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El escribiente

1 de Septiembre de 2019 14:29

Curiosidades de la literatura y de las letras (parte 3)

¿Cómo surgió nuestro abecedario? ¿De dónde nació el famoso ABC1 de las encuestas? ¿Qué se sabe de Lord Byron y Francois Villon? ¿Qué significa la palabra asombro y Ave César? ¿Existen los libros en blanco? Algunas de las curiosidades que intentaremos responder para satisfacer el deseo de saber que hay en el ser humano.

Más curiosidades sobre la literatura y sus protagonistas, es decir sobre los escritores, las escritoras y las letras, las palabras y las frases. Pero vale comenzar con el propio significdo de “curiosidad”. La palabra curiosidad viene del latín curiositas y significa deseo de saber. Es la intención de descubrir algo que uno no conoce. Los que saben del tema consideran que la curiosidad constituye una conducta natural del ser humno que es compartida por el resto de los animales. Para la psicología, la curiosidad, es una fortaleza del ser humano caracterizada por un interés por las experiencias y las cosas.  Siendo curioso uno explora, encuentra y descubre aquello que nos construye.

La intención de lo que sigue y de aquello que ya hemos expuesto y continuaremos compartiendo, es que nos construya literariamente todo aquello vinculado a los libros y sus sustancias.

1-Louis Braille (1809-1852), el hombre que construyó un alfabeto de letras realzadas para el uso de los ciegos, era ciego desde los tres años. El sistema Braille, que es una evolución del sistema de Charles Barbier para escribir con puntos, tiene sesenta y tres combinaciones de seis puntos en relieve.

2- El filósofo francés Descartes sugería que los simios y los monos tienen la habilidad de hablar, pero que no lo hacen para evitar que los pongan a trabajar. (Leopoldo Lugones juega en su obra Yzur con esta idea. El cuento narra la obsesión de un hombre por alcanzar una meta irrealizable: enseñarle a hablar a un mono)

3- El gran poeta francés Francois Villon llevó una existencia de robo y muerte que en varias ocasiones pudo haber terminado en el patíbulo. Nadie sabe dónde, cuándo o cómo murió.

4- Las reglas del juego de la razón dicen que la pregunta “¿Qué ocurriría si una fuerza irresistible se encontrara con un cuerpo inamovible?” no tiene significado y no requiere contestación. En un universo donde existe una de las condiciones antes mencionadas, la otra no puede existir.

5- O’Henry, seudónimo de W. Sydney Porter (1862-1910), estaba cumpliendo tres años de prisión por malversación de fondos públicos  cuando empezó a escribir cuentos. Una vez liberado, obtuvo fama nacional con 300 relatos, todos con final sorprendente.

6- Examinando doscientos cuentos de los hermanos Grimm, un recuento sumario de los tipos masculinos y femeninos que en ellos aparecen revela una fuerte dicotomía. Hay dieciseis madres o madrastras malvadas y sólo tres padres o padrastros malvados. Hay veintitres brujas malas y sólo dos brujos malos. Existen tres mujeres que ponen en peligro a los hombres que las aman, pero un solo hombre que perjudica a su novia.

7- La palabra “asombro” proviene del susto y espanto del caballo cuando se movía una sombra. Luego pasó a significar una impresión en el ánimo que alguien o algo causa a una persona, especialmente por alguna cualidad extraordinaria o por ser inesperado.

8- En el mismo sentido, cuando las legiones gritaban “Ave César, morituri te salutan” (Salve César, los que van a morir te saludan), estaban anunciándole que se encontraba a salvo y, además, al decir “te saludan”,  lo que hacían era “desearle salud”. Así como Ave César era el saludo al emperador, Ave María es la salutación a la Virgen.

9- La idea de un Libro en blanco no es nueva. Cuando Hermann Boerhaave, médico y químico holandés  conocido por sus Elementa Chemiae, murió en 1738, dejó un libro sellado con el título Los Secretos más Exclusivos y Más Profundos del Arte Médico. El libro, aún sellado, fue vendido en una subasta por 20,000 dólares en oro. Cuando el nuevo poseedor rompió el sello, encontró que el 99 por ciento de las páginas estaba en blanco. Solo la página del título llevaba esta nota escrita a mano por el autor: “conserve la cabeza fresca, los pies calientes y hará empobrecer al mejor doctor del mundo.”

10- La vida de Lord Byron está repleta de anécdotas y hechos curiosos que aún sorprenden: era patihendido (tenía los dedos de los pies hacia dentro); su primera relación sexual fue con 9 años, con la institutriz Mary Gray; fue bisexual reconocido; fue un pederasta consumado; se enamoró de dos de sus primas; practicó el incesto con su media hermana Augusta Leigh, la cuál tuvo una hija y se llegó a rumorear que podía ser del propio Byron; tuvo una corta vida lujuriosa y polémica. Murió a los 36 años de edad.

