A lo Macri, Arroyo muestra su cara más efusiva y enojada

Por Mariano Suárez

Todos los analistas advierten que de un tiempo a esta parte, el presidente Mauricio Macri modificó el tono de su discurso en los últimos 45 días. Desde que le dio una entrevista a Luis Majul en la que hizo hincapié en los errores de los 12 años kirchneristas y la situación en la que Cambiemos agarró el país, los gritos, los reproches y los gestos efusivos son una constante de sus discursos. En el Pro no hay nada librado al azar: cualquier cambio de esa naturaleza está sostenido en los laboratorios de focus group que funcionan como un riel por el cual transita la gestión  

Carlos Arroyo parece ir en la misma línea. Está claro que en este caso no hay focus, encuesta o análisis que lo guíe. Como sea, de un tiempo a esta parte, exhibió un estilo más volcánico.

Los trascendidos indican que nuevamente el jefe comunal volvió a apoyarse en su ala más dura. De hecho, se esperaba que esta semana anunciara cambios en el gabinete. Es un rumor que viene desde hace varias semanas y se dilata. Se habla de la salida del secretario de Gobierno, Alejandro Vicente, y el subsecretario Legal y Técnico, Gustavo Gil De Muro. El primero sería reemplazado por un abogado cercano al arroyismo más duro, el segundo por el influyente Andrés Barbieri, que se convirtió en uno de los hombres de mayor confianza del jefe comunal.

El jefe comunal está embarcado en una pelea con el empresario Florencio Aldrey Iglesias. Como cualquier pelea, tiene sus altibajos. Hay rounds en que los contrincantes cambian golpe por golpe, otros de estudio y algunos en los que uno ataca y el otro busca defenderse para desgastar a su rival. Hoy por hoy, se viven tiempos de máxima tensión.

Aparentemente, esa situación tensiona el ánimo del intendente. El último viernes, un día después de decretar la caducidad del Paseo Hermitage, convocó a su despacho a los medios de prensa para anunciar talleres de robótica gratuitos para estudiantes de primaria y secundaria.

En medio de la conferencia, sin que mediara ninguna pregunta, Arroyo cargó munición y comenzó a disparar contra el exintendente Gustavo Pulti, contra el Sindicato de Trabajadores Municipales, contra Aldrey Iglesias y, sin nombrar a nadie en particular, también lanzó dardos contra la provincia.  

El martes, en una entrevista en Radio Brisas, Arroyo volvió a utilizar el mismo tono, casi desafiante. Sin embargo, el tono intenta tapar el fondo.

-Intendente, ¿qué va a pasar con la caducidad del Paseo Hermitage? ¿Puede haber algún cambio? – le preguntaron los colegas.

-No, la decisión ya está tomada y no se puede dar marcha atrás- respondió firme el intendente.

Lo llamativo del caso es que casi al mismo tiempo que pronunciaba esa frase comenzaba a circular un nuevo decreto firmado por el intendente Arroyo en el que resolvía suspender la ejecución del anterior decreto.

El intendente, incluso, sostuvo ese discurso minutos después, luego de que varios medios confirmaran que la caducidad anunciada días atrás había quedado sin efecto. “No hay ninguna marcha atrás. Mi postura va dirigida a resolver este problema de una vez por todas y es lo que voy a hacer”, enfatizó esa mañana.

Todos a su alrededor se miraban atónitos. “La explicación es que hay una ‘jugada judicial’, pero la comunicación de esa jugada fue muy confusa”, admitió un hombre del entorno del intendente que se enteró sobre la marcha de lo ocurrido.

Este miércoles en la recorrida que hizo por el acueducto del oeste, Arroyo retomó el tema y aclaró que el nuevo decreto “es parte de la estrategia”. “La intención sigue siendo la misma, la decisión está tomada”, indicó.

Entre el enojo y la efusividad, escasea la claridad. La estrategia llevada adelante por el intendente y su equipo en este tema no resiste análisis. Arroyo tomó una decisión, a sabiendas de que el empresario la iba a recurrir en la Justicia. De hecho, él mismo dijo que era seguro que así fuera. Sin ninguna resolución judicial de por medio, Arroyo firmó el nuevo decreto. Básicamente implica que dictó la caducidad, pero no la ejecuta. Nada.

Las versiones por estas horas indican que se podría entablar una tregua y que Arroyo no solo mantendría la caducidad en stand by, sino que además permitiría que el Casino del Mar vuelva a funcionar. A cambio, mejoraría el cánon que se pagaba por la concesión, que era irrisorio. El potencial para estos anuncios no es antojadizo. Entre la efusividad y el enojo, Arroyo es cada vez más imprevisible.

