El escribiente

28 de Junio de 2020 09:20

Todas las vidas de Sherlock Holmes

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Es uno de los personajes literarios más reconocidos. Incluso aquellos que jamás lo abordaron desde sus libros saben de quién se habla y  cuáles son sus características. Con más de un siglo de vida ha satisfecho a muchos lectores y espectadores, dado que también incursionó en el cine y en las series de televisión de ayer y de hoy, con una intensidad que no decae.

Hasta no hace mucho tiempo atrás, un importante número de seguidores de Sherlock Holmes desconfiaba  de su inexistencia. No había forma de convencerlos de que este era un personaje de ficción y que no vivía en 221 B de Baker Street en Londres, hasta donde le enviaban sus cartas contándoles sus problemas, saludándolo y solicitándole que aceptara casos para resolver.

Pero este reconocimiento que recibía Sherlock Holmes  no era compartido por su  creador, Arthur Conan  Doyle, quien se sentía bajo la sombra del detective, imposibilitándole satisfacer sus ambiciones literarias como escritor de libros históricos.

Muchas de las biografías de Conan Doyle suelen detenerse en aquella época donde el joven médico permanecía en su consultorio de Southsea (Londres) y, mientras esperaba a sus pacientes, escribía relatos policiales e ideaba al personaje.

Así nace Sherlock Holmes, de la imaginación de un médico en sus ratos de ocio, mientras  intentaba ganar más dinero para llegar a fin de mes escribiendo relatos breves para venderlos a publicaciones que quisieran divulgarlos. El primero en darle lugar a este detective, a este nuevo héroe ciudadano  que vivía en un barrio popular, fue el periódico popular Strand.

En pocos años , el detective, se convirtió en todo un personaje real para muchos (tiene su propia biografía, novelas escritas sobre él donde se cruza con Freud o Bram Stocker, ha participado de historias de Batman y hasta tuvo que ser resucitado).

Pero, ¿quién es Sherlock Holmes?  Hablamos de un símbolo universal de la clarividencia, de la lógica triunfante. El personaje toma algo del detective de Poe, Auguste Dupin, y de un maestro que tuvo Conan Doyle, el doctor Joe Bell, más algunas características propias de la personalidad del  autor. Bajo estos parámetros surge aquel que aplica el método deductivo a la resolución de crímenes, representando el triunfo de la ilustración y de la razón, brindando seguridad a que cualquier pregunta puede ser respondida mediante el intelecto. Logrando, de esta manera y rápidamente, reanimar y fortalecer el espíritu individual de sus coetáneos ingleses que descubren en él a un protector que, a través de la razón, logra quitar el miedo  y salvar a los que sufren.

¿Qué es entonces Holmes? Un cerebro. Una gran máquina de pensar. Pero Conan  Doyle supo darse cuenta que  esto, por sí solo, no generaría la empatía necesaria en el público y decidió entonces, dotarlo también de defectos. Lo hizo adicto, misógino, sedentario. El complemento faltante es quien narra. El autor hace que, casi todas las proezas intelectuales de Holmes sean referidas por su amigo Watson, que no deja de maravillarse de él e intentar alcanzarlo en todo.

Las proezas intelectuales y también todo el resto. Dice Juan José Millas: “Watson se encarga de describir los momentos en que el famoso detective se encuentra postrado por la depresión y por una suerte de melancolía  que revela la existencia de conflictos interiores que su inteligencia  analítica y deductiva no pueden resolver. Así, cuando Holmes toma el violín  o mira caer la lluvia al otro lado de la ventana (sometido tal vez al efecto del opio, según sospecha el propio Watson) su cronista nos devuelve a un ser humano, aquejado de contradicciones”.

Entonces, a la humanidad del personaje y su compromiso, también se suma la maestría de Doyle a la hora de narrar. Este capta intuitivamente las reacciones de su lector y sabe que este también quiere participar del juego de la historia e identificarse con alguno de los personajes. Para eso, Doyle comienza con un movimiento de credulidad e incredulidad que transforma la curiosidad del lector en pasión, convirtiéndolo así en un lector, o lectora, activo que duda permanentemente. 

Luego le suma un ritmo propio a la historia, logrando que el propio Holmes se apodere del lector y hasta del autor.

¿Pero, cuál es el secreto de Holmes? La clave de la teoría “sherlockiana” consiste en fijarse en todo. Cada detalle cuenta. Se entrega a sus poderes de percepción y abducción. Dice el propio Sherlock, refiriéndose al  detective francés llamado François le Villard, “posee dos de las tres cualidades necesarias para ser un detective ideal. Tiene poder de observación y deducción. Carece sólo de conocimiento...”

Conan Doyle se sentía dolido y subyugado a su personaje. Pero fue él quien lo lanzó al reconocimiento de los lectores. Pero mientras este aumentaba, su odio hacia él también: sentía que Holmes le había arrebatado su fama y su honor,  lo que solo le correspondía a él por ser el creador.  Muchas veces intentó poner fin a esto y es así que comenzó pidiendo un precio cada vez más caro por cada una de sus historias. Pero no funcionó. Todos pagaban lo necesario para contar con Holmes en sus páginas. Entonces acudió a métodos más dramáticos  y escribió una historia donde Sherlock Holmes es asesinado (El problema final - 1893) pero su muerte no  duraría mucho. En primera instancia, su madre, a quien Doyle además tenía como una de las voces a quien más prestaba atención, lo anima a resucitarlo. Y, por otro lado, el intenso y enfurecido reclamo de los lectores, que lo empujan a  revivirlo. “Todos tuvimos ocasión de alegrarnos del regreso de Sherlock Holmes cuando lo creíamos muerto” dijo Chesterton, uno de los herederos de Doyle en este género, sin dudas.

Fueron 56 cuentos y cuatro novelas las que protagonizó ese personaje creado por un médico que quería escribir libros históricos, según dice en sus memorias,  y que veía en él solo un medio para ganar más dinero.

Pero Holmes adquirió vuelo propio. Si bien había detectives antes que él, y muchos vinieron después, ninguno ha logrado su abrumador éxito y su popularidad. Sherlock ha sido modelo, ha logrado instalar que su nombre signifique un procedimiento, una característica humana y la suposición de que todos saben quién es. Su nombre ya es parte del habla. Y sus historias parte de todos nosotros.


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