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La búsqueda de Pedro Mairal a través de sus Pornosonetos

La búsqueda de Pedro Mairal a través de sus Pornosonetos

Por Bernabé Tolosa

Pedro Mairal acaba de reunir, por primera vez, sus Pornosonetos (Emecé, 2018) en un mismo libro. El hecho de combinar algo tan del Siglo de Oro de la literatura con algo un tanto vulgar tiene su fundamento, no solo en provocar, sino también en lograr que el lector o la lectora se identifiquen con la acción.

Dicen que la historia de la humanidad es la historia de la sexualidad. La sexualidad se ha presentado a lo largo de la vida del ser humano como iniciadora, como factor de poder y hasta como perspectiva de cualquier apocalipsis.

Michel Foucault sostiene que todo el tiempo se habla sobre sexualidad, y que no hay lugar en este tema para pensarlo desde la censura o la represión. La sexualidad circula por todos lados: en la web, en la televisión a toda hora, en la calle, en el colegio, en las clínicas, etc. La cuestión es que circula normalizada, como si hubiese un estado correcto y otro incorrecto o anormal de la sexualidad. Es así que está por todos lados, pero el Poder sigue indicando que el dispositivo “sexualidad” solo alcanza formas “normales”, dejando a afuera  toda alternativa que ellos consideren inadecuadas.

Pedro Mairal acaba de reunir por primera vez en un libro, sus Pornosonetos (Emecé, 2018). Los mismos fueron publicados, ya hace bastante tiempo, bajo el seudónimo de Ramón Paz. Pero si tomamos algunos títulos de la obra de Mairal, Una noche con Sabrina Love (Aguilar, 1998), La uruguaya (Emecé, 2016) y hasta estos Pornosonetos, encontramos que hay un denominador común en su tema. Ahí localizamos la espera por algo, la búsqueda del sexo. “Parece que tengo la idea fija. Para mí la sexualidad es un gran motor de historias. Hay dos grandes motores de historias, el miedo y el deseo. Es decir, el personaje está huyendo de algo o está yendo hacia algo que desea. El miedo te hace crear historias todo el tiempo. Por ejemplo, hace diez minutos que estoy pensando que me van a afanar y me voy preparando para eso y tomo un arma, o no, y te imaginás de todo. El deseo, lo mismo. Por ejemplo, “le mando un mensajito, le contesto en seguida, ¿qué hago?” Los ratones te llevan para cualquier lado. Así que son dos usinas de historias claramente. El deseo sexual claramente nos mueve, te hace levantar de la silla y yo creo que el personaje literario se nos deprimió un poco en el siglo 20, quedó medio  apagado en general, con un monólogo interior sonando cada vez más fuerte y para mí hay que sacarlo a la calle de nuevo. Creo yo, simplemente es una propuesta, que hay que empujar un poquito al personaje a la calle, que le pasen un poco más de cosas.

 

-Se habla de todo, todo el tiempo, se ve sexualidad en todos lados, pero sigue generando incomodidad a la hora de hablar o de leer en grupo, a pesar de lo cotidiano.

-Totalmente, muchos lectores que entraron por mi obra Salvatierra (Emecé, 2018), que es la más culturosa, si querés, y de pronto leen los Pornosonetos y dicen: “Este tipo derrapó”. Pero bueno, está eso y es parte de lo que somos y la literatura viene a mostrar la espalda de Facebook, la de Instagram. Lo que te avergonzarías de poner en Instagram, eso es muy buena literatura, porque estamos todos construyendo una identidad en las redes sociales donde somos todos modelos publicitarios. Ahora ¿qué hay atrás, qué no salió? Cuando la literatura va a ese lugar, está buenísima porque genera mucha identificación

- ¿Qué lugar ocupa la provocación a la hora de escribir una obra?

-No lo pienso del punto de vista de la provocación, sino desde la honestidad brutal, en el sentido que: “Bueno, yo voy a contar todo lo que es una experiencia”, con lo lírico y lo horrendo que puede tener cualquier experiencia. Eso hace que a veces mostrar el lado oscuro provoque. Pero mi intención no es provocar, sino generar empatía desde lo positivo y lo negativo, no  sé si es negativo la palabra, pero todos somos medio ángeles y medio cerdos a la vez. Entonces, esa especie de cruce donde se encuentran, era lo que me interesaba mucho mostrar en los Pornosonetos. Por eso está el soneto, que es lo alto, lo clásico, lo literario y lo porno como lo sexual, como un lado inconfesable de todo el mundo.

