Historias de acá

28 de Septiembre de 2020 17:26

La historia de la docente jubilada que desde hace 20 años pelea en la justicia por sus alumnos

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Margarita Pérez se jubiló hace doce años pero nunca perdió contacto con la comunidad educativa de la escuela 44.

Durante 28 años Margarita Pérez fue directora de la escuela 44, ubicada mil metros del viejo basural. Desde 2001 reclama a la justicia que ordene al estado municipal el correcto saneamiento del predio ya que los lixiviados y emanaciones perjudican a la salud de quienes viven en la zona.

Corría 2001 cuando Margarita Pérez, entonces directora de la escuela 44, advirtió que entre los 450 alumnos se multiplicaban los casos de chicos con erupciones en la piel o problemas respiratorios, que pronto vinculó con las emanaciones de gases y los lixiviados provenientes del basural a cielo abierto, ubicado a mil metros en línea recta desde el establecimiento. Luego de conversar el tema con padres y vecinos de la zona, se presentó en la justicia junto a Juan Carlos García, habitante del sector, para pedir al Estado municipal que realice el correspondiente saneamiento de la superficie de 22 hectáreas situada sobre el camino viejo a Miramar. Sin embargo, 19 años más tarde y con un amparo a favor dictado por el fallecido Juez en lo Civil y Comercial Enrique Arbizu, el exbasural se cerró sin que se efectúe ningún tipo de tratamiento y ella continúa a la espera de que se dicte una sentencia al respecto. “El basural está allí nomás y la contaminación sigue”, remarca.

Más allá de lo judicial, la cuestión social tampoco le fue indiferente a la docente: hace más de veinte años, cuando llegó al lugar, “había más de 500 personas con chiquitos arriba de la montaña de basura, que vivían en casuchas; juntaban lo que podían y a la semana venía alguien y le compraba lo que habían acopiado”. Incluso, tiene presente el recuerdo de una mamá que llegaba a pie desde Batán, cruzando los campos, en busca de algo de dinero para comprar la leche y el pan para sus hijos porque esos chicos, además, eran alumnos de su escuela.

En 1998, Margarita Pérez y los chicos de la escuela 44 fueron premiados por su labor de concientización sobre el estado del ahora exbasural.

Margarita hoy tiene 69 años, se convirtió en docente por sugerencia de su mamá y dirigió la escuela 44 durante 28 años. “Llegué con la intención de quedarme dos o tres años pero fue pasando el tiempo, estas cosas se me fueron haciendo carne y el amor incondicional por los chicos y sus padres no me dejaron ir más”, cuenta. Sin embargo, hace doce años debió jubilarse por problemas de salud que también relaciona con la contaminación que hay en las inmediaciones del establecimiento educativo. Durante el último tiempo en el cargo había comenzado a sufrir de erisipelas, una infección bacteriana de las capas externas de la piel que provoca hinchazón en las piernas y fiebre muy alta. “Si bien soy propensa a tenerlas, comencé a sufrirlas de manera constante y me jubilé. Todavía hoy me aplican una penicilina por mes”, dice.

Sin embargo, jamás se alejó de la escuela y, mucho menos, de la pelea judicial que se había intensificado hacia 2006, cuando comenzaron los incendios intencionales en el predio, focos que llegaron a generar una enorme nube tóxica que llegó a verse desde el centro de Mar del Plata. En esa época, producto de sus constantes reclamos, su figura tuvo una altísima exposición en los medios de comunicación y las amenazas no demoraron en llegar. “Llegaron a decirme que me iban a prender fuego la escuela conmigo adentro, pero nunca tuve miedo, siempre me sentí acompañada por los medios”, asegura. 

El viejo basural a cielo abierto.

Pérez advierte que desde el gobierno de Daniel Katz en adelante mantuvo reuniones con funcionarios de las distintas gestiones municipales para ver de qué manera se podía resolver el desastre ambiental provocado por el colapso del basurero pero, a la fecha, sigue sin haber un acuerdo. Sólo durante la gestión de Carlos Arroyo no logró concretar una audiencia con las autoridades. “Hemos pedido sentencia pero todavía no se nos ha respetado; el poder político es muy fuerte y no tienen soluciones ambientales. Si nos damos una vuelta por el basural y la zona del nuevo predio, podemos ver cómo fluyen los lixiviados a las calles. Todavía, cuando sacamos la bolsita de basura, no sabemos a dónde va a parar. A su vez, nos mienten porque hay una recolección que no es diferenciada, sino que es solamente una separación en origen pero no hay camiones especiales para trasladarla. Es decir, se recoge y va todo a un mismo lugar”, dice.

Para la exdirectora, la justicia debe tomar “una determinación a favor de la salud de la población o en contra” y aclaró que una medida en tal sentido no implicará ningún tipo de resarcimiento económico para ella pero sí “un resarcimiento a nivel medioambiental”. “La vez pasada me avisaron que desde la escuela querían empezar a batallar de nuevo por ese tema y me pone contenta que así sea. Espero que, antes de partir, llegue a ver realizado un tratamiento de la basura como corresponde y se termine de una vez por todas con la contaminación que significa ese basurero a cielo abierto”, dice por último.

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