El escribiente

15 de Marzo de 2020 15:51

Borges profesor: el aprender enseñando

Compartir
Compartí esta nota
Compartir
Compartí esta nota

Jorge Luis Borges estuvo doce años al frente de la cátedra de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Solo uno de esos cursos se conserva, el de 1966. Veinticinco clases de pura literatura y placer que también muestran al Borges hombre.

El propio Jorge Luis Borges cuenta en Ensayo autobiográfico, escrito en inglés, que los distintos candidatos con aspiraciones a la cátedra de Literatura Inglesa y Norteamericana de la Universidad de Buenos Aires  habían enviado cuidadosamente sus listas de traducciones, sus publicaciones académicas, sus conferencias y otros logros. Él, Borges, solo se limitó a la siguiente oración: “Sin saberlo, me he venido preparando para este cargo a lo largo de toda mi vida”.

Casi doce años pasó Borges enseñando en esa institución. Muchas anécdotas y recuerdos quedaron de su paso por ahí, pero poco material de aquellas clases. Ahí es donde radica la importancia y el valor del trabajo que llevaron adelante Martín Hadis y Martín Arias, investigando y editando en forma de libro  las 25 clases del curso de 1966 que unos pocos alumnos grabaron para que otros pudiesen estudiar.

Borges profesor. Curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires (Sudamericana – 2019) nos posibilita escuchar la voz de Borges en dichas clases, así como redescubrir al lector que había en él. 

Se dice que lo que lo que Borges pretendía como profesor no era exactamente calificar a los estudiantes, sino por el contrario, entusiasmarlos, llevarlos a las lecturas de las obras y al descubrimiento de los escritores. Martín Hadis refuerza esta idea y sostiene que “Encontramos un Borges muy pedagógico, yo creo que lo que tiene de lindo este libro es, casualmente, que contradice a esa figura del Borges con un aura de complejidad. Acá  tenés un Borges que se sale de ese rol porque justamente no está siendo el escritor de ficciones sino un profesor que realmente quiere contagiar su amor por la literatura inglesa a sus alumnos”.

Borges decía que le gustaba mucho enseñar, sobre todo, argumentaba, porque mientras enseñaba aprendía. Y es así que, pese a no haber obtenido nunca un título universitario, fue aceptado como titular de la cátedra. En estas clases uno encuentra un Borges distinto, en realidad en una faceta distinta a la cual estamos acostumbrados a escucharlo. Acá, el profesor, juzga la literatura según el placer o la emoción que le da y busca luego contagiársela a sus alumnos. Es así que, entonces, Borges pone a los autores por encima de los movimientos literarios. “Él dice  ‘Yo lo que hago es buscarle amigos a cada alumno’  y cuando dice amigos se refería a los autores que él quería. Es muy lindo eso. Es puro cariño. Se nota un Borges que está contando lo que le fascina y explicando por qué le gusta lo que le gusta de una manera muy simple y muy sencilla. Es un gran profesor, contagia entusiasmo y es muy simple. Además combina con anécdotas y análisis que son muy interesantes y atrapantes, sin dejar el rigor de lado en ningún momento” explica Hadis.

Este es el único curso que se salvó de todos los que dio en la Universidad de Buenos Aires. En este caso se encontraron grabaciones  hechas por alumnos para aquellos que no podían asistir a clases. Es decir que no fue un proyecto deliberado, no fue grabado para salvarlo para la posteridad, sino solo con el objetivo de aprobar la  materia. Más teniendo en cuenta que aquel Borges de 1966 no era aún ni remotamente lo que es ahora en el mundo.

El trabajo de Hadis y Arias no es menor en el libro. Fue un arduo trabajo el de respetar la oralidad de Borges, corregir y anotar los autores que figuraban fonéticamente en los originales, así como las frases o títulos. Muchas veces los poemas con los que ejemplificaba Borges no figuraban, el rastrearlos y apuntarlos fue una tarea difícil, así como la corrección de datos emendando todo lo que pudiera ser error de trascripción. Finalizan con un anexo de traducciones y un alfabeto rúnico que logran un mayor placer a la hora de hacerse del material.

