobre lo existencial de nuestro camino. Así, la pregunta por el título, disparará un momento muy emotivo, al recordar la figura paterna. La voz ausente, esa ausencia como presencia que, como tantas otras, nos acompañan.

“El título tiene que ver con que hay un cuerpo sin voz que es el cuerpo del gitano y que, justamente, es la voz que podría develar el misterio y no está. Es decir Rouviot se desespera, porque si pudiera hablar diez segundos con su amigo, se podría aclarar todo. Esa voz daría la verdad de aquello que él quiere dilucidar y no puede. Entonces allí hay un cuerpo sin voz. Pero después en la trama el protagonista se lleva por delante una voz sin cuerpo, que es la voz que él cree que puede ser el homicida o delincuente. Entonces tiene un cuerpo sin voz y una voz sin cuerpo y me pareció acertado el nombre, es muy musical y muy atractivo”, dice.

La importancia de aquella voz en la trama, queda por un momento al margen de la charla. La voz de cada uno de nosotros. Esa voz que se pierde cuando nos emocionamos, cuando nos asustamos. Esa voz que desconocés si te escuchás en una grabación, pero que hace que muchos te conozcan aun sin verte. ¿De quién es esa voz entonces?

“Como analista pongo el acento en algo importante ahí, y es que la voz no pertenece a nadie. Es decir, porque tu voz no es parte de tu cuerpo. Parte de tu cuerpo es tu aparato fonatorio, tu boca, tu lengua, tus cuerdas vocales, pero tu voz no. En realidad es y no es tuya, es y no es de los demás, entonces ¿dónde está esa voz que es y no es tuya? Ahí hay algo de tu cuerpo que se pierde, y es tu voz. Como en la mirada, tuyo son tus ojos, pero la mirada no”, argumenta.

-¿Y hay voces que nos siguen por la vida?

-Sí, claro. Lacan decía, para vos que hacés radio hace ya tiempo, “el hombre que hace radio todo el tiempo conversa con sus muertos”. Porque todo el tiempo mientras hablás, reflexionás, mientras te acordás de algo te vienen justamente las voces de esos que ya no están. Y no pienso solo en tu abuelo o tu viejo que ya no están, o el mismo Bernabé que ya ha muerto, es decir aquel niño o

adolescente que vivía a un ritmo más alocado y que este hombre de hoy ya no tiene, pero que desde algún lugar te habla, sino también la cosas que leíste. Si no ¿qué otra cosa es un libro? Decía el poeta Quevedo,” un libro como la posibilidad de escuchar a los muertos con los ojos”.

-Y esas voces ¿son verdad o somos nosotros mismos releyendo?

-Sí, son verdad, claro. Voy a parecer antiperonista en esto, pero es así, la verdad no es la realidad. A ver, en política, no entender que la única verdad es la realidad es tan peligroso, como para un analista o pensador creer que la única verdad es la realidad. Porque lo que funciona en la política no funciona en otros lugares, no funciona en el arte, en el psicoanálisis, en la filosofía. Nosotros entendemos como analistas que la verdad es la verdad del sujeto, no es la realidad. El otro día me pasó con un paciente que venía de perder a su padre, al que durante años me describió como un ser siniestro, tremendo, difícil. Y de pronto me pinta a otra persona completamente distinta. Me dice que aprendió mucho de aquel padre que tuvo, es decir su verdad estaba cambiando. Más allá del padre real, que seguramente está a mitad de aquel que él detestaba y este que él añora, pero él va construyendo su verdad y cuando la voz te llega, esa voz es verdadera. No quiere decir que sea real y que dé cuenta de una realidad, pero en vos te recorre con peso de verdad.

- Me pasa a veces, que me parece totalmente injusto el universo todo, porque no voy a poder escuchar más la voz de mi viejo.

-Es desesperante. A mí me pasó exactamente lo mismo. Además porque no me acuerdo ya de su voz. Y me duele eso. Hace un tiempo me pasó algo, llaman por teléfono a mi casa y yo atiendo. Me dicen: hola negro. Y era mi papá. Y me agarró una cosa que se me llevaron los ojos de lágrimas y mi mente luchó por un instante entre la locura de pensar que me estaba llamando mi viejo y la convicción de que no puede ser porque mi viejo está muerto, pero nadie me llamaba así después de él. Y me quedé hasta que me dijo, te habla el tío… el hermano de mi papá. Yo nunca me había dado cuenta de que mi tío tenía la misma voz que mi papá. Una aparición casi siniestra, como dice Freud, sobre aquellas cosas que no pueden estar en un lugar donde no pueden estar. Me invadió por un rato y la pasé muy mal ese día, pero muy agradecido también, porque por un momento pude rescatar la voz de mi papa.

