Ezequiel Dellutri, el autor que piensa sus textos con el corazón

Muchas novelas policiales lo prepararon para meterse en la literatura juvenil. Hoy, con varios premios ganados y reconocimiento en muchos lugares del  mundo,  Ezequiel Dellutri sigue invitándonos a jugar en y con sus textos.

En sus novelas se tratan temas como la identidad, la posibilidad de comunicarse, los vínculos, la sexualidad y hasta la autoflagelación.

26 de Diciembre de 2021 11:04

Agotado de la novela policial, Ezequiel Dellutri encara aquella actividad que siempre le pareció algo maravilloso: la literatura juvenil.

Fueron cuatro o cinco años donde el policial ocupó toda su actividad hasta lograr su agotamiento. Por ese entonces no se animaba a la literatura juvenil porque creía que necesitaba un conocimiento técnico que no poseía. Finalmente, junto a un amigo, comenzó  a meterse de a poco y logró descubrir que todo lo transcurrido en el policial fue una especie de escuela para lo que llegaría: Koi, su primera novela juvenil ganadora del Premio Norma 2018, Minotauro en zapatillas (Norma), Tres son multitud (Ekeka Literatura), varios premios y menciones honrosas en concurso internacionales y, sobre todo, el reconocimiento de muchos y muchas jóvenes que inician su camino como lectores a través de sus libros.

“Yo transito dos caminos diferenciados en mi literatura pero que al mismo tiempo se van combinando. Por un lado, cuando escribo para chicos suelo escribir haciendo pie en el humor y,  cuando escribo para jóvenes, suelo hacer pie en la emotividad. Pero ambas cosas se van mezclando. A mí me gusta que una novela cuando tiene humor también pueda ir de él hacia la emotividad y también me gusta que una novela emotiva pueda ser divertida” sostiene el profesor de literatura, escritor e ilustrador.

-¿Y cómo se logra esa emotividad desde lo literario?

- Bueno, por supuesto yo tengo mis recursos literarios para lograrlo, pero creo que al margen de lo que es técnica literaria hay algo que es muy importante que es la entrega al texto. Es decir, uno se tiene que entregar al texto y entregar desde lo emocional, esto es pensar el texto técnicamente, pero también pensarlo con el corazón. Si el texto no pasa por el corazón, si a mí no me emociona lo que estoy escribiendo, si a mí no me divierte lo que estoy escribiendo, difícilmente eso emocione al lector, difícilmente divierta al lector. Entonces, si bien hay que tener un concepto técnico muy claro con respecto a cómo se narra y cómo se cuenta, y esto es una de las cosas que yo creo fundamentales que tenemos que recuperar en la literatura, el espacio de profesionalización, de conocer las herramientas que tenemos como escritores, de saber contar una historia y conocer los distintos métodos para que  esa historia pueda desarrollarse, creo que al margen de esto hay que poner el corazón. De alguna manera me sumo a lo que dice Ray Bradbury en su hermoso libro El zen en el arte de escribir, donde dice “Hay que aprender técnica narrativa, hay que aprender cómo escribir, pero hay un momento donde hay que olvidarse, hay un momento donde hay que entregarse a la historia”. Es como andar en bicicleta, llega un momento donde no hay que pensar en lo que uno está haciendo, simplemente hay que hacerlo.  Y creo que en la literatura pasa lo mismo, hay que entrenarse en técnica literaria, pero hay un momento donde hay que entregarse, hay que fluir con la historia y si uno no fluye y pone realmente el corazón y la vida en eso, la historia no late, la historia no tiene vida. Para mí lo importante en una novela, sobre todo que es lo que yo escribo, porque me considero un novelista, es que esa novela tenga vida y para que la tenga tiene que fluir como la vida misma, no hay otra manera de hacerlo y uno tiene que fluir en ese río de la historia.