El autor logra provocar y la identificación rápidamente. Es claro y es eficaz a la hora de escribir. Su gracia y su inteligencia logran que inmediatamente entres en su territorio. Pero, ¿es el territorio de Mairal o de Ramón Paz? “Al principio me dio mucho pudor. Yo empecé con esto un poco al margen, casi como un sudoku de palabras cuando me trababa con una novela larga que estaba haciendo, entonces hacia estos ejercicios verbales, donde elijo una forma que viene del siglo de oro de la literatura y le meto cosas muy berretas, muy actuales, cosas muy coloquiales, vulgares por momentos. Entonces eso me exponía mucho y cuando me ofrecieron publicar el primer volumen me dio pudor y le dije al editor que inventemos un nombre. Y a la vez eso funcionó de una forma muy liberadora: si no soy yo, voy a fondo a experimentar con el lenguaje. Y fue un viaje muy interesante, porque al final terminé siendo más yo que nunca” asegura.

 

Un tiempo después se reveló todo. Alguien, en un blog,  descubrió su nombre y cayó la máscara, aunque Mairal sostiene que “luego se transparentó todo, creo que por amor propio o por vanidad, porque cuando a alguien le gustaban los Pornosonetos me ponía mal no poder decirle quién era su autor”.

-Le tenías celos.

- Sí, así es. Además creo que cuando uno se dispone a escribir un libro desde su nombre, desde Pedro Mairal, quizás no sea tan auténtico. El hecho de sacarse de encima lo que yo llamo la “información de solapa” te permite irte para otros lados más sinceros.

-¿Nunca te cruzaste con un Ramón Paz?

-No, pero me crucé con un tipo a quien yo le caía muy mal, pero que sabía que le gustaban mucho los Pornosonetos sin saber que eran míos. Y yo pensaba: “Qué lindo cuando se entere”

-¿Hay receta para la poesía?

-Yo creo que no, pero sí se puede ejercitar, se pueden hacer ejercicios poéticos. A mí el soneto me sirve como un gran ejercicio verbal. Muy parecido a escribir con un amigo. Por ejemplo, tenés que rimar  una palabra y la rima misma te susurra las coincidencias, casi como un amigo, entonces la forma funciona de esa manera. Es una manera de no estar solo escribiendo. Te metés en una forma y esa forma dialoga con vos todo el tiempo. No sé si hay recetas, pero sí formas de destrabar la palabra.

 

Resulta interesante que Mairal destrabe el mecanismo de la prosa desde un poema. Alguien dijo que Saer (no sé si es así, pero resulta una idea muy interesante) decía que antes de escribir prosa traducía o escribía un poema hasta encontrar el ritmo y el tono adecuado. Mairal responde, “Me gusta esa idea, sobre todo lo de la traducción, porque esta, lo que hace, es una versión en otro idioma y vos en tu idioma abrís un abanico de posibilidades: puedo decirlo así, o así, o así. Lo que genera eso es ejercitar el músculo de la cabeza para buscar las palabras adecuadas.

-Luego queda a cargo tuyo la combinación de esas palabras…

-Exacto y eso es el estilo de cada uno.

Un intenso sentimiento fatal, la materia con que está hecho, también, el ser humano se encuentra en la poesía. El impulso ya no es erótico, sino es sexual. El protagonista, el que habla, el que mira o el que lee, puede ser cualquiera. Los límites de la carne se confunden con los del pensamiento. Las letras fijan las circunstancias en el espacio y el tiempo, haciéndolas más nuestras. La búsqueda lo colma todo y lo que se encuentra ahí no puede decirse de otra manera.

