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Enfoque global

24 de Marzo de 2020 11:01

Bolsovirus

Los casos de coronavirus en Brasil crecieron al ritmo de Italia y España y se teme con que se transforme en el nuevo foco de contagio. ¿Qué hace Bolsonaro? Prioriza la economía. 

La pandemia del coronavirus tiene al mundo en vilo. La crisis que ya afecta a 196 países de todo el mundo con más de 17 mil muertos tendrá efectos estructurales similares al del período de post guerra mundial o los cracks financieros de 1929 y 2008. 

En ese marco, China venció parcialmente al virus y ayuda con asistencia médica  a los países más afectados, España e Italia intentan achatar la curva y la región se blinda.  En ese sentido, el nuevo epicentro podría trasladarse a esta parte del mundo con una mirada puesta en Estados Unidos Brasil

En ambos casos, sus presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro (como Andrés Manuel López Obrador en México) han priorizado la economía por sobre la salud de la población y desde esa mirada economicista evitaron el cierre de comercios y el aislamiento social. 

Estados Unidos se ubica en el tercer puesto de un ranking que mide los casos de contagio y que tiene por encima a China e Italia y Brasil es el país de América Latina con más positivos y cuya curva ascendente se asemeja a la de los focos que experimenta Europa Occidental. 

Bolsonaro decidió seguir alimentando la falta de cooperación internacional para afrontar una crisis que impactará en el PBI de los países latinoamericanos y desde el primer momento calificó la pandemia de "gripezinha" al punto de violar su propia cuarentena para participar de una marcha a favor de su gobierno. 

Mientras se escribía esta columna, Brasil registra 1965 casos de Covid-19 con 35 muertos. Esto implica un crecimiento de 342 por ciento en cinco días, una curva demasiado peligrosa para lo que viene. 

Sin contemplar la gravedad de la situación, el mandatario brasilero decidió confrontar con los gobernadores de los estados que adoptaron medidas drásticas que el gobierno federal decidió no tomar. 

La pelea no contempla ideologías, ya que, incluye a gobernadores de corte netamente opositor como Flavio Dino, gobernador de Marañao del Partido Comunista de Brasil, Rui Costa, jefe estadual del Partido de los Trabajadores de Bahía como también dos ex aliados como Joao Doria (de Sao Paulo) y el de Río de Janeiro, Wilson Witzel, del ex partido de Bolsonaro (Partido Social Liberal).

"Lunáticos" y "Destructores de empleo" fueron algunos de los calificativos utilizados por el presidente ante decisiones de gobernadores y alcaldes que optaron por declarar la cuarentena, cerrar establecimientos educativos y comercios. 

Al mismo tiempo, el gobierno sigue tensando la cuerda con el Congreso quien tendrá buena parte de la palabra final para aprobar las iniciativas para llevar a cabo durante la crisis. La más reciente fue la autorización de la suspensión por cuatro meses del pago a lo trabajadores que no trabajen por el aislamiento. Ante el repudio generalizado de la medida, el ministro de Economía Paulo Guedes argumentó que había habido un error en la publicación y el decreto fue retirado para reconvertirlo en medidas de descentralización de recursos de parte del gobierno federal. 

Asimismo, el oficialismo insiste con tomar decisiones de austeridad fiscal y reconoce la intención de seguir privatizando empresas. Cuando vemos a los Estados interveniendo directamente en la crisis en casi todos los países, en Brasil se corre para dejar todo librado al mercado y a dios, ya que, las iglesias evangelistas siguen abiertas defendiendo las medidas de Bolsonaro.

 
 

La forma en la que se está manejando la crisis nos permite anticipar un colapso inminente en el sistema de salud, un aumento en el número de desempleados (hoy esta en 13 millones), una caída del PBI entre 10 y 15 puntos y una profundización de la crisis social en un país con un 40 por ciento de trabajadores en la economía informal . 

Sin apoyo político y en pie de guerra con gobernadores, alcaldes y el Congreso, ¿cuál es el punto de apoyo del oficialismo? Su núcleo duro. Según una encuesta de Ibope, el 22 por ciento de los consultados votaría en las elecciones municipales por los candidatos del jefe de estado. Esto en un contexto de fragmentación del sistema político es un piso para nada despreciable. Al mismo tiempo, Datafolha publicó otra pesquisa que indica el 33 por ciento de los brasileros cree que el presidente está actuando bien ante la pandemia. Si bien la consideración es sustancialmente menor a la que tienen los gobernadores (55 por ciento) y el ministerio de Salud (54) no deja de ser una base alta para el grado de irresponsabilidad con la que está actuando. 

En el medio del caos, apareció la posibilidad de una apertura del proceso de juicio político. Esto no sería extraño pero por ahora no avanzará, y en eso coinciden tanto el preisdente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, como el expresidente y líder del PT, Luiz Inacio  Lula Da Silva. Para que esto prospere será clave el rol de los militares para activar las mayorías parlamentarias. 

Bolsonaro juega con fuego y está llevando a la principal potencia sudamericana al precipicio. Mientras el resto de los gobiernos liberan una batalla contra un enemigo invisible y disponen recursos para proteger a sus ciudadanos, el excapitán decide pelearse con una realidad que muestra una crisis de magnitudes globales que cambiará el orden mundial vigente.