¿Qué eligieron los marplatenses?

Por Mariano Suárez

“Hace un año teníamos planificado este camino y este escenario. Afortunadamente se cumplió lo que habíamos imaginado”. Un hombre de extrema confianza de Guillermo Montenegro, horas después de que el ahora candidato a intendente de Juntos por el Cambio derrotara a Vilma Baragiola, planteó esta situación. En el equipo de campaña del diputado nacional pensaron, primero, en instalar su nombre en una ciudad que no lo tenía en agenda; luego vincularlo a María Eugenia Vidal y, por último, una campaña intensa y sin fisuras. Y con eso podían ganarle a Vilma Baragiola, la dirigente con mayor nivel de conocimiento de Mar del Plata. Todo eso se dio pero el armador de campaña omitió el contexto provincial y nacional: en ningún cálculo figuraba la paliza que sufrió Juntos por el Cambio en estas Paso.

¿Por qué entonces Montenegro logró vencer tan cómodamente a Baragiola? Tal vez el factor de “lo nuevo” en Mar del Plata pesó en esta elección bastante más de lo esperado. Esta teoría podría validarse con el triunfo de Fernanda Raverta, como la candidata más votada de toda la Paso. Sin embargo, los 17 puntos de Gustavo Pulti con una boleta corta le agrega una cuota de incertidumbre a ese postulado. ¿Será acaso una combinación de varios factores?

Baragiola sufrió un duro revés este domingo. Desde las últimas elecciones legislativas, la concejal tenía en mente que esta era su oportunidad. Tuvo ofrecimientos para ocupar puestos legislativos en provincia y nación (¿se arrepentirá ahora?), pero tanto ella como sus asesores siempre sostuvieron que Vilma iba a competir por la Intendencia. “Es su oportunidad. Ya fue diputada nacional, ocupó muchos cargos. Ella quiere ser intendenta”, resumían.

Había conseguido un triunfo resonante en las legislativas de 2017 y con un Arroyo con las acciones en caída libre no parecía surgir ninguna figura que le hiciera fuerza. El Pro, en Mar del Plata, siempre tuvo dificultades para encontrar referentes. En aquel verano de 2017, luego de la victoria, un alto dirigente del Pro bonaerense le confió a este medio: “No descartes que tengamos un tapado”. En la lista de “marplatenses” del Pro figuraban dos nombres: Guillermo Montenegro y Hernán Lombardi.

 

Ese 31 de diciembre, Montenegro, quien compartió fin de año con María Eugenia Vidal, anunció que se volvía a radicar en Mar del Plata y que iba a “trabajar por la ciudad”. La lectura fue clara: “Van a trabajar para convertirlo en intendente”.

Esa carrera el diputado nacional la arrancó en clara desventaja: su nivel de conocimiento en Mar del Plata, ciudad de la que se había ido a los 18 años a estudiar abogacía a la UBA, era nulo. Allí comenzó un camino silencioso para que los vecinos y el círculo rojo marplatense lo incorporara a su radar. Timbreos, mates, recorridas, charlas, reuniones, todo el repertorio con el cual el Pro elaboró manuales de campaña, se puso en marcha. Así, Montenegro transitó todo el 2018 con la firme convicción de competir por la Intendencia de Mar del Plata.

En los comienzos de 2019, cuando las definiciones se acercaban, las especulaciones corrían cada vez más fuerte. Muchos suponían que Montenegro no aceptaría competir en una interna con Baragiola, por la disparidad de conocimiento e intención de voto. Sin embargo, él y su entorno, siempre ratificaron que estaban dispuestos a enfrentarla.

“Nosotros tenemos mucha confianza y sabemos que en campaña podemos hacer diferencia. Ya lo vivimos con Horacio y Michetti”, recordaban. Es que Montenegro fue uno de los principales impulsores de la candidatura de la actual vicepresidenta de la Nación para suceder a Macri en la Ciudad de Buenos Aires, cuando el propio Macri apoyaba a Horacio Rodríguez Larreta. “Arrancamos 15 puntos arriba en las encuestas y nos pasaron por arriba”, agregaron.