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A lo Macri, Arroyo muestra su cara más efusiva y enojada

Todos los analistas advierten que de un tiempo a esta parte, el presidente Mauricio Macri modificó el tono de su discurso en los últimos 45 días. Desde que le dio una entrevista a Luis Majul en la que hizo hincapié en los errores de los 12 años kirchneristas y la situación en la que Cambiemos agarró el país, los gritos, los reproches y los gestos efusivos son una constante de sus discursos. En el Pro no hay nada librado al azar: cualquier cambio de esa naturaleza está sostenido en los laboratorios de focus group que funcionan como un riel por el cual transita la gestión  

Carlos Arroyo parece ir en la misma línea. Está claro que en este caso no hay focus, encuesta o análisis que lo guíe. Como sea, de un tiempo a esta parte, exhibió un estilo más volcánico.

Los trascendidos indican que nuevamente el jefe comunal volvió a apoyarse en su ala más dura. De hecho, se esperaba que esta semana anunciara cambios en el gabinete. Es un rumor que viene desde hace varias semanas y se dilata. Se habla de la salida del secretario de Gobierno, Alejandro Vicente, y el subsecretario Legal y Técnico, Gustavo Gil De Muro. El primero sería reemplazado por un abogado cercano al arroyismo más duro, el segundo por el influyente Andrés Barbieri, que se convirtió en uno de los hombres de mayor confianza del jefe comunal.

El jefe comunal está embarcado en una pelea con el empresario Florencio Aldrey Iglesias. Como cualquier pelea, tiene sus altibajos. Hay rounds en que los contrincantes cambian golpe por golpe, otros de estudio y algunos en los que uno ataca y el otro busca defenderse para desgastar a su rival. Hoy por hoy, se viven tiempos de máxima tensión.

Aparentemente, esa situación tensiona el ánimo del intendente. El último viernes, un día después de decretar la caducidad del Paseo Hermitage, convocó a su despacho a los medios de prensa para anunciar talleres de robótica gratuitos para estudiantes de primaria y secundaria.

En medio de la conferencia, sin que mediara ninguna pregunta, Arroyo cargó munición y comenzó a disparar contra el exintendente Gustavo Pulti, contra el Sindicato de Trabajadores Municipales, contra Aldrey Iglesias y, sin nombrar a nadie en particular, también lanzó dardos contra la provincia.  

El martes, en una entrevista en Radio Brisas, Arroyo volvió a utilizar el mismo tono, casi desafiante. Sin embargo, el tono intenta tapar el fondo.

-Intendente, ¿qué va a pasar con la caducidad del Paseo Hermitage? ¿Puede haber algún cambio? – le preguntaron los colegas.

-No, la decisión ya está tomada y no se puede dar marcha atrás- respondió firme el intendente.

Lo llamativo del caso es que casi al mismo tiempo que pronunciaba esa frase comenzaba a circular un nuevo decreto firmado por el intendente Arroyo en el que resolvía suspender la ejecución del anterior decreto.

El intendente, incluso, sostuvo ese discurso minutos después, luego de que varios medios confirmaran que la caducidad anunciada días atrás había quedado sin efecto. “No hay ninguna marcha atrás. Mi postura va dirigida a resolver este problema de una vez por todas y es lo que voy a hacer”, enfatizó esa mañana.

Todos a su alrededor se miraban atónitos. “La explicación es que hay una ‘jugada judicial’, pero la comunicación de esa jugada fue muy confusa”, admitió un hombre del entorno del intendente que se enteró sobre la marcha de lo ocurrido.

Este miércoles en la recorrida que hizo por el acueducto del oeste, Arroyo retomó el tema y aclaró que el nuevo decreto “es parte de la estrategia”. “La intención sigue siendo la misma, la decisión está tomada”, indicó.

Entre el enojo y la efusividad, escasea la claridad. La estrategia llevada adelante por el intendente y su equipo en este tema no resiste análisis. Arroyo tomó una decisión, a sabiendas de que el empresario la iba a recurrir en la Justicia. De hecho, él mismo dijo que era seguro que así fuera. Sin ninguna resolución judicial de por medio, Arroyo firmó el nuevo decreto. Básicamente implica que dictó la caducidad, pero no la ejecuta. Nada.

Las versiones por estas horas indican que se podría entablar una tregua y que Arroyo no solo mantendría la caducidad en stand by, sino que además permitiría que el Casino del Mar vuelva a funcionar. A cambio, mejoraría el cánon que se pagaba por la concesión, que era irrisorio. El potencial para estos anuncios no es antojadizo. Entre la efusividad y el enojo, Arroyo es cada vez más imprevisible.

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