En el principio y en el final de la novela se habla de lo mismo. Es decir, está presente el mismo tema pero visto y pensado desde otro lado. El tema es Dios. Y la distancia de la opinión de la página uno con la del final, está en la angustia. Es decir, si como pensaban los griegos antiguos (es una novela cruzada permanentemente con lo helenístico) el círculo que se forma, como redondez, tienen un punto central equidistante a cualquiera de los puntos que lo conforman y esto sería la angustia. Lo vivencial de la existencia. “Es una obsesión de Rouviot y además es una obsesión mía” plantea Rolón. Y agrega, “vos sabés que después de tanto tiempo, después de pensar el tema mucho, llegué a una conclusión. Para mí la felicidad no es más que esa emoción que nos embarga en los momentos en que la vida parece un poco menos injusta. Entonces, esto de que hay ocasiones en que pareciera ser que Dios existe y que el mundo se ordena. Estoy tratando de decir que hay veces en que la vida parece un poco menos injusta. El dolor por haber pedido la voz de mi viejo o vos la del tuyo, hay instantes donde parece menos injustos, ¿cuándo? En esos momentos, en esos pequeños lapsos que llamamos felicidad”.

-¿Qué descubriste últimamente?

- Descubrí que estoy en contra de la esperanza…

-¿Cómo es eso? La esperanza que es un castigo más diría Alejandro Dolina…

- Tal cual. Yo hace poco empecé, a partir de ciertas lecturas, a darme cuenta que si hay alguna forma de salir del infierno del dolor, esa posibilidad está en abandonar la esperanza. Porque la esperanza es una emoción que tiene que ver con un deseo de algo que no tenés y que no sabés si te va a ocurrir y de algo que no depende de vos. Es decir, te dejó la persona que amás y tenés la esperanza de que vuelva, ¿por qué? porque no sabés si va a volver, no depende de vos y no la tenés. Entonces, cada vez que alguien nos invita a una situación con esperanza, es una invitación a no poder disfrutar, de sentirnos ignorantes y estar impotentizados. Entonces, la esperanza ha detenido a la humanidad durante los doce siglos de la Edad Media, por esa esperanza de que después de muerto vendrá lo mejor. El mundo se puso en movimiento cuando Descartes dijo: señores, “pienso y luego existo”. Que el ser humano se apropie de sus cosas y de su mundo y ahí perdimos la esperanza y le dimos lugar al deseo. Entonces me he dado cuenta de que estar esperanzado no es una buena cosa.

Volvemos a los griegos antiguos. Para ellos, Pandora, la que tenía todos los dones de los dioses, abre la caja que le dio Zeus y deja escapar a todos. En realidad a casi todos, queda allí Elpis, el espíritu de la esperanza. Es decir, estaba la esperanza en la caja con las penurias. Ya dijimos que no logra salir, de allí el dicho de que la esperanza es lo último que se pierde. La esperanza como lo último para el ser humano, como lo incompleto, ya que esperará sin saber qué, ni cuándo, ni por qué. Solo la tristeza de lo no alcanzado lo acompañará y no habrá esperanza que pueda remediar ese vacío.

-Eso trae tristeza. Noto mucha gente triste, muchos chicos tristes hoy en día.

- Pero ¿sabes por qué hay tristeza? Porque la gente se esperanzó. La madre de toda tristeza y de toda frustración es la esperanza. Yo no quiero más ese discurso vacío de la esperanza, vos no tenés esperanza de hacer un buen programa, vos te preparas para hacer un buen programa, y tenés convicción y leés y estudias. Y lo digo en un año donde a los argentinos nos esperan discursos vacíos y esperanzados. Yo invito a que no le permitamos a la gente que nos inunde de esperanza porque necesito que me digas cómo lo vas a hacer y si tenés herramientas y capacidad para hacerlo, así como conocimiento y decisión.

En la charla quedan talladas algunas angustias. Angustias que nos hacen humanos y que se convierten en literatura para así mudar en una imagen del mundo todo.

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