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Enfoque global

28 de Enero de 2020 08:11

Lo que dejó Israel y lo que viene en Europa

Alberto Fernández y Benjamín Netanyahu junto a sus esposas.

El paso del presidente por Israel y la cargada agenda en Europa empieza a ordenar las prioridades del gobierno en material internacional.

Alberto Fernández debutó en el escenario internacional con un viaje a Israel que generó ruido en algunos sectores internos pero sirvió para mandar mensajes a varias bandas. 

Como escribimos la semana pasada, el primer destino fuera de argentina tuvo tres objetivos. Los primeros dos fueron globales y apuntaron a enviar una señal de distensión a Estados Unidos, aventar fantasmas sobre un alineamiento con el eje Venezuela-Irán-Hezbola. El último se orientó en el plano interno para dividir a una dirigencia judía que se viene ubicando en el lugar de oposición fuerte al peronismo. 

También, la visita fue importante para posicionar a la Argentina como país ejemplo en defensa de los Derechos Humanos frente acusaciones que intentan sostener lo contrario. Fernández habló del holocausto como tragedia internacional y destacó el sufrimiento de los judíos durante la dictadura argentina. 

En un momento de tanta complejidad y con menos margen maniobra que un elefante adentro de un baño es importante estar atentos a los detalles para que Netanhayu no te tape el bosque. 

Durante la rueda de prensa con el primer ministro de Israel, Alberto Fernández se comprometió a seguir investigando al atentado a la embajada de Israel y la Amia, algo que para Israel ya está resuelto: fue Irán. Ese comentario  no fue al alzar.

Por otra parte, el hilo de Twitter posterior a la viaje, el jefe de estado escribió: "Dejo esta hermosa tierra con un sueño: verla en paz con sus vecinos y especialmente con el pueblo palestino. Nuestro país reconoce, por convicción y por respeto a las decisiones de Naciones Unidas, la existencia de los dos Estados y siempre propició la convivencia pacífica".

De manera sutil, Fernández resalta la autonomía estratégica en un tema vidrioso en Medio Oriente. Hubiese sido interesante que, como hizo Emmanuel Macron, el presidente argentino visitara Belén para reforzar esta postura. No quiso tirar demasiado de la cuerda.

Hay un axioma que dice que la mejor escala para ir a Estados Unidos es Israel y el supuesto compromiso de Benjamín Netanhayu de ayudar al país en la negociación con el Fondo Monetario Internacional y en la relación con Donald Trump que fue relatado con exceso de detalles por Felipe Solá en una reciente entrevista en Radio 10 con Ivan Schargrodsky, expone la necesidad de aliados del gobierno nacional en un tema cuya resolución es nodal para el devenir económico para la gestión que comienza.

 

Un primer signo de relajación con Washington fue la marcha atrás en la aplicación de aranceles en el aluminio y el acero. El paso por Israel pudo haber ayudado pero también la figura de Jorge Arguello, embajador argentino en Estados Unidos, cuya gestión hizo posible esta segunda medalla. La primera fue la charla telefónica de Alberto con Trump luego de la victoria electoral del Frente de Todos.

En definitiva, y bajo la certeza  de que en política exterior no existen las amistades, resta esperar el cumplimiento del compromiso de ayuda israelí y, desde ya, la retribución de nuestro país a ese eventual favor.

 

Destino Europa

Alberto Fernández iniciará una gira por Europa que marca las prioridades del gobierno argentino en la construcción de las nuevas Relaciones Internacionales. Italia, Alemania, España y Francia en tres días con previo paso por el Vaticano demuestra que el gobierno busca un acercamiento con bloque europeo.

Uno de los motivos que Fernández debe aprovechar para reforzar el vínculo es las rispideces de estos países, en especial el francés Emmanuel Macron, con Jair Bolsonaro que apuntó todos sus cañones al alineamiento directo y automático con la Casa Blanca.

La renegociación del acuerdo Unión Europea-Mercosur será un tema clave de la agenda bilateral de esta semana y, el avance con algunas modificaciones servirán para descomprimir con los vecinos del Mercosur que no son amigos del proteccionismo.

De todas formas, los detalles de esa renegociación son tan desconocidos como los aspectos generales del pre acuerdo firmado el año pasado durante la gestión de Mauricio Macri.  La realidad es que la concreción del acuerdo es menos importante que la retórica destinada a hacer buenos vínculos y apaciguar las tensiones.

De cumplirse, los encuentros con Sergio Matarella y Giuseppe Conte, Angela Merkel, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron serán de alta densidad política pero a penas una oportunidad para cumplir en la misión de aumentar las exportaciones. El comercio no depende solo de la voluntad política. 

En el caso de Francisco, Alberto lo considera un aliado estratégico al que ubica como uno de los pocos liderazgos mundiales que expresa lo que el presidente argentino piensa en un 100 por ciento en términos económicos, políticos, medioambientales y religiosos.

Bergoglio y el mexicano Andrés Manuel López Obrador son los únicos que cuentan con ese privilegio. Con el resto de los actores: diplomacia comercial dinámica y mucha paciencia. 

Brasil: acercamiento a los militares

La cumbre entre el Canciller Felipe Solá y su par brasileño Ernesto Araújo en Brasilia pasó del 31 de enero al 12 de febrero.

La postergación vino acompañada de la confirmación de que, además de Araujo, el gobierno argentino y se reunirá con el general y jefe de gabinete del ministerio de seguridad de Brasil, Augusto Heleno, y se espera hacerlo con el vicepresidente, Hamilton Mourao.

Esto no es un dato menor, ya que, el ala militar es la pata más racional de un gobierno como el de Bolsonaro que está dispuesto a hacer volar todo por el aire con tal de quedarse con la exclusividad de la relación Estados Unidos.

Los militares brasileros piensan a su país como una potencia regional hegemónica y entienden que para conducir la región no podes estar a los ponchazos. Por eso evitaron una aventura militar en Venezuela, se oponen a la salida de Brasil del Mercosur y priorizan la relación con Argentina.

Sobre este punto, vale la pena mencionar dos datos. Según el Indec, en 2019 el 81 por ciento de las exportaciones argentinas fueron al Mercosur de los cuales un 19,9 por ciento tuvieron como destino a Brasil. Las exportaciones fueron por un monto de 10.386 millones de dólares con un superávit comercial de 226 millones, es la primera vez desde 2002. 

La estabilidad argentina depende en buena parte del crecimiento de Brasil y es clave sostener una relación que sigue siendo estratégica. Para eso no hay que caer en provocaciones ni ideologismos.