El 22 de junio, con especulaciones hasta último momento, Juntos por el Cambio presentó dos listas para competir. Con el escenario resuelto, Montenegro buscó cerrar la mayor cantidad de espacios posibles: la Coalición Cívica, Crear, el sector representado por Emiliano Giri, un sector del Socialismo, el partido FE, entre otros.

Baragiola, en tanto, cerró filas con todo el radicalismo: en su lista hubo dirigentes de su riñón, de Maxi Abad y del exintendente Daniel Katz.

“En el centro le emparejamos la diferencia que nos pueden hacer con el apellido Katz en la lista y en los barrios Vilma tiene que ganarle bien”, analizaban días antes de las Paso desde el equipo de campaña de Baragiola. Sin embargo, siempre intentaron ser prudentes: “Sabemos que va a ser pareja”.

 

En las horas previas a la elección, las encuestas encargadas por el gobierno provincial y algunos aliados mostraban una ventaja a favor del diputado nacional. En el entorno del diputado nacional respiraban con algún aire de tranquilidad aunque nadie quería confiarse.

El domingo por la tarde las mesas testigo que llevaban al bunker instalado en el Hotel Dorá mostraban una tendencia a favor de Montenegro. “Hasta ahora, todas las mesas que vemos marcan que nos fue muy bien”, decían en voz baja en el bunker. Desde el Comité Radical llegaban mensajes más dubitativos. “No hay nada” o “Está parejo”, decían en el entorno de Baragiola.

A las 20, sin un dato oficial, en el bunker de Montenegro festejaban: la tendencia era irreversible. Cuando avisaron a La Plata sobre el triunfo la voz de un alto funcionario provincial fue lapidaria: no festejen. En la capital provincial ya sabían que la boleta de Kicillof había aplastado a la de Vidal en el cuarto oscuro.

¿Entonces Montenegro ganó porque de los dos era el más puro de Cambiemos o porque Mar del Plata quería buscar un dirigente sin tantas batallas electorales en la ciudad?

Fernanda Raverta surgió para revalidar la segunda opción. La diputada nacional asumió el desafío de ser la referente de Unidad Ciudadana y el peronismo apenas Gustavo Pulti perdió la elección ante Carlos Arroyo, en diciembre de 2015. El desafío parecía una odisea: el kirchnerismo atravesaba su peor momento y cada vez surgían más disidencias que proponían dejar atrás el liderazgo de Cristina Kirchner.

Sin embargo, arrancó. Reuniones y un intenso trabajo para sumar actores al espacio, fueron parte del menú que desplegó la diputada nacional a lo largo de estos cuatro años. Poco a poco cada vez más sectores se fueron sumando. Ella fue escalando posiciones en la estructura nacional y logró imponer su liderazgo en Mar del Plata. Fue la principal armadora de la lista legislativa en 2017 que llevó a Marcos Gutiérrez como primer candidato a concejal y comenzó a instalar desde aquel entonces que sería la candidata a intendenta del espacio en 2019.

 

Raverta tuvo mérito en la construcción que realizó en Mar del Plata y siempre apostó a la conducción de Cristina Kirchner cuando muchos sugerían apartarla. Pero también tenía una traba: al igual que Montenegro, su nombre tenía poca penetración en la ciudad. Así inició  el camino de la instalación: la mayoría de los concejales la mencionaban para referenciarla como la futura intendenta, aparecieron afiches y empezó a tener mayor presencia en los medios locales.

Hacia el final del camino surgió el adversario: Gustavo Pulti. El exintendente, líder de Acción Marplatense, comenzó a tender puentes para volver a formar una alianza con Unidad Ciudadana. Y su principal articulador era nada más y nada menos que Alberto Fernández, antes de ser ungido candidato a presidente.

