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Mercosur, Venezuela y Cristina: los ejes de la visita de Bolsonaro

Mercosur, Venezuela y Cristina: los ejes de la visita de Bolsonaro

Por Augusto Taglioni

Bolsonaro llega el jueves al país para reunirse con Mauricio Macri. ¿Qué acuerdos van a firmar? 

Jair Bolsonaro se reunirá con Mauricio Macri el próximo jueves en Buenos Aires en lo que será el segundo encuentro en los 5 meses que lleva el ex capitán del ejercito gobernando la principal economía suramericana. 

Si bien Paulo Guedes dejó en claro luego de la victoria en la segunda vuelta electoral que la prioridad del nuevo gobierno no era ni Argentina ni Mercosur, una vez asumido el cargo la relación tomo un rol más político e ideológico que comercial. 

Pero, ¿a qué viene Bolsonaro y cuales son las prioridades del encuentro con Macri? Según pudo saber 0223, en el borrador oficial hay puntos que van desde una declaración por los 25 años del acuerdo tripartito, pasando por una rubrica para comprar directas, cooperación en materia judicial e intercambio de información para la seguridad en eventos deportivos. 

Según dijo el embajador de Brasil en nuestro país, Carlos Magariño, en una entrevista con Infobae "la Argentina participa en el área de Defensa en la producción de componentes para el avión de transporte militar KC390 desarrollado por la compañía brasileña Embraer. Por otro lado, la Fábrica Argentina de Aviones lanzó el Pampa III. Son naves de entrenamiento avanzado y de ataque especiales para el control del narcotráfico en las fronteras, algo que iremos a conversar con Brasil. En ese sentido, otro de los asuntos clave a ser abordados por presidentes y ministros es precisamente el combate al contrabando y tráfico de drogas, como también el flujo de personas por la frontera".

Lo importante es lo que aparecen en la superficie del vínculo bilateral y tiene que ver con dos aspectos de la política sudamericana que interesan a Estados Unidos: Mercosur y Venezuela. El presidente brasilero asumió la tarea de ser la cabecera de playa de la estrategia norteamericana en la región, aún yendo en contra de sus propios intereses. Solo por obstinación ideológica se entiende la perseverancia de Bolsonaro en poner riesgo la relación con China (70 por ciento de las exportaciones de Brasil tienen a China como destino y el 65, 5 por ciento de la inversión extranjera directa) y la virtuosa relación comercial con los países árabes (intentar trasladar la embajada de Tel Aviv a Jersualen) para congraciarse con Estados Unidos.

El Jefe de Estado está convencido que el Mercosur ideal es el flexible, abierto y, para las perspectivas liberales, desburocratizado. Macri coincide y desde que asumió considera que deberá ir hacia una confluencia natural con la Alianza del Pacífico, bloque del cual Argentina es miembro observador. Brasil no es parte porque este no forma parte de la estrategia de la Casa Blanca que dejó de auspiciar ese ámbito cuando eliminó su rol en el TTP promovido por Barack Obama

En ese marco, Brasil necesita seguir contando con el apoyo de Argentina para ser del Mercosur una zona de libre comercio que le permita a todos sus miembros firmar acuerdos por las partes. El eterno Tratado Comercial con la Unión Europea también estará en la agenda aunque todos sabemos que con la situación actual de Europa eso es prácticamente imposible. 

El otro punto de discusión es Venezuela. Argentina fue vanguardia a la hora de la condena, el aumento de la presión internacional y el reconocimiento a Juan Guaidó y su embajadora, Elisa Trotta Gamus. El caso de Brasil cuenta un dilema difícil de dirimir ya que Bolsonaro tiene un frente interno que generó que Itamaraty (Cancillería de Brasil) no reconozca al embajador de Guaidó y el ejército frena toda posibilidad de una intervención militar. Bolsonaro pasó de apoyar una intervención a pedir por una ruptura de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Para reforzar su rol con EEUU, Bolsonaro necesita reunir apoyos y demostrar que tiene alguna incidencia en las decisiones de política exterior. 

Por todo esto es que Jair Bolsonaro se mete de manera irrisoria en los asuntos internos de Argentina y hace campaña abierta por Mauricio Macri. Para su cruzada hiperideologizada y conservadora, Macri es un aliado aunque Cambiemos tome distancia, y la posible llegada de Cristina Fernández de Kirchner es un obstáculo tanto para eso como para flexibilizar el Mercosur y avanzar en una condena enérgica a Maduro. 

Probablemente, un eventual gobierno de Alberto Fernández tendrá relaciones con absoluta normalidad sabiendo que no es un aliado para pensar un proyecto regional pero necesita acordar puntos básicos de una relación bilateral que si cuenta con demasiados vaivenes puede ser un problema. Fernández cree que Lula es un preso político pero no por eso dejará de vincularse con su colega. 