Pensemos a la literatura juvenil como una literatura que se pude leer a partir de determinada edad (lo cual no implica que tenga un límite, un techo para la edad en que se puede leer y disfrutar de eso textos)

Dellutri disfruta mucho cada instancia y todo el proceso creador de sus textos. Reiteradas veces mencionará que todo fue y es, “como salir al patio a jugar”. Como ejemplo cuenta su primera experiencia: “Cuando escribí Koi fue algo muy lindo porque para mí fue como abrir la puerta para ir al recreo. Yo nunca me sentí atado. Al contrario, fue donde me sentí más libre que nunca. Porque el joven no lee desde el preconcepto, sino que lee desde el real ejercicio de la libertad. ¿Por qué? Porque no tiene una construcción de qué debe ser la literatura entonces él está dispuesto a emocionarse a entregarse, a dejarse llevar por la historia”.

Ezequiel Dellutri, el autor que piensa sus textos con el corazón.

-Y ¿cómo te llevas con los prejuicios sobre la literatura juvenil e infantil? ¿Quedan prejuicios todavía?

- Sí, definitivamente hay aún prejuicios, como en todo orden de la vida y también los hay con respecto a la literatura juvenil e infantil. Yo creo que a los autores de esta literatura ya no nos preocupa mucho ese prejuicio que hay con respecto a lo que hacemos. Nosotros generamos una literatura que es de iniciación, es decir, que representa el primer escalón dentro del recorrido lector de una persona (o los primeros escalones dentro del recorrido lector de una persona) y eso hace que algunos vean esto como algo malo. Hace un tiempo escuchaba que decían sobre Cortázar que es un autor para iniciarse y lo decían como si fuese algo malo, yo creo que no hay nada más honroso que ser, de alguna manera, el primer escalón del recorrido del lector de alguien. Para mí eso es un privilegio. Por otro lado, se abrieron de a poco espacios específicamente para la literatura juvenil e infantil en los diarios y en revistas y espacios propios, es decir que son espacios de crítica y análisis específicamente dedicados a la literatura juvenil e infantil, de manera que sí hay que lidiar con ciertos prejuicios, pero siento que esos prejuicios de a poco se van desplazando y, como a todo prejuicio, creo que el secreto es no darle demasiada trascendencia.  La literatura infantil y juvenil es poderosa, tiene mucho para decir, tiene mucho trabajo literario y creo que eso es lo importante: valorar lo que estamos haciendo primero nosotros y de a poco la literatura infantil y juvenil  se va a ir abriendo camino.

Minotauro en zapatillas fue escrita e ilustrada por Dellutri.

 

Los temas que trata son aquellos que inquietan al propio autor, que le interesan a él en lo más personal. Pero también son aquellos que hoy los jóvenes necesitan poder conversar e informarse. En realidad, sostendrá Dellutri, “Creo que no hay tanta distancia entre lo que piensa un joven y lo que piensa un adulto, entre lo que siente un joven y siente un adulto. Por supuesto que hay distintos grados de intensidades o de forma de analizar o encarar los problemas, pero creo que en el fondo todos seguimos sintiendo de la misma manera y nos siguen inquietando los mismos temas”.

En sus novelas se tratan temas como  la identidad, la posibilidad de interactuar, comunicarse, los vínculos, la sexualidad y hasta la autoflagelación. En cada contexto de ficción, cada uno de ellos deja una instancia de diálogo y, sobre todo, de conocimiento e información para los lectores. La literatura, en estos casos, como en todos, permite reconocerlos y conversarlos.  Dellutri agrega, “Mi literatura es una que se vende mayoritariamente en las escuelas y eso entonces permite tratar ciertos temas, ponerlos arriba de la mesa  y tener una mirada informada sobre el tema. No hay nada peor que informarse sobre temas como la sexualidad, la autoflagelación, que siguen siendo un tema bastante tabú dentro dela literatura juvenil, en los pasillos. Creo que la escuela cumple un rol fundamental al poder poner estos temas sobre la mesa, es decir, se puede hablar de todo y se puede hablar desde la información y del conocimiento y también desde el plantear: ‘si no sabemos sobre esto, investiguemos’. No nos guiemos solo por lo que se dice. Creo que poner los temas arriba de la mesa , hacernos pensar sobre determinados temas, es de alguna manera uno de los objetivos de la literatura: generar esa inquietud , esa incertidumbre, esas ganas de saber más, ese pararme frente a algo que no conozco  y animarme a descubrir qué hay del otro lado. Por eso pienso definitivamente que es fundamental que la literatura, sobre todo la juvenil y la infantil, plantee este tipo de temas , nos anime  a hablar sobre estos y descubramos que todos, sin importar la edad, tenemos inquietudes, tenemos dudas que merecen ser resueltas”.

