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La falsa mayoría, el peor problema de Arroyo en el Concejo

La falsa mayoría, el peor problema de Arroyo en el Concejo

Por Mariano Suárez

En este espacio se habló una y otra vez de la falta de cintura política del intendente Carlos Arroyo para articular el trabajo entre el Ejecutivo y el Concejo Deliberante. Sin embargo, más allá de todos los errores que pudo cometer, el principal problema que afronta es la falsa mayoría de Cambiemos en el cuerpo legislativo.

Hoy por hoy, no hay ningún impedimento para que el Concejo Deliberante trabaje con normalidad (aunque algunos avizoran un nuevo conflicto con el secretario de Hacienda Hernán Mourelle en breve). Pero parece que nada avanza. El presupuesto, la fiscal impositiva, el aumento del boleto de colectivo, el pliego del servicio, la prórroga de la concesión, las designaciones de los jueces de faltas, el nombramiento de Emiliano Giri en Osse, las licitaciones de playas. Todos temas de peso, algunos de los cuales están trabados y otros ni siquiera se mencionan. Y siempre por la misma razón: no están los votos.

El 10 de diciembre de 2017, Vilma Baragiola consiguió un rotundo triunfo en Mar del Plata, al frente de la lista de Cambiemos. La lista del oficialismo en la ciudad rozó los 50 puntos. La victoria hizo olvidar las dificultades que tuvo que atravesar el espacio para conformar una lista única. El arroyismo quedó relegado, la Coalición Cívica consiguió un lugar preponderante y las distintas vertientes del radicalismo se acomodaron a los codazos. El resultado hizo olvidar esas diferencias y todos hablaron de una mayoría automática para Cambiemos.

Esa mayoría, en la práctica, jamás existió. Y vender un atributo inexistente es lo que hace que a Arroyo todo le cueste el doble. Cada vez que necesita los votos para aprobar un expediente, alguno de los “oficialistas” se para de la vereda opuesta. Y eso genera que los opositores, sin importar el tema, endurezcan su posición. “Si no puede cerrar a los propios que no cuente con nosotros”, repiten los opositores, sin importar el bloque.

¿Es un círculo vicioso sin solución? En algunos casos parece ser así. En otros, juegan otros factores externos que –más tarde de lo aconsejado- terminan destrabando la situación. Los aumentos de boleto de colectivo suelen ser un buen ejemplo de eso. Cuando comienzan a tratarse parece que solo algunos están dispuestos a aprobar el incremento, más allá de que todos reconocen los aumentos de los costos. Tras esas primeras posturas, se desata un conflicto con los choferes de colectivo, se paraliza el transporte y el incremento tarifario se destraba. La historia es repetida y, todo indica, volverá a repetirse en las próximas semanas.

Más allá de las particularidades de cada caso, hay un problema político de fondo. “Con algunos concejales venimos hablando acerca de que es un error decir que somos todos ‘Cambiemos’. Algunos, ya están más afuera que adentro y otros votan todo en contra”, contó un edil.

Uno de los principales apuntados es Mario Rodríguez, que si bien tuvo una línea crítica desde el comienzo de la gestión Arroyo, su posición se agudizó desde que su referente, Ricardo Alfonsín, se distanció de Cambiemos. “La verdad es que ya no deberíamos contarlo como parte de Cambiemos. Está más cerca de Massa que de Macri”, lanzó un oficialista. Por ahora, sigue en el bloque de la UCR.

Otra de las más díscolas es Angélica González, la representante de la Coalición Cívica. La edil que responde al diputado Guillermo Castello es una de las más críticas de la gestión, por lo que también se hace difícil considerarla parte del “oficialismo”.

Solo con esos dos concejales, la mayoría automática de la que algunos se ufanaron se esfuma. Y el problema de los votos comienza. Pero no son los únicos dos. El representante del Pro Guillermo Volponi, menos que sus colegas, suele expresarse en contra de algunas cuestiones del oficialismo, y ni hablar de Guillermo Sáenz Saralegui, quien en las últimas horas dio un portazo de la Agrupación Atlántica e hizo público su apoyo a Baragiola.

Así, los 13 votos que se supone tiene Cambiemos se convierten en 9, 10 u 11. Ninguno de los tres números es suficiente para aprobar una ordenanza. Por eso, Giri no es desginado presidente de Osse. Por eso hay juzgados de falta acéfalos. Y allí es donde se visibilizan los problemas más conocidos: los articuladores del arroyismo en el cuerpo legislativo no funcionan.

Este miércoles eso quedó en evidencia: ningún arroyista pudo defender los proyectos para licitar las playas y quedaron en comisión, sin siquiera hablar del tema. En los últimos tiempos, el vidalista Alejandro Carrancio asumió mayor protagonismo para dialogar con la oposición y, especialmente, con los distintos sectores de Cambiemos. Sin embargo, tiene un límite: no forma parte del arroyismo.

Ese rol, necesariamente, lo debe asumir un hombre del intendente. Siempre el apuntado fue el jefe de la bancada Guillermo Arroyo, pero a juzgar por los resultados, no lo consiguió. Parece difícil que en el último tramo del gobierno logre asumir ese papel y todo indica que de acá a octubre el camino será sinuoso.

