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El escribiente

17 de Noviembre de 2019 10:58

El sueño de la crisálida de Vanessa Montfort, buscando evitar que te devore el tiempo

Vanessa Montfort se define como una contadora de historias. En su nueva novela, El sueño de la crisálida, busca una transformación que nos humanice y nos permita ver y gozar de aquello que no es, quizás,  lo urgente  pero si lo importante para cada uno de nosotros en esta vida.

Esta novela comienza con el diálogo de dos mujeres que viajan en avión. Un diálogo donde cada pregunta y cada respuesta  implica también algo personal del lector. Quizás el momento de más empatía se da cuando Patricia, una ex periodista que hace años sufrió acoso laboral, y Greta, una ex monja, a pesar de sus diferentes vidas se dan cuenta de que comparten algo: ninguna de las dos se ha detenido a mirar un atardecer. Imposible, a la hora de su lectura, recordar a nuestro Jacinto Piedra diciendo en sus versos, algo atrás en el tiempo: “Contemplando el cielo miro como pasan las nubes que el Hombre deja morir sin mirarlas”.

El sueño de la crisálida es la nueva novela de Vanessa Montfort (P&J, 2019). En ella narra la amistad de dos mujeres que conocieron el infierno del acoso laboral y psicológico,  y que fueron marcadas a fuego por mandatos, etiquetas y revoluciones culturales. Patricia es una periodista a la que una grave crisis de ansiedad le obliga a replantearse su vertiginosa vida profesional, que ha afectado a la relación con su familia, amigos y pareja. Es en ese momento cuando conoce en un avión a Greta, quien tuvo que rebelarse contra una sociedad que la rechazaba. Es así que toma forma una historia apasionante y esperanzadora que combina emoción, intriga y actualidad. La historia está enmarcada en la sociedad del siglo XXI, que, debido a la prisa, el consumismo, las adicciones digitales y la autoexigencia, nos ha convertido en esclavos de lo urgente para hacernos olvidar lo importante.

-Entonces ¿qué nos perdemos al no poder/saber disfrutar de un atardecer?

- Es un síntoma de algo muy insalubre mentalmente porque eso está todos los días ahí y entonces eso está diciendo que no te detienes un solo segundo a verlo;  esa rueda del hámster sin meta ni alivio en la que estamos, es decir,  cuando la vida va tan deprisa, normalmente no tenemos tiempo para detenernos en lo importante. Es decir que sustituimos constantemente lo importante por lo urgente y para lo importante nunca hay tiempo porque siempre habrá algo urgente que probablemente no será lo que más te interesa. Pero es esta obsesión, así como tenemos esta otra de recoger un WhatsApp en el momento, por la inmediatez. Claro,  hay cosas que visto así no son urgentes, por ejemplo ver un atardecer no es urgente. Sin embargo te puede hacer muy feliz o puede ser ese momento solo para tí. Estas dos mujeres tienen eso en común por motivos muy distintos (por un aislamiento que ha vivido una por sus condiciones laborales y la otra por estar hiperconectada, lo que a veces produce un aislamiento mayor)  no se han detenido en ver un atardecer, que es donde se encuentran sus miradas a través de la ventanilla.

- Además, creo, tiene que ver con creer que tenemos todo el tiempo del mundo, entonces lo vamos posponiendo para un mañana que no es nuestro…

- Es lo primero  que entiendes cuando lees un poco de filosofía budista, que es algo irresponsable y vanidoso pensar que no te vas a morir nunca. La gente te dice “tienes toda la vida” y no es así. Hay una frase en esta novela que dice “tienes toda la vida pero no todo el tiempo del mundo”.

Vanessa Montfort  asegura que lo que escribe, en realidad, es el subconsciente. “El mío, concretamente,  estaba buscando una novela que se centre  por un lado en las transformaciones y  por otro, en personas que se oponen al consenso de alguna manera”. La caracteriza como una historia llena de rebeldes con causa  más allá de las dos protagonistas. “Hay un montón de cosas que damos por hecho o de estilos de vida que en un momento dado tú puedes decidir romper. Claro que a veces es como darte contra una pared porque vas a contracorriente, pero yo me dí cuenta de que estamos viviendo demasiado de prisa y muy desconectados. Mi pasado periodista me hace saber que a veces el exceso de información conduce a la desinformación y, por lo tanto,  tanta conectividad conduce al aislamiento también. Entonces, dándole vuelta a todo esto, estaba  viendo como uno se transforma en otra cosa, como se puede romper esa cadena, cuando de repente me encuentro con una persona real que me cuenta una historia” me dice.

-¿Greta existe,  entonces?

- Sí. Esa persona ha terminado siendo Greta en la novela. Ahí decidí, además de, por primera vez,  beber de mis propias experiencias también, meterme en hacer una gran entrevista a una mujer que, víctima de una injusticia, se decide a transformase en algo más fuerte y algo más libre.

Es así, entonces, que surge un ser humano que es capaz  de hacer todo ese proceso de transformación, como la mariposa, que es lo opuesto a la resignación. Es decir, hablamos de un animal que está resignado a arrastrarse por la tierra y de repente se deshace por completo, conservando solo el corazón y el cerebro, (metáfora hermosa)  y  a partir de ahí reconstruye un nuevo esqueleto, una piel más fuerte, unos ojos que tienen la capacidad de ver lo que antes no podían ver, un radar y un par de alas. Es decir, convertirse en algo totalmente renovado.