Primero con cautela y luego abiertamente, Pulti intentó por todos los caminos competir en una Paso con Raverta. Sin embargo, más allá de algunos apoyos que logró en ese recorrido, tuvo una férrea resistencia de la diputada nacional que luego le reprochó no haber participado durante cuatro años del espacio.

 

Sin un lugar allí, el exintendente decidió competir en la elección con la boleta corta de Acción Marplatense y centró su campaña en una serie de propuestas para Mar del Plata. Raverta, en tanto, recibió el respaldo de Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Verónica Magario y bajó a Mar del Plata el discurso de los dos modelos en juego. Con una fuerte polarización, el último domingo se convirtió en la candidata más votada de las Paso.

El rechazo en las urnas a la gestión de Carlos Arroyo también podría abonar la teoría de las caras nuevas: el intendente había sacado algo más de 183 mil votos en 2015 y en estas Paso sumó apenas 19 mil. La caída estrepitosa del intendente, que fue expulsado de Cambiemos y también se presentó con boleta corta, lo deja prácticamente sin expectativas para octubre, más allá de los dichos del propio Arroyo quien se mostró convencido de revertir el resultado.

La teoría de la renovación tiene un punto gris por la elección realizada por Pulti. Los 17 puntos que sacó el exintendente lo dejaron lejos de ser el más votado, pero no lo retiraron de la pelea. El mismo se encargó de subrayar que, con un partido vecinal, pudo sobrevivir a la tremenda polarización y apostó que en octubre los vecinos podrán elegir su intendente despojados de la pelea nacional. Otros creen que esos 17 puntos se achicarán en octubre y que la pelea será un mano a mano entre Raverta y Montenegro. En 74 días sabremos si los marplatenses optaron conscientemente por una renovación de su clase política o la suma de factores dejó mejor posicionados a los candidatos de los dos principales espacios nacionales.

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¿Qué eligieron los marplatenses?

Raverta y Montenegro dialogaron el lunes en 0223. 

“Hace un año teníamos planificado este camino y este escenario. Afortunadamente se cumplió lo que habíamos imaginado”. Un hombre de extrema confianza de Guillermo Montenegro, horas después de que el ahora candidato a intendente de Juntos por el Cambio derrotara a Vilma Baragiola, planteó esta situación. En el equipo de campaña del diputado nacional pensaron, primero, en instalar su nombre en una ciudad que no lo tenía en agenda; luego vincularlo a María Eugenia Vidal y, por último, una campaña intensa y sin fisuras. Y con eso podían ganarle a Vilma Baragiola, la dirigente con mayor nivel de conocimiento de Mar del Plata. Todo eso se dio pero el armador de campaña omitió el contexto provincial y nacional: en ningún cálculo figuraba la paliza que sufrió Juntos por el Cambio en estas Paso.

¿Por qué entonces Montenegro logró vencer tan cómodamente a Baragiola? Tal vez el factor de “lo nuevo” en Mar del Plata pesó en esta elección bastante más de lo esperado. Esta teoría podría validarse con el triunfo de Fernanda Raverta, como la candidata más votada de toda la Paso. Sin embargo, los 17 puntos de Gustavo Pulti con una boleta corta le agrega una cuota de incertidumbre a ese postulado. ¿Será acaso una combinación de varios factores?

Baragiola sufrió un duro revés este domingo. Desde las últimas elecciones legislativas, la concejal tenía en mente que esta era su oportunidad. Tuvo ofrecimientos para ocupar puestos legislativos en provincia y nación (¿se arrepentirá ahora?), pero tanto ella como sus asesores siempre sostuvieron que Vilma iba a competir por la Intendencia. “Es su oportunidad. Ya fue diputada nacional, ocupó muchos cargos. Ella quiere ser intendenta”, resumían.