11- La frase más que conocida “Quién te dio vela en este entierro”  proviene de la costumbre que antiguamente, en los entierros, tenía la familia del fallecido de entregar velas a las personas más allegadas como parientes y amigos cercanos para que las mantuviesen encendidas a lo largo de la ceremonia. Si no disponías de vela quería decir que no tenías mucha relación con el muerto. De ahí que hoy en día se utilice dicha frase para designar a alguien que se mete en asuntos que no le importan, o toman parte en un acto o conversación al que no han sido llamados.

12- La denominación ABC1 de las encuestas surgió como un método de discriminación en Inglaterra en la década de 1960. La aplicaron los dueños de los periódicos agrupados en la NRS (National Readership Survey, Encuesta Nacional de Lectores), con el fin de establecer los hábitos de consumo de sus suscriptores y mejorar la eficacia de la publicidad. Para llevar a cabo estas mediciones, dividieron el universo lector en seis grupos de acuerdo con la ocupación del jefe de familia: A (clase media alta), B (clase media), C1 (clase media baja), C2 (clase obrera calificada), D (clase trabajadora) y E (sin trabajo). En aquellos estudios la clase alta no fue considerada. Esto se debió a que el porcentaje de este grupo era muy chico y temían que pudiera alterar la precisión de los números. Y resulta curioso, sobre todo, si tenemos en cuenta cuál fue el origen de las letras para cada grupo. Surgieron de los viajes transatlánticos a mediados del siglo XIX. Los sectores de primera clase en los vapores estaban demarcados con carteles que tenían la letra A. La segunda clase se señalizaba con la B y el espacio de la tercera clase, con la C. La D, para variar, no existía.

13- Daniel Balmaceda, en su libro Historias de letras y frases (Sudamericana, 2011),  nos cuenta que el conocido hoy abecedario casi es en un principio “abegedario”. Así lo explica:

El abecedario no sería tal si no fuera por la oportuna participación de un esclavo romano que, por su condición, perfectamente pudo haber pasado inadvertido en la historia. Sin embargo, este joven logró sobresalir por sus cualidades y educación,  al punto de que el influyente cónsul Carvilio decidió adoptarlo y convertirlo en liberto. ¿Qué hizo entonces? Puso una escuela privada, la primera que existió en Roma, según Plutarco. Espurio Carvilio Máximo, el liberto, se transformó en un prestigioso especialista en gramática. De su pequeño pero fundamental aporte hablaremos luego. Ahora es tiempo de ocuparnos de las letras.

Las palabras tienen sus historias y las letras también. Por ejemplo, la A (mejor dicho, el sonido correspondiente a la A) encabeza la enorme mayoría de los alfabetos, aunque es necesario aclarar que quedan de lado muchos que no tienen vocales. Es la primera letra porque es el sonido más básico. De hecho, se dice que es el que pronunciamos —o gritamos— al nacer. Lo cierto es que todos los chicos y chicas usan la A con mucha facilidad porque casi no necesita ningún otro esfuerzo que una exhalación: los vocablos “mamá”, “papá” y “mamar” surgieron de la vocalización de los bebes. La sencillez en la pronunciación se percibe en lenguas lejanas. La A egipcia (el jeroglífico que la simbolizaba) significaba una simple aspiración. Mientras que para los fenicios —los inventores de las letras— ese importante signo fue Aleph (la representación del buey). ¿Y para los griegos? Alfa. Con la B ocurre algo similar. Es la primera consonante de muchos alfabetos. Su nombre proviene de los fenicios, que la llamaron Beth (casa), al tiempo que los griegos la nombraron Beta. Por su parte, la C está muy relacionada con otra letra. Nos referimos a la G: Gamma en el griego (Alfa, Beta, Gamma…) y Gimmel en las lenguas semíticas, como el fenicio, el hebreo y el árabe, entre otros. Vamos a pasar por alto la explicación detallada del desarrollo del símbolo, pero digamos, de una manera simple, que si no fuera por los romanos de la Antigüedad, nuestro abecedario arrancaría por A, B, G, D, etc. (y sería, más bien, un “abegedario”). Porque la tercera letra en los alfabetos de los fenicios y de los griegos eran Gimmel y Gamma, respectivamente. Puede advertirse la similitud, no solo en las dos mayúsculas (C-G), sino en la sonoridad, por ejemplo cuando decimos “cana” y “gana”. Fueron los griegos los primeros que sintieron la necesidad de diferenciar la G de la C. Por eso crearon Kappa (la K). Esta importante evolución no contagió a los etruscos que volvieron a utilizarla a la manera fenicia, es decir, confundiendo otra vez a la G y la C. Pero luego los romanos, a través del uso, notaron una vez más la confusión. Entonces en 321 a. C., el liberto Espurio Carvilio Máximo resolvió separarlas. Para transformarla en G, a la letra C le agregó una colita hacia abajo. En 1726 la colita se fue para arriba y se convirtió en la G que todos conocemos. En cambio, la minúscula (g) mantuvo la cola hacia abajo, como lo había sugerido su creador.