¿Bolsonaro fuera de carrera en 2022?

Cada vez son más las voces que consideran que Bolsonaro no debe presentarse para las elecciones de octubre de 2022.

La comisión parlamentaria que investiga la actuación del Gobierno de Brasil durante la pandemia tiene como último plazo para emitir su fallo el 5 de noviembre. Hasta entonces, habrán pasado siete meses -contados desde el inicio de las investigaciones- de interrogatorios, pericias y demás trámites que pueden derivar en el juicio político, destitución y hasta prisión del presidente Jair Bolsonaro, con más de 130 denuncias en su contra acusándole de diversos delitos. 

Esa es una de las paredes que vienen levantándose alrededor del mandatario para aislarlo de la elección de 2022. Está hecha de una gestión que no sólo no entregó los resultados que prometió en campaña, sino que agravó los índices económicos, sanitarios, institucionales, ambientales y sociales del país que supo ser la sexta economía mundial antes de la pandemia. Y aunque también hay otros muros en construcción, aún es temprano para prever si terminarán de cerrar el círculo, colocando a Bolsonaro fuera de la disputa electoral por la presidencia de Brasil para el período 2023-2026.

 

Ruta sin salida

Las “sugerencias” de aliados, expresidentes y prácticamente toda la clase política para que el mandatario cambie su hoja de ruta, son cada vez más frecuentes. Los seguidores de Bolsonaro, en cambio, no sólo rechazan ese cambio, sino que lo consideran una afrenta a la misión patriótica del “mito”, como apodan a Bolsonaro. En las marchas del 7 de septiembre, cuando el líder se rebeló contra la Corte Suprema, explicitando así su plan autocrático, la multitud rugió, enardecida: “te autorizamos”.

 

Un auténtico giro, sin embargo, podría ocurrir si Bolsonaro cumple con las insinuaciones que ha hecho de no presentarse a la disputa en 2022 como una forma de rechazar el sistema electoral brasileño, que se basa en el voto electrónico en lugar del voto de papel que prefiere el mandatario. Derrotado en el Congreso su proyecto de volver a las urnas antiguas, le resta ahora a Bolsonaro efectivamente no participar de lo que él llama “fraude” o arriesgarse a verificar si los apoyadores que lleva a las calles atraen votos suficientes para asegurarle un triunfo electoral. 

 

Las encuestas

 

Las encuestas hoy dicen que no: entre un 53 y un 56% de la población consideraba a su gobierno  “malo o pésimo”, de acuerdo con las  cuatro principales consultoras de opinión pública de Brasil (Datafolha, Ibope, Ipec y Poder360) en vísperas de cumplir 1000 días en el cargo (el 27 de septiembre), cuando faltan 15 meses para finalizar su mandato. Pero la opción de impeachment (destitución por juicio), que podría fortalecerse después de que la comisión parlamentaria emita su fallo en noviembre, tampoco aparece hoy como muy viable.

En efecto, Michel Temer (centro-derecha) -que asumió la presidencia tras la destitución de Dilma Roussef- ha dicho esta semana que no sería “adecuado” destituir al jefe de Estado “en este momento”. “Si usted me hubiera preguntado esto hace un año, yo tal vez le hubiera dicho que habría que hacerlo. Pero hoy no. Es un proceso traumático y además no hay gente en la calle”, remarcó Temer, que tuvo papel de “pacificador” en el conflicto de Bolsonaro con la Corte Suprema tras las marchas de septiembre.

Temer -un político cuya trayectoria atraviesa décadas-, le dio, no obstante, cierto aire de factibilidad a la deserción electoral del presidente. “Bolsonaro puede desistir de ser candidato y en lugar de eso apoyar a alguien y decirle a su militancia que lo apoye”, lanzó esta semana en un programa de TV. Con ello, según Temer, no habría lugar para la “tercera vía” que hoy pretenden construir quienes rechazan la reelección de Bolsonaro y el regreso de Lula da Silva. 

Si bien movimientos de derecha que apoyaron a Bolsonaro para llegar a la presidencia se alejaron de su gestión actual y hoy se articulan hasta con partidos de izquierda para pavimentar la tan declamada “tercera vía”, en el panorama actual no se observa un avance significativo en esa dirección. Por lo contrario, la derecha bolsonarista convoca más gente a la calle que la derecha y la izquierda juntas. 

 

La Haya

Ya no en la calle y sí en los recintos nacionales e internacionales es perceptible el avance de la sociedad organizada contra los bríos autoritarios del líder sudamericano. No sólo indígenas han denunciado al mandatario brasileño en la Corte Penal Internacional de La Haya por genocidio y crimen contra la humanidad, sino también el movimiento de derecha MBL (Movimiento Brasil Libre) que impulsó su carrera electoral a la presidencia en 2018. Según la presentación del dirigente de ese movimiento Renato Batista, Bolsonaro promovió el contagio de coronavirus para alcanzar la polémica “inmunidad de rebaño”.

En suma, más allá de las caravanas de moto à la Mussolini o las arengas a la multitud à la Hitler a las que el ejecutivo brasileño es tan aficionado en sus apariciones públicas, puede decirse que el futuro de Bolsonaro y de la democracia de Brasil transita hoy por los canales institucionales. El tono de las elecciones del año próximo -o inclusive si habrá elecciones- dependerá mucho de cómo reaccione el “Trump brasileño” a lo que decida el Parlamento el 5 de noviembre. 

Por ahora, como se decía en vísperas de la destitución de Dilma Rousseff, “las instituciones están funcionando”.

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