Había conseguido un triunfo resonante en las legislativas de 2017 y con un Arroyo con las acciones en caída libre no parecía surgir ninguna figura que le hiciera fuerza. El Pro, en Mar del Plata, siempre tuvo dificultades para encontrar referentes. En aquel verano de 2017, luego de la victoria, un alto dirigente del Pro bonaerense le confió a este medio: “No descartes que tengamos un tapado”. En la lista de “marplatenses” del Pro figuraban dos nombres: Guillermo Montenegro y Hernán Lombardi.

 

Ese 31 de diciembre, Montenegro, quien compartió fin de año con María Eugenia Vidal, anunció que se volvía a radicar en Mar del Plata y que iba a “trabajar por la ciudad”. La lectura fue clara: “Van a trabajar para convertirlo en intendente”.

Esa carrera el diputado nacional la arrancó en clara desventaja: su nivel de conocimiento en Mar del Plata, ciudad de la que se había ido a los 18 años a estudiar abogacía a la UBA, era nulo. Allí comenzó un camino silencioso para que los vecinos y el círculo rojo marplatense lo incorporara a su radar. Timbreos, mates, recorridas, charlas, reuniones, todo el repertorio con el cual el Pro elaboró manuales de campaña, se puso en marcha. Así, Montenegro transitó todo el 2018 con la firme convicción de competir por la Intendencia de Mar del Plata.

En los comienzos de 2019, cuando las definiciones se acercaban, las especulaciones corrían cada vez más fuerte. Muchos suponían que Montenegro no aceptaría competir en una interna con Baragiola, por la disparidad de conocimiento e intención de voto. Sin embargo, él y su entorno, siempre ratificaron que estaban dispuestos a enfrentarla.

“Nosotros tenemos mucha confianza y sabemos que en campaña podemos hacer diferencia. Ya lo vivimos con Horacio y Michetti”, recordaban. Es que Montenegro fue uno de los principales impulsores de la candidatura de la actual vicepresidenta de la Nación para suceder a Macri en la Ciudad de Buenos Aires, cuando el propio Macri apoyaba a Horacio Rodríguez Larreta. “Arrancamos 15 puntos arriba en las encuestas y nos pasaron por arriba”, agregaron.

El 22 de junio, con especulaciones hasta último momento, Juntos por el Cambio presentó dos listas para competir. Con el escenario resuelto, Montenegro buscó cerrar la mayor cantidad de espacios posibles: la Coalición Cívica, Crear, el sector representado por Emiliano Giri, un sector del Socialismo, el partido FE, entre otros.

Baragiola, en tanto, cerró filas con todo el radicalismo: en su lista hubo dirigentes de su riñón, de Maxi Abad y del exintendente Daniel Katz.

“En el centro le emparejamos la diferencia que nos pueden hacer con el apellido Katz en la lista y en los barrios Vilma tiene que ganarle bien”, analizaban días antes de las Paso desde el equipo de campaña de Baragiola. Sin embargo, siempre intentaron ser prudentes: “Sabemos que va a ser pareja”.

 

En las horas previas a la elección, las encuestas encargadas por el gobierno provincial y algunos aliados mostraban una ventaja a favor del diputado nacional. En el entorno del diputado nacional respiraban con algún aire de tranquilidad aunque nadie quería confiarse.

El domingo por la tarde las mesas testigo que llevaban al bunker instalado en el Hotel Dorá mostraban una tendencia a favor de Montenegro. “Hasta ahora, todas las mesas que vemos marcan que nos fue muy bien”, decían en voz baja en el bunker. Desde el Comité Radical llegaban mensajes más dubitativos. “No hay nada” o “Está parejo”, decían en el entorno de Baragiola.

A las 20, sin un dato oficial, en el bunker de Montenegro festejaban: la tendencia era irreversible. Cuando avisaron a La Plata sobre el triunfo la voz de un alto funcionario provincial fue lapidaria: no festejen. En la capital provincial ya sabían que la boleta de Kicillof había aplastado a la de Vidal en el cuarto oscuro.