Bolsonaro tomó la disputa electoral argentina como propia, es parte de su cruzada para solidificar una internacional conservadora que cuenta con Macri aunque no quiera y está dispuesto a cruzar todos los limites de la diplomacia para dejar en claro que Cristina es Maduro y su vuelta es convertir a Argentina en Venezuela. Estados Unidos y el FMI también construye esa narrativa pero menos anacrónica y con un modo no tan brutal ni directa. 

En una reciente entrevista con el diario La Nación, Bolsonaro dijo: "Cristina Kirchner fue muy aliada de Luiz Inacio Lula da Silva y de Dilma Rousseff. Y lo que Lula y Dilma defendían aquí, vía Foro de San Pablo, con apoyo incondicional de Hugo Chávez, después Nicolás Maduro, y la dictadura cubana, es una experiencia que nosotros no queremos repetir. Espero que el pueblo argentino reflexione mucho sobre eso para las elecciones. Van a demostrar si el pueblo ama su libertad o no. Está en sus manos. ¿La economía es importante? Sí, y pueden contar con el apoyo de Brasil en lo que sea necesario para que hagamos lo mejor para el pueblo argentino a través de una economía saludable como la que estamos teniendo con Macri". Esa linealidad si se deja ver. 

De todas formas, el frente interno de Jair Bolsonaro es delicado. Su vicepresidente lo contradice cada vez que puede y fue recibido por el presidente de China, Xi Jinping, mientras la familia Bolsonaro le jura lealtad a Trump y el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, rompe relaciones con el gobierno y aleja la posibilidad de que se apruebe la reforma provisional. Esto provocaría la renuncia de su ministro de hacienda, Paulo Guedes, y pondría muy nervioso a los mercados que esperan impacientes muchas de las promesas de campaña. 

Al mismo tiempo, la imagen sigue cayendo, ninguna de sus propuestas se concretan, el decreto para la tenencia de armas suma rechazos y el fantasma del impeachment acecha. Bolsonaro sabe que lo que reina en el sur de nuestro continente es la fragmentación y la falta de liderazgo y en ese río revuelto termina ganando por las circunstancia que lo llevaron a gobernar el país mas importante. Un cambio de gobierno en Argentina modifica ese esquema, y parece estar dispuesto a evitarlo. Mientras tanto debe lidiar con su incapacidad para tomar decisiones tanto fronteras adentro como en el exterior y rezar para que 2020 no comienza con un principio de reconfiguración progresista que ponga en un mismo proyecto a Argentina, Uruguay, Bolivia y México.

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Mercosur, Venezuela y Cristina: los ejes de la visita de Bolsonaro

Bolsonaro llega el jueves al país para reunirse con Mauricio Macri. ¿Qué acuerdos van a firmar? 

Jair Bolsonaro se reunirá con Mauricio Macri el próximo jueves en Buenos Aires en lo que será el segundo encuentro en los 5 meses que lleva el ex capitán del ejercito gobernando la principal economía suramericana. 

Si bien Paulo Guedes dejó en claro luego de la victoria en la segunda vuelta electoral que la prioridad del nuevo gobierno no era ni Argentina ni Mercosur, una vez asumido el cargo la relación tomo un rol más político e ideológico que comercial. 

Pero, ¿a qué viene Bolsonaro y cuales son las prioridades del encuentro con Macri? Según pudo saber 0223, en el borrador oficial hay puntos que van desde una declaración por los 25 años del acuerdo tripartito, pasando por una rubrica para comprar directas, cooperación en materia judicial e intercambio de información para la seguridad en eventos deportivos. 

Según dijo el embajador de Brasil en nuestro país, Carlos Magariño, en una entrevista con Infobae "la Argentina participa en el área de Defensa en la producción de componentes para el avión de transporte militar KC390 desarrollado por la compañía brasileña Embraer. Por otro lado, la Fábrica Argentina de Aviones lanzó el Pampa III. Son naves de entrenamiento avanzado y de ataque especiales para el control del narcotráfico en las fronteras, algo que iremos a conversar con Brasil. En ese sentido, otro de los asuntos clave a ser abordados por presidentes y ministros es precisamente el combate al contrabando y tráfico de drogas, como también el flujo de personas por la frontera".

Lo importante es lo que aparecen en la superficie del vínculo bilateral y tiene que ver con dos aspectos de la política sudamericana que interesan a Estados Unidos: Mercosur y Venezuela. El presidente brasilero asumió la tarea de ser la cabecera de playa de la estrategia norteamericana en la región, aún yendo en contra de sus propios intereses. Solo por obstinación ideológica se entiende la perseverancia de Bolsonaro en poner riesgo la relación con China (70 por ciento de las exportaciones de Brasil tienen a China como destino y el 65, 5 por ciento de la inversión extranjera directa) y la virtuosa relación comercial con los países árabes (intentar trasladar la embajada de Tel Aviv a Jersualen) para congraciarse con Estados Unidos.

