Historias de acá

5 de Julio de 2021 08:58

Lobos marinos, los dueños de Mar del Plata

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La postal de los lobos marinos es una de las más tradicionales de Mar del Plata. Desde los icónicos ejemplares de piedra de la rambla hasta los naturales de un pelo que habitan el puerto de la ciudad y en ocasiones copan las calles del centro comercial puerto llaman la atención de las miles de personas que llegan a “La Feliz”.

Mar del Plata fue epicentro, desde tiempos inmemoriales, una de las colonias más grandes de lobos del litoral costero debido a su rocosidad. Ya en 1571 el corsario Francis Drake al distinguir los ejemplares en lo que actualmente conocemos como Cabo Corrientes denominó ese sector de la costa marplatense como "Cape Lob" o “Cabo de los Lobos”.

Según explica el investigador y doctor en Ciencias Biológicas del Instituto de Investigación Marina y Costera (Iimc) de la Universidad Nacional de Mar del Plata - Conicet, Diego Rodríguez, antes de la llegada de los fundadores de la ciudad, Mar del Plata fue uno de los principales puntos elegidos por los lobos marinos de un pelo para establecer sus colonias reproductivas y, los principales asentamientos se dieron en el corredor costero que abarca desde la actual Punta Iglesia hasta Punta Mogotes. Se estima que la zona llegó a contar con cerca de 150 mil animales que se adueñaron de la costa.

Los primeros ejemplares fueron fotografiados en el puerto en la década del 40. Foto: Gentileza Fundación  Fauna Argentina

Cuenta la leyenda que los grupos originarios, Pampas y Araucanos, capturaban ejemplares para obtener sus pieles, aunque se trataba de una actividad poco usual.

Siglos más tarde, en 1856 con la instalación del Saladero de Coelho de Meyrelles, comenzó el éxodo de los animales hacia el sur de la ciudad. En principio, se los trasladó a las playas del centro y, con la llegada de las familias aristocráticas a la ciudad, las colonias fueron llevadas hacia la escollera sur.

Juan Lorenzani, titular de Fundación Fauna Argentina, precisó que en la década del 40 las colonias se asentaron en el Espigón del Club Náutico, -conocido por entonces como "isla de los lobos"- y, cuatro décadas más tarde, se asentaron en la Reserva de Lobos marinos.

Los lobos marinos merodean las lanchas amarillas

"En esa época generaban daño a las embarcaciones: ocupaban las lanchas y provocaban hundimientos", dice. Cada ejemplar puede llegar a pesar 350 kilos y, con el paso del tiempo, los ejemplares se volvieron domésticos e inofensivos para los humanos.

Desde los primeros registros hasta la fecha, la población ha ido cambiando. Actualmente, en los dos dos colonias reproductivas del puerto de Mar del Plata hay un total de 500 ejemplares de la especie Otaria Flavescens y son todos machos.

Según Rodríguez, los ejemplares que habitan Mar del Plata acostumbran a tener un harén de una decena de hembras que ocupan las costas uruguayas, a donde el macho viaja a mediados de diciembre.

En el mes de diciembre, los machos se trasladan a la costa uruguaya

Desde el comienzo de la pandemia, es habitual ver a los animales fuera de la Reserva. "Hay que pensar que la colonia convive dentro del espejo de agua del puerto", dice Lorenzani que, consultado sobre el actual comportamiento de los animales, dice que la presencia de los lobos marinos es de siempre. "Son animales tranquilos pero, al estar en contacto con el ser humano, tienen una característica distinta a lo que ocurre en otras colonias: se acostumbraron a que les den de comer y a tener una cercanía constante con el humano", asegura.

"Los lobos marinos muestran una marcada plasticidad en su comportamiento y fidelidad en el uso de las instalaciones portuarias como áreas de descanso", dice el investigador al tiempo que aclara que  este proceso de habituación implica reducir la respuesta a estímulos repetitivos o ignorar estímulos nuevos debido a que no se consideran amenazas, tales como el movimiento de público, maquinarias y vehículos. " Un claro ejemplo es la facilidad con que el público puede acercarse a pocos metros; mientras que en las colonias naturales se producen estampidas masivas a distancias menores a los 30 ó 50 metros", concluye Rodríguez.

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