“En este libro están reunidos por primera vez mis Pornosonetos. Los publiqué hace tiempo en distintos volúmenes bajo el seudónimo de Ramón Paz, por pudor, para desmarcarme, para librarme de mi nombre. De alguna manera hoy siento que le pertenecen más a él que a mí. Ramón Paz es más que yo, más que un seudónimo, más que un álter ego. Tiene más fuerza, más libertad. En todo caso es un yo atomizado, expandido y sin filtro. Pero cuanto más aclaro que es un personaje, más se pega a mí. Mejor me hago cargo. Una vez una amiga, cuando le aclaré que Ramón Paz no era yo, me dijo: ‘No jodas, sos más vos que nunca’”.

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La búsqueda de Pedro Mairal a través de sus Pornosonetos

Pedro Mairal acaba de reunir, por primera vez, sus Pornosonetos (Emecé, 2018) en un mismo libro. El hecho de combinar algo tan del Siglo de Oro de la literatura con algo un tanto vulgar tiene su fundamento, no solo en provocar, sino también en lograr que el lector o la lectora se identifiquen con la acción.

Dicen que la historia de la humanidad es la historia de la sexualidad. La sexualidad se ha presentado a lo largo de la vida del ser humano como iniciadora, como factor de poder y hasta como perspectiva de cualquier apocalipsis.

Michel Foucault sostiene que todo el tiempo se habla sobre sexualidad, y que no hay lugar en este tema para pensarlo desde la censura o la represión. La sexualidad circula por todos lados: en la web, en la televisión a toda hora, en la calle, en el colegio, en las clínicas, etc. La cuestión es que circula normalizada, como si hubiese un estado correcto y otro incorrecto o anormal de la sexualidad. Es así que está por todos lados, pero el Poder sigue indicando que el dispositivo “sexualidad” solo alcanza formas “normales”, dejando a afuera  toda alternativa que ellos consideren inadecuadas.

Pedro Mairal acaba de reunir por primera vez en un libro, sus Pornosonetos (Emecé, 2018). Los mismos fueron publicados, ya hace bastante tiempo, bajo el seudónimo de Ramón Paz. Pero si tomamos algunos títulos de la obra de Mairal, Una noche con Sabrina Love (Aguilar, 1998), La uruguaya (Emecé, 2016) y hasta estos Pornosonetos, encontramos que hay un denominador común en su tema. Ahí localizamos la espera por algo, la búsqueda del sexo. “Parece que tengo la idea fija. Para mí la sexualidad es un gran motor de historias. Hay dos grandes motores de historias, el miedo y el deseo. Es decir, el personaje está huyendo de algo o está yendo hacia algo que desea. El miedo te hace crear historias todo el tiempo. Por ejemplo, hace diez minutos que estoy pensando que me van a afanar y me voy preparando para eso y tomo un arma, o no, y te imaginás de todo. El deseo, lo mismo. Por ejemplo, “le mando un mensajito, le contesto en seguida, ¿qué hago?” Los ratones te llevan para cualquier lado. Así que son dos usinas de historias claramente. El deseo sexual claramente nos mueve, te hace levantar de la silla y yo creo que el personaje literario se nos deprimió un poco en el siglo 20, quedó medio  apagado en general, con un monólogo interior sonando cada vez más fuerte y para mí hay que sacarlo a la calle de nuevo. Creo yo, simplemente es una propuesta, que hay que empujar un poquito al personaje a la calle, que le pasen un poco más de cosas.

 

-Se habla de todo, todo el tiempo, se ve sexualidad en todos lados, pero sigue generando incomodidad a la hora de hablar o de leer en grupo, a pesar de lo cotidiano.

-Totalmente, muchos lectores que entraron por mi obra Salvatierra (Emecé, 2018), que es la más culturosa, si querés, y de pronto leen los Pornosonetos y dicen: “Este tipo derrapó”. Pero bueno, está eso y es parte de lo que somos y la literatura viene a mostrar la espalda de Facebook, la de Instagram. Lo que te avergonzarías de poner en Instagram, eso es muy buena literatura, porque estamos todos construyendo una identidad en las redes sociales donde somos todos modelos publicitarios. Ahora ¿qué hay atrás, qué no salió? Cuando la literatura va a ese lugar, está buenísima porque genera mucha identificación

- ¿Qué lugar ocupa la provocación a la hora de escribir una obra?