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La falsa mayoría, el peor problema de Arroyo en el Concejo

En este espacio se habló una y otra vez de la falta de cintura política del intendente Carlos Arroyo para articular el trabajo entre el Ejecutivo y el Concejo Deliberante. Sin embargo, más allá de todos los errores que pudo cometer, el principal problema que afronta es la falsa mayoría de Cambiemos en el cuerpo legislativo.

Hoy por hoy, no hay ningún impedimento para que el Concejo Deliberante trabaje con normalidad (aunque algunos avizoran un nuevo conflicto con el secretario de Hacienda Hernán Mourelle en breve). Pero parece que nada avanza. El presupuesto, la fiscal impositiva, el aumento del boleto de colectivo, el pliego del servicio, la prórroga de la concesión, las designaciones de los jueces de faltas, el nombramiento de Emiliano Giri en Osse, las licitaciones de playas. Todos temas de peso, algunos de los cuales están trabados y otros ni siquiera se mencionan. Y siempre por la misma razón: no están los votos.

El 10 de diciembre de 2017, Vilma Baragiola consiguió un rotundo triunfo en Mar del Plata, al frente de la lista de Cambiemos. La lista del oficialismo en la ciudad rozó los 50 puntos. La victoria hizo olvidar las dificultades que tuvo que atravesar el espacio para conformar una lista única. El arroyismo quedó relegado, la Coalición Cívica consiguió un lugar preponderante y las distintas vertientes del radicalismo se acomodaron a los codazos. El resultado hizo olvidar esas diferencias y todos hablaron de una mayoría automática para Cambiemos.

Esa mayoría, en la práctica, jamás existió. Y vender un atributo inexistente es lo que hace que a Arroyo todo le cueste el doble. Cada vez que necesita los votos para aprobar un expediente, alguno de los “oficialistas” se para de la vereda opuesta. Y eso genera que los opositores, sin importar el tema, endurezcan su posición. “Si no puede cerrar a los propios que no cuente con nosotros”, repiten los opositores, sin importar el bloque.

¿Es un círculo vicioso sin solución? En algunos casos parece ser así. En otros, juegan otros factores externos que –más tarde de lo aconsejado- terminan destrabando la situación. Los aumentos de boleto de colectivo suelen ser un buen ejemplo de eso. Cuando comienzan a tratarse parece que solo algunos están dispuestos a aprobar el incremento, más allá de que todos reconocen los aumentos de los costos. Tras esas primeras posturas, se desata un conflicto con los choferes de colectivo, se paraliza el transporte y el incremento tarifario se destraba. La historia es repetida y, todo indica, volverá a repetirse en las próximas semanas.

Más allá de las particularidades de cada caso, hay un problema político de fondo. “Con algunos concejales venimos hablando acerca de que es un error decir que somos todos ‘Cambiemos’. Algunos, ya están más afuera que adentro y otros votan todo en contra”, contó un edil.

Uno de los principales apuntados es Mario Rodríguez, que si bien tuvo una línea crítica desde el comienzo de la gestión Arroyo, su posición se agudizó desde que su referente, Ricardo Alfonsín, se distanció de Cambiemos. “La verdad es que ya no deberíamos contarlo como parte de Cambiemos. Está más cerca de Massa que de Macri”, lanzó un oficialista. Por ahora, sigue en el bloque de la UCR.

Otra de las más díscolas es Angélica González, la representante de la Coalición Cívica. La edil que responde al diputado Guillermo Castello es una de las más críticas de la gestión, por lo que también se hace difícil considerarla parte del “oficialismo”.

Solo con esos dos concejales, la mayoría automática de la que algunos se ufanaron se esfuma. Y el problema de los votos comienza. Pero no son los únicos dos. El representante del Pro Guillermo Volponi, menos que sus colegas, suele expresarse en contra de algunas cuestiones del oficialismo, y ni hablar de Guillermo Sáenz Saralegui, quien en las últimas horas dio un portazo de la Agrupación Atlántica e hizo público su apoyo a Baragiola.

Así, los 13 votos que se supone tiene Cambiemos se convierten en 9, 10 u 11. Ninguno de los tres números es suficiente para aprobar una ordenanza. Por eso, Giri no es desginado presidente de Osse. Por eso hay juzgados de falta acéfalos. Y allí es donde se visibilizan los problemas más conocidos: los articuladores del arroyismo en el cuerpo legislativo no funcionan.

Este miércoles eso quedó en evidencia: ningún arroyista pudo defender los proyectos para licitar las playas y quedaron en comisión, sin siquiera hablar del tema. En los últimos tiempos, el vidalista Alejandro Carrancio asumió mayor protagonismo para dialogar con la oposición y, especialmente, con los distintos sectores de Cambiemos. Sin embargo, tiene un límite: no forma parte del arroyismo.

Ese rol, necesariamente, lo debe asumir un hombre del intendente. Siempre el apuntado fue el jefe de la bancada Guillermo Arroyo, pero a juzgar por los resultados, no lo consiguió. Parece difícil que en el último tramo del gobierno logre asumir ese papel y todo indica que de acá a octubre el camino será sinuoso.

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