Tres son multitud es su nueva novela.

La imagen y la palabra coquetean en sus libros. Pero esto va más allá en el tiempo. La imagen y  la palabra son dos recursos muy distintos que, sin embargo, en la historieta, en el libro álbum, en el libro ilustrado permanentemente han aparecido juntos. Dellutri se animó y dibujó uno de sus propios textos. Se convirtió así en un escritor que dibuja. “Soy un escritor que dibuja no un ilustrador que escribe, de manera tal que siento que nadie me va a exigir demasiado como ilustrador, entonces eso me da una libertad mucho más grande al momento de escribir”, asegura.

Pero el tema de ponerles caras a los personajes es algo que debe pensarse mucho. ¿No se corre el riesgo de perder algo de la imaginación, del lector activo, al ir por ese camino? El escritor que dibuja responde enfático: “Cuando escribo literatura para jóvenes, que habitualmente va sin ilustraciones, ahí intento jugar con la imaginación del lector. Es decir, describir lo menos posible. Yo creo que la descripción es algo que definitivamente la  literatura tiene que dejar atrás o tiene que empezar a manejar con mucha más sutileza. Hay libros escritos hace mucho tiempo donde la descripción era necesaria porque no había tantos recurso ni información audiovisual como hay ahora. Pero hoy, al haber tanta información audiovisual, creo que gran parte de esas descripciones se tornan innecesarias. A mí me gusta más jugar con la imaginación del lector. Intentar describir lo menos posible, despertar imágenes en la cabeza del lector más que generar descripciones”. Rápidamente lanza dos ejemplos personales, pero en los cuales podríamos vernos reflejados cualquiera de nosotros. Dice, “Siempre recuerdo que cuando leí El señor de los anillos, mucho antes que se estrenaran las películas de Peter Jackson, de alguna manera  el mundo que yo imaginé era muy distinto al que se mostraba en la película. Entonces yo me pregunto, ¿el que lee y paralelamente ha sido contaminado por las películas, va a poder imaginar con la libertad que imaginé yo aquello? Con Harry Potter me pasó algo parecido. En la imagen de la tapa del libro estaba una ilustración maravillosa de Harry Potter, no recuerdo la ilustradora, pero eso condicionó la cara del protagonista. Para mí siempre la cara de Harry fue la cara que estaba en la tapa del libro. Entonces cuando uno pone imágenes, estas condicionan la imaginación del lector y de alguna manera contrarresta el efecto provocador que tiene la palabra”.

Más allá de esto, para él fue muy divertido poder ilustrar sus textos.  Utiliza nuevamente la metáfora de salir al patio a jugar, así sostiene haber sentido aquella instancia. “A pesar de esa contradicción interna, disfruto mucho eso de darles cara a mis personajes. Creo que hay un diálogo hermoso entre imagen y palabra que me gustaría explorar y explotar mucho a futuro y que ha sido muy rico e intenso para mí. Por otro lado  las ilustraciones han hecho que recuperemos el valor del libro físico, entonces de alguna manera eso también me gusta. Porque el libro electrónico no tiene esa riqueza de diseño que puede llegar a tener el libro impreso, el libro físico” concluye.

 Dellutri valora la literatura tanto como el poder ser uno de aquellos primeros escalones en la vida de un lector. El que llega a Koi, o a cualquiera de sus personajes, quiere tener algo de él (y  eso no es poco) pero también quiere verse en algo de Koi (lo cual hace mayor el mérito). Laura, y varios otros de sus textos, muestran sus sensaciones y emociones que terminan siendo las nuestras. Dellutri escribe para todos. Quizás como la Alicia de Lewis Caroll uno podría preguntarse, ¿de qué sirve un libro sin diálogos o sin posibilidades de pensamiento y sentimiento? Dellutri va haciendo sentir con las palabras. Pero también va contando una historia, finalmente todo se resume en eso, que nos empuja hasta la puerta para que la abramos y podamos salir a jugar con las palabras que terminan dándole sentido al mundo. Al de las historias de Dellutri. Al de todos nosotros.

 

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