-No lo pienso del punto de vista de la provocación, sino desde la honestidad brutal, en el sentido que: “Bueno, yo voy a contar todo lo que es una experiencia”, con lo lírico y lo horrendo que puede tener cualquier experiencia. Eso hace que a veces mostrar el lado oscuro provoque. Pero mi intención no es provocar, sino generar empatía desde lo positivo y lo negativo, no  sé si es negativo la palabra, pero todos somos medio ángeles y medio cerdos a la vez. Entonces, esa especie de cruce donde se encuentran, era lo que me interesaba mucho mostrar en los Pornosonetos. Por eso está el soneto, que es lo alto, lo clásico, lo literario y lo porno como lo sexual, como un lado inconfesable de todo el mundo.

El autor logra provocar y la identificación rápidamente. Es claro y es eficaz a la hora de escribir. Su gracia y su inteligencia logran que inmediatamente entres en su territorio. Pero, ¿es el territorio de Mairal o de Ramón Paz? “Al principio me dio mucho pudor. Yo empecé con esto un poco al margen, casi como un sudoku de palabras cuando me trababa con una novela larga que estaba haciendo, entonces hacia estos ejercicios verbales, donde elijo una forma que viene del siglo de oro de la literatura y le meto cosas muy berretas, muy actuales, cosas muy coloquiales, vulgares por momentos. Entonces eso me exponía mucho y cuando me ofrecieron publicar el primer volumen me dio pudor y le dije al editor que inventemos un nombre. Y a la vez eso funcionó de una forma muy liberadora: si no soy yo, voy a fondo a experimentar con el lenguaje. Y fue un viaje muy interesante, porque al final terminé siendo más yo que nunca” asegura.

 

Un tiempo después se reveló todo. Alguien, en un blog,  descubrió su nombre y cayó la máscara, aunque Mairal sostiene que “luego se transparentó todo, creo que por amor propio o por vanidad, porque cuando a alguien le gustaban los Pornosonetos me ponía mal no poder decirle quién era su autor”.

-Le tenías celos.

- Sí, así es. Además creo que cuando uno se dispone a escribir un libro desde su nombre, desde Pedro Mairal, quizás no sea tan auténtico. El hecho de sacarse de encima lo que yo llamo la “información de solapa” te permite irte para otros lados más sinceros.

-¿Nunca te cruzaste con un Ramón Paz?

-No, pero me crucé con un tipo a quien yo le caía muy mal, pero que sabía que le gustaban mucho los Pornosonetos sin saber que eran míos. Y yo pensaba: “Qué lindo cuando se entere”

-¿Hay receta para la poesía?

-Yo creo que no, pero sí se puede ejercitar, se pueden hacer ejercicios poéticos. A mí el soneto me sirve como un gran ejercicio verbal. Muy parecido a escribir con un amigo. Por ejemplo, tenés que rimar  una palabra y la rima misma te susurra las coincidencias, casi como un amigo, entonces la forma funciona de esa manera. Es una manera de no estar solo escribiendo. Te metés en una forma y esa forma dialoga con vos todo el tiempo. No sé si hay recetas, pero sí formas de destrabar la palabra.

 

Resulta interesante que Mairal destrabe el mecanismo de la prosa desde un poema. Alguien dijo que Saer (no sé si es así, pero resulta una idea muy interesante) decía que antes de escribir prosa traducía o escribía un poema hasta encontrar el ritmo y el tono adecuado. Mairal responde, “Me gusta esa idea, sobre todo lo de la traducción, porque esta, lo que hace, es una versión en otro idioma y vos en tu idioma abrís un abanico de posibilidades: puedo decirlo así, o así, o así. Lo que genera eso es ejercitar el músculo de la cabeza para buscar las palabras adecuadas.

-Luego queda a cargo tuyo la combinación de esas palabras…

-Exacto y eso es el estilo de cada uno.

Un intenso sentimiento fatal, la materia con que está hecho, también, el ser humano se encuentra en la poesía. El impulso ya no es erótico, sino es sexual. El protagonista, el que habla, el que mira o el que lee, puede ser cualquiera. Los límites de la carne se confunden con los del pensamiento. Las letras fijan las circunstancias en el espacio y el tiempo, haciéndolas más nuestras. La búsqueda lo colma todo y lo que se encuentra ahí no puede decirse de otra manera.

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