-¿Algunas voces critican la falta de Shakespeare en el programa de las 25 clases?

- Este es un curso y gracias a Dios que lo tenemos, pero él variaba el programa año a año. Esta es la foto que tenemos de 1966, quizás en el del año siguiente estaba Shakespeare y faltaba algún otro. Él iba variando el programa para no aburrirse. Borges tenía como un respeto reverencial hacia Shakespeare y quizás le pareció como demasiado vasto como para dar solo en pocas clases o para hacer un corte de la obra. Y tercero, y la más graciosa y quizás la más probable, es que él decía que Shakespeare no parecía un escritor inglés, porque estos tienden a decir menos de lo que se piensa, como a sub-expresar y no sobre-expresar, mientras que Shakespeare es puro drama, sangre y asesinato. Entonces no te queda ninguna duda sobre lo que quiere decir, de ahí que Borges solía expresar que no parece un escritor inglés sino un escritor italiano. Esa pasión de Shakespeare, a Borges, le parecía poco inglesa, pero de nuevo esto es especulación y quizás dos años después le dedicó varias clases a él. Ojalá se hubiesen salvado todos los cursos y tuviésemos diez Borges profesor y confirmar algo de esto.

Borges elige autores que no son del canon. Él opta por aquellos autores que a él le gustan y los retrata como personas de carne y hueso. Logra generarte fascinación por los autores desconocidos. Estaba muy atento a sus biografías y las compartía, ya que pensaba que los escritores siempre legan al futuro dos obras: primero su obra literaria y después la obra de su vida. De ahí que los retrate de una manera muy humana y muy cariñosa, que los pinte como si fueran sus amigos y los humanice.

La literatura de Borges tiene cierta cualidad particular e indudable. Puesto en los límites de la hibridez de géneros se convierte, al decir de Beatriz Sarlo, “en alguien que confía a la potencia del procedimiento y la voluntad de forma, las dudas nunca clausuradas sobre la dimensión filosófica y moral de nuestras vidas”. Y su vida pasaba por la literatura y sus libros. Y la esencia de sus clases estaba en eso también. “Era garantía de genialidad” afirma Hadis y lo refuerza con una anécdota: “Una vez, editando un libro de sus conferencias, nos dimos cuenta de que había dado dos conferencias sobre el Martin Fierro, una un día en Córdoba y la otra, al día siguiente, creo que fue en Buenos Aires. Totalmente distintas, por supuesto no se contradecía en nada, es decir,  totalmente coherentes, pero en una abarcaba un aspecto y en la otra, otro. Las dos eran completamente geniales”.

El curso comienza con los anglosajones, la poesía y las kennings, pasando por Beowulf, la poesía cristiana, el alfabeto rúnico, Samuel Johnson, William Blake,  Dickens y el Rey Arturo entre otros, para finalizar abruptamente en la obra de Robert Louis Stevenson.

No hay despedida. Se termina la clase 25 como se dio el inicio de la primera hablando y sintiendo los libros que Borges leyó. Nada quedaba a modo de despedida o de cierre. De ahí la sabia respuesta de Martín Hadis y Martín Arias de finalizar el texto con una de las mejores genialidades de Borges. Aquella que responde en una entrevista al ser consultado por las lecturas obligatorias: ““Creo que la frase lectura obligatoria es un contrasentido, la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado. ¿Felicidad obligatoria? La felicidad también la buscamos. Yo he sido profesor de literatura inglesa durante veinte años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y siempre les aconsejé a mis estudiantes: si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una forma de la felicidad”.

La única manera de leer es por placer y no por obligación. Eso quería transmitir Borges en sus clases. Sencilla y poéticamente contagiaba sus autores preferidos. Asistir hoy, a través de la lectura, a las clases de Borges no es solo conocer sobre literatura, sino, al decir de Whitman (uno de sus poetas preferidos), también se conoce al Borges hombre.

Compartir
Compartí esta nota