Los literarios orígenes del té y del café

El té y el café son bebidas del mundo entero. Quizás uno más místico y otro más inspirador. Pero ambos pertenecen a todas las clases sociales. Su historia y el origen de sus nombres.

Kawa es un vocablo árabe de origen incierto y de él deriva la palabra café.

7 de Noviembre de 2021 10:03

Muchos conocen el libro que se titula El libro del té. Hablamos de una introducción a la historia, a la filosofía y a toda la ceremonia japonesa que involucra la realización y el beber un té.

Algunos utilizan esta obra como una puerta de acceso al pensamiento filosófico oriental (el Zen, por ejemplo, lo considera  todo un ritual).

En realidad, hay dos textos con este título que alcanzan a China y Japón. En el año 800, el escritor chino Lu Yu escribió Cha King, Libro del té, que ofició como texto  señero en esta materia para los aficionados a esta bebida. Luego el japonés Okakuro Kakuzo, en 1906, tituló su obra de igual manera,  茶の本. Esta última ha sido traducida  a todos los idiomas y ha servido como breviario a los interesados en la bebida y en la cultura japonesa. Los detalles y la armonía a la hora de preparar un té  merecen un equilibrio y una atmósfera estética y espiritual incomparables, que son mostrados y detallados por Kakuzo.

Dos leyendas buscan narrar el origen de la bebida: la primera cuenta que el emperador chino Chen Nong, en el año 2700 a.C, mientras descansaba en su jardín durante un día muy caluroso, vio caer de un arbusto ciertas hojas en el recipiente que estaba en el hornillo a su lado. Estas tiñeron el agua caliente y el emperador decidió probar aquella infusión solo por curiosidad, descubriendo el té (en la China se recomendaban las bebidas calientes para paliar el calor). La segunda leyenda es japonesa. En este caso, se cuenta que Buda había decidido estar siete años sin dormir, dedicado a la meditación. Pero no resistió todo ese tiempo y, terminando el quinto año, comenzó a dormirse. Molesto se quitó algunas pestañas y las arrojó al suelo. Donde cayeron crecieron unos arbustos y de sus hojas se preparó una infusión que alejaba el sueño.

Al té en la mayoría de países del mundo se lo denomina casi de igual manera. Esto responde a que en lengua vulgar china, té se nombra “tu”o “tay”. De estos nombres deriva  casi todo el resto, salvo en portugués que suele conocerse como “Tcha”, porque toman la raíz del chino mandarín en lugar del vulgar.

Mucho ante de considerarse una bebida, el té se tomaba como medicina. En China ingresa en el siglo VIII y en Japón en el XV. Fue este último quien dio título de nobleza al té y hasta el de culto: el teísmo.

Según explica Kazuko, “El teísmo es un culto basado en la adoración de la belleza, tan difícil de hallar entre las vulgaridades de la trivial existencia cotidiana. Lleva a sus fieles a la inspiración de la pureza y la armonía, el sentido romántico del orden social y el misterio de la mutua misericordia. Es esencialmente el culto de lo Imperfecto, puesto que todo su esfuerzo tiende a realizar algo posible en esta cosa imposible que todos sabemos que es la vida”.

Vale destacar que la consideración hacia la bebida no es solo estética. El té logra expresar conjuntamente lo estético, lo ético y lo religioso. Una visión integral del ser humano y su vínculo con la naturaleza.

“Obligando a la limpieza, es una higiene; es también una economía, porque demuestra que el bienestar reside más en la simplicidad que en la complejidad y en lo superfluo; es una geometría moral, porque define el sentido de nuestra proporción respecto al Universo. Y, finalmente, representa Oriente, puesto que hace de todos sus adeptos unos aristócratas del buen gusto” se explica en el texto.

Para muchos occidentales, de ayer y también de hoy, toda la ceremonia y el pensamiento detrás de la bebida puede resultar trivial. No logran apreciar en toda la ceremonia más que algo exótico y risueño.  Sin embargo siglos y siglos de tradición convocan a pensar y sentir lo contrario, como aquella grandeza que se logra apreciar de las pequeñas cosas.

La propagación del té fue casi inmediata. La primera mención escrita que se conoce de su existencia en Europa se encuentra en el relato de un viajero árabe en 879, mostrando que las fuentes principales de ingresos de la ciudad de Cantón estaban constituidas por los derechos sobre la sal y sobre el té. También Marco Polo relata que un ministro de Finanzas fue destituido por haber aumentado arbitrariamente los derechos sobre el té.

Los barcos holandeses lo convidan a toda Europa, pero sobre todo a Francia, a Rusia y por último a Inglaterra. De ahí llegó a América del Norte para generar una revolución por los derechos excesivos sobre sus impuestos. La independencia de Estados Unidos comienza con la destrucción de cajas de té en el puerto de Boston.

Hoy en día es un producto con fuerte presencia en la economía de muchos países. Por ejemplo, Sri Lanka lo tiene como su cultivo principal luego de que sus cosechas de café, en 1869, fuesen destruidas por la plaga.

Vale como muestra de la batalla que disputan ambas bebidas entre sí.

Kawa es un vocablo árabe de origen incierto. De él deriva la palabra café.

Antiguamente el café no se tostaba, por lo tanto no tenía su color negro característico. Según cuenta la leyenda, “Un día, un pastor de Etiopía vio cómo sus cabras, que generalmente dormían por la noche, permanecían despiertas después de haber comido hojas y frutos de determinados arbustos. Quiso probarlo y se dio cuenta de que tampoco podía dormir y pasaba la noche desvelado. No se sabe si comió directamente las semillas o bien hizo una infusión con ellas. Un día de lluvia en que las semillas se habían mojado quiso secarlas rápidamente, para lo cual las puso al fuego. Distraído, no se dio cuenta de que se tostaban y, no queriendo tirarlas, hizo una infusión con ellas, que encontró más sabrosa que la que hacía con las semillas verdes”.

La información fue recogida por los monjes de los conventos que encontraron en la bebida una solución para mantenerse despiertos durante las noches de oración.

Poco a poco, y kilómetro a kilómetro, la bebida se ganó el mundo. Las primeras noticias contrastadas que se tienen sobre su uso son de finales del siglo XIV y, según parece, a finales del siglo XV aparecen en el mundo musulmán los establecimientos que servían esta bebida y que por ello se llamaron “cafés” (en el Cairo en 1592).

Quizás el café no cuente con lo místico y mítico del té. Pero este también nos ha propiciado espacios y rituales donde se han escritos grandes libros, así como por donde han circulado tanto pensamiento y conocimiento. Al decir del gran don Miguel de Unamuno, “La verdadera universidad popular española ha sido el café y la plaza pública”. ¿Cuántos lugares del mundo pueden decir lo mismo?

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