Greta es de esos personajes que uno reivindica en cualquier historia. Un personaje centrado, pensante y con una capacidad de lectura de la vida tremenda. Montfort la describe como “una ex religiosa de origen colombiano que viaja a España luego de haber vivido un auténtico maltrato dentro de la institución (del maltrato que reciben las religiosas generalmente no se habla). Y agrega, “Ojo no es una novela anticlerical, porque no es lo que me interesa, ya que también hablo del maltrato dentro del mundo de la ciencia con otro personaje y,  por supuesto,  Patricia a la que le pasó algo parecido en el mundo del periodismo” aclara.  

Así es que  todos estos personajes se juntan a hablar y cada uno trata de ayudar al otro personaje a dar voz a su injusticia. Pero el gran detalle es que nadie se da cuenta que aquella que ayuda puede terminar siendo la ayudada  porque consigue ver su mundo con ojos nuevos.

El marco teórico de El sueño de la crisálida es la obra del filósofo coreano Byung-Chul-Han. Sobre todo su obra La sociedad del cansancio  (Herder, 2017). En él se dice: “El sujeto que se ve forzado a aportar rendimientos y que termina  quedando extenuado y siendo depresivo, por así decirlo, acaba desazonado de sí mismo. Totalmente incapaz de salir de sí mismo. Se siente cansado, hastiado de sí y harto de pelear contra sí mismo. Totalmente incapaz de salir de sí mismo, de estar afuera y confiar en otro y en el mundo, se obceca consigo mismo, lo cual lo conduce, paradójicamente, a la adoración y al vaciamiento del yo”.

Han denuncia así que esta sociedad del cansancio se estimula internamente y no externamente, negando la otredad, perdiendo la empatía y creyendo que al estar más activo se es más libre. Se da así un cansancio que agobia y aleja, saturando la intención del ser humano, produciendo un infarto “al alma”.

Greta, en la novela, es una mujer que sale a un mundo nuevo; que tiene que ocuparse de cosas de las que nunca se ocupó, como alquilar un departamento o abrir una cuenta en un banco. “Ella debe darse cuenta de que nunca ha tenido que arreglarse el cabello y que no sabe cómo siente, cómo ama, que no ha tenido permitido sentir sexualmente y no sabe, entonces, que tendencia sexual tiene. Es decir que es como un recién nacido de 33 años  que de repente te dice que ella acepta que vivió así, pero también te pregunta por qué el resto duerme  tomando ansiolíticos, por qué corremos de un lado para el otro mirando un dispositivo móvil y por qué no somos capaces de ver a nuestra madre que está a diez minutos y  en su lugar le mandas un WhatsApp” sostiene. Y agrega, “Tú crees que es sano dormir mordiendo un plástico y no plantearte qué estilo de vida llevas y por qué tú tampoco eres capaz  de ver un atardecer”.

-Pensaba en La metamorfosis de Kafka, donde esos cambios deshumanizan, lo contrario a lo que ocurre acá, que esos cambios buscan que nos pensemos y transformemos en más humanos.

- Es que precisamente es una novela que habla constantemente sobre la necesidad de empatizar y de que la tecnología sea algo que acerque y no algo que aleje. Walter Benjamín, a quien cito bastante en este libro, dice que el ser humano cuando se aburrió de caminar comenzó a bailar, pero para hacerlo tuvo primero que caminar mucho. Es decir, hay un muy productivo aburrimiento de donde sale la luz y el alumbramiento de una idea del tipo de ¿estoy viviendo como quiero vivir? O ¿qué era exactamente lo que yo quería hacer? O ¿con qué sueño? Son preguntas que no te das tiempo a hacerte porque no te das tiempo a aburrirte porque estamos acostumbrados a llenar cada segundo de nuestra vida de ruido.

Los antiguos Griegos entendían el ocio como un tiempo para contemplar o para crear belleza. Montfort agrega, “Es que nos han hecho creer que debemos ser productivos todo el tiempo, pero ¿productivos para quién? Entonces parece que estamos perdiendo el tiempo y a veces es muy productivo el no hacer nada o hacer o ver algo que en teoría no sea útil a priori, como ver un atardecer. Quizás no sea útil pero sí absolutamente necesarias, como si fuese una celebración”.

Han sostiene que el tiempo de fiesta, “el tiempo sublime es un tiempo colmado, a diferencia del tiempo laboral como tiempo vacío que meramente se trata de rellenar y que se mueve entre el aburrimiento y la laboriosidad”.

Decían los antiguos que la fiesta es el acontecimiento, el lugar donde se está junto a los dioses, es más, decían que uno se volvía divino. Es decir que mientras trabajamos y producimos por el mero estímulo interno  no somos ni siquiera nosotros mismos, mucho menos divinos.

Vanessa Montfort se define como una contadora de historias. Para ella lo primordial es la narración, pero una narración que emocione al lector. Refuerza la idea sosteniendo que “si no consigo eso, por muy perfecta que sea una novela, si tú no consigues hacer un impacto emocional en el lector, para mí es una novela fallida, esa novela será perfectamente olvidable por la simple razón de que le falta empatía”.

Esta historia permite pensarnos. Permite también darnos cuenta de que corremos al tiempo desde atrás en vano ya que es tan difícil de cazar como una mariposa. Y al igual que ella, aunque lo persigamos, dice Garaku, nunca parecen apurados. (Pero nosotros sí)