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Historias de acá

24 de Noviembre de 2019 18:00

100 títulos y una mujer: Romina, la primera conductora de máquinas de la Escuela de Pesca

Rosarina de 38 años, Romina Paredes llegó a Mar del Plata para poder seguir navegando después de que cambiara la ponencia de máquina. Su condición de mujer no fue un impedimento para poder subirse a los barcos ni tampoco motivo de discriminación.

El edificio de la Escuela Nacional de Pesca Comandante Luis Piedra Buena fue el escenario de una historia sin precedentes. Por primera vez, una mujer salió del instituto ubicado en Avenida de los Trabajadores al 600 con un diploma bajo el brazo que la certifica como la única egresada como conductora de máquinas entre otros 99 hombres de dicho establecimiento.

Romina Paredes tiene 38 y oriunda de Rosario, llegó a Mar del Plata a principios de marzo de este año para continuar con su formación académica y así seguir navegando arriba de los barcos. Su condición de mujer ya había sido motivo de orgullo cuando en 2004 se convirtió en la primera motorista afiliada del Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (Siconara). Ahora, puede darse el gusto de ser una de las 20 mujeres que trabajan por las costas del país como conductoras de maquinaria naval y la primera egresada de la mítica escuela del Puerto de Mar del Plata.

En la ceremonia, que tuvo lugar el pasado jueves 14 de noviembre, a través de la secretaria adjunta de la Confederación General del Trabajo (CGT) regional Mar del Plata, Adriana Donzelli, el Siconara le otorgó un reconocimiento especial. Romina fue la única mujer entre los 100 títulos que se entregaron este año.

Ni bien terminó el colegio, Romina decidió seguir los pasos de su hermano mayor, quien se recibió unos años antes que ella. "En Rosario terminábamos la escuela y nos recibíamos de técnico conductor electromecánico. Si tenías ganas, podías ir a la Armada", explicó Romina en declaraciones a 0223. Y si bien había comenzado con la carrera de Educación Física, rápidamente se centró para graduarse de motorista naval.

Después de tantos viajes arriba de los barcos fresqueros, en 2010 quedó embarazada. Y recién seis años después decidió volver a navegar. Pero se topó con un problema. "Cambiaron la ponencia de máquina y me quedó chica la patente. Entonces tenía que resignarme o seguir estudiando. Por eso me vine a Mar del Plata", detalló. Su antiguo diploma de motorista naval le permitió que apenas tuviese que estudiar un solo año en La Feliz, en lugar de dos, a más de 700 kilómetros de distancia de su casa.

Su trabajo es clave arriba del barco. Como su nombre lo indica, básicamente tiene que manejar la máquina del barco y seguir las órdenes de su superior, el oficial de máquinas. "Sería como el motor, es lo que maneja todo. Es el corazón del barco", dimensionó la rosarina de 38 años.

La inclusión de las mujeres es una cuenta pendiente de la sociedad en la actividad, como en muchas otras, signada de creencias y fábulas machistas. Hasta no hace poco, una mujer a bordo de una embarcación era sinónimo de mala suerte. "A veces te dicen que no hay pescado. Pero si la pesca es mala no hay pescado por más que haya mujer o no haya mujer", relató Romina.

Su condición de mujer, cuenta Romina, no ha sido un obstáculo ni un impedimento para desarrollar sus tareas. "Por suerte no tuve malas experiencias. Ni siquiera me sentí discriminada por mi rol de mujer en ningún momento. Mi experiencia laboral ha sido buena. Siempre me tocó gente buena arriba de los barcos. No sé si porque siempre tuve un cargo, como oficial, pero la verdad es que no me puedo quejar", analizó.

El recambio de la flota pesquera es una deuda del Gobierno nacional. Según un relevamiento de la organización Ningún Hundimiento Más, en Mar del Plata hay unos 31 buques que no están en debidas condiciones para salir a altamar y deben ser renovados. "No puedo hablar mucho, nunca navegué en Mar del Plata. Lo que yo veo es que hay que poner plata. Hay que dejar de poner plata para los sobornos y ponerla en los barcos", concluyó