¿Entonces Montenegro ganó porque de los dos era el más puro de Cambiemos o porque Mar del Plata quería buscar un dirigente sin tantas batallas electorales en la ciudad?

Fernanda Raverta surgió para revalidar la segunda opción. La diputada nacional asumió el desafío de ser la referente de Unidad Ciudadana y el peronismo apenas Gustavo Pulti perdió la elección ante Carlos Arroyo, en diciembre de 2015. El desafío parecía una odisea: el kirchnerismo atravesaba su peor momento y cada vez surgían más disidencias que proponían dejar atrás el liderazgo de Cristina Kirchner.

Sin embargo, arrancó. Reuniones y un intenso trabajo para sumar actores al espacio, fueron parte del menú que desplegó la diputada nacional a lo largo de estos cuatro años. Poco a poco cada vez más sectores se fueron sumando. Ella fue escalando posiciones en la estructura nacional y logró imponer su liderazgo en Mar del Plata. Fue la principal armadora de la lista legislativa en 2017 que llevó a Marcos Gutiérrez como primer candidato a concejal y comenzó a instalar desde aquel entonces que sería la candidata a intendenta del espacio en 2019.

 

Raverta tuvo mérito en la construcción que realizó en Mar del Plata y siempre apostó a la conducción de Cristina Kirchner cuando muchos sugerían apartarla. Pero también tenía una traba: al igual que Montenegro, su nombre tenía poca penetración en la ciudad. Así inició  el camino de la instalación: la mayoría de los concejales la mencionaban para referenciarla como la futura intendenta, aparecieron afiches y empezó a tener mayor presencia en los medios locales.

Hacia el final del camino surgió el adversario: Gustavo Pulti. El exintendente, líder de Acción Marplatense, comenzó a tender puentes para volver a formar una alianza con Unidad Ciudadana. Y su principal articulador era nada más y nada menos que Alberto Fernández, antes de ser ungido candidato a presidente.

Primero con cautela y luego abiertamente, Pulti intentó por todos los caminos competir en una Paso con Raverta. Sin embargo, más allá de algunos apoyos que logró en ese recorrido, tuvo una férrea resistencia de la diputada nacional que luego le reprochó no haber participado durante cuatro años del espacio.

 

Sin un lugar allí, el exintendente decidió competir en la elección con la boleta corta de Acción Marplatense y centró su campaña en una serie de propuestas para Mar del Plata. Raverta, en tanto, recibió el respaldo de Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Verónica Magario y bajó a Mar del Plata el discurso de los dos modelos en juego. Con una fuerte polarización, el último domingo se convirtió en la candidata más votada de las Paso.

El rechazo en las urnas a la gestión de Carlos Arroyo también podría abonar la teoría de las caras nuevas: el intendente había sacado algo más de 183 mil votos en 2015 y en estas Paso sumó apenas 19 mil. La caída estrepitosa del intendente, que fue expulsado de Cambiemos y también se presentó con boleta corta, lo deja prácticamente sin expectativas para octubre, más allá de los dichos del propio Arroyo quien se mostró convencido de revertir el resultado.

La teoría de la renovación tiene un punto gris por la elección realizada por Pulti. Los 17 puntos que sacó el exintendente lo dejaron lejos de ser el más votado, pero no lo retiraron de la pelea. El mismo se encargó de subrayar que, con un partido vecinal, pudo sobrevivir a la tremenda polarización y apostó que en octubre los vecinos podrán elegir su intendente despojados de la pelea nacional. Otros creen que esos 17 puntos se achicarán en octubre y que la pelea será un mano a mano entre Raverta y Montenegro. En 74 días sabremos si los marplatenses optaron conscientemente por una renovación de su clase política o la suma de factores dejó mejor posicionados a los candidatos de los dos principales espacios nacionales.

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