El Jefe de Estado está convencido que el Mercosur ideal es el flexible, abierto y, para las perspectivas liberales, desburocratizado. Macri coincide y desde que asumió considera que deberá ir hacia una confluencia natural con la Alianza del Pacífico, bloque del cual Argentina es miembro observador. Brasil no es parte porque este no forma parte de la estrategia de la Casa Blanca que dejó de auspiciar ese ámbito cuando eliminó su rol en el TTP promovido por Barack Obama

En ese marco, Brasil necesita seguir contando con el apoyo de Argentina para ser del Mercosur una zona de libre comercio que le permita a todos sus miembros firmar acuerdos por las partes. El eterno Tratado Comercial con la Unión Europea también estará en la agenda aunque todos sabemos que con la situación actual de Europa eso es prácticamente imposible. 

El otro punto de discusión es Venezuela. Argentina fue vanguardia a la hora de la condena, el aumento de la presión internacional y el reconocimiento a Juan Guaidó y su embajadora, Elisa Trotta Gamus. El caso de Brasil cuenta un dilema difícil de dirimir ya que Bolsonaro tiene un frente interno que generó que Itamaraty (Cancillería de Brasil) no reconozca al embajador de Guaidó y el ejército frena toda posibilidad de una intervención militar. Bolsonaro pasó de apoyar una intervención a pedir por una ruptura de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Para reforzar su rol con EEUU, Bolsonaro necesita reunir apoyos y demostrar que tiene alguna incidencia en las decisiones de política exterior. 

Por todo esto es que Jair Bolsonaro se mete de manera irrisoria en los asuntos internos de Argentina y hace campaña abierta por Mauricio Macri. Para su cruzada hiperideologizada y conservadora, Macri es un aliado aunque Cambiemos tome distancia, y la posible llegada de Cristina Fernández de Kirchner es un obstáculo tanto para eso como para flexibilizar el Mercosur y avanzar en una condena enérgica a Maduro. 

Probablemente, un eventual gobierno de Alberto Fernández tendrá relaciones con absoluta normalidad sabiendo que no es un aliado para pensar un proyecto regional pero necesita acordar puntos básicos de una relación bilateral que si cuenta con demasiados vaivenes puede ser un problema. Fernández cree que Lula es un preso político pero no por eso dejará de vincularse con su colega. 

Bolsonaro tomó la disputa electoral argentina como propia, es parte de su cruzada para solidificar una internacional conservadora que cuenta con Macri aunque no quiera y está dispuesto a cruzar todos los limites de la diplomacia para dejar en claro que Cristina es Maduro y su vuelta es convertir a Argentina en Venezuela. Estados Unidos y el FMI también construye esa narrativa pero menos anacrónica y con un modo no tan brutal ni directa. 

En una reciente entrevista con el diario La Nación, Bolsonaro dijo: "Cristina Kirchner fue muy aliada de Luiz Inacio Lula da Silva y de Dilma Rousseff. Y lo que Lula y Dilma defendían aquí, vía Foro de San Pablo, con apoyo incondicional de Hugo Chávez, después Nicolás Maduro, y la dictadura cubana, es una experiencia que nosotros no queremos repetir. Espero que el pueblo argentino reflexione mucho sobre eso para las elecciones. Van a demostrar si el pueblo ama su libertad o no. Está en sus manos. ¿La economía es importante? Sí, y pueden contar con el apoyo de Brasil en lo que sea necesario para que hagamos lo mejor para el pueblo argentino a través de una economía saludable como la que estamos teniendo con Macri". Esa linealidad si se deja ver. 

De todas formas, el frente interno de Jair Bolsonaro es delicado. Su vicepresidente lo contradice cada vez que puede y fue recibido por el presidente de China, Xi Jinping, mientras la familia Bolsonaro le jura lealtad a Trump y el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, rompe relaciones con el gobierno y aleja la posibilidad de que se apruebe la reforma provisional. Esto provocaría la renuncia de su ministro de hacienda, Paulo Guedes, y pondría muy nervioso a los mercados que esperan impacientes muchas de las promesas de campaña. 

Al mismo tiempo, la imagen sigue cayendo, ninguna de sus propuestas se concretan, el decreto para la tenencia de armas suma rechazos y el fantasma del impeachment acecha. Bolsonaro sabe que lo que reina en el sur de nuestro continente es la fragmentación y la falta de liderazgo y en ese río revuelto termina ganando por las circunstancia que lo llevaron a gobernar el país mas importante. Un cambio de gobierno en Argentina modifica ese esquema, y parece estar dispuesto a evitarlo. Mientras tanto debe lidiar con su incapacidad para tomar decisiones tanto fronteras adentro como en el exterior y rezar para que 2020 no comienza con un principio de reconfiguración progresista que ponga en un mismo proyecto a Argentina, Uruguay, Bolivia y México.

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