Las increíbles exigencias del gobierno de facto a los medios de comunicación durante Malvinas | 0223

Las increíbles exigencias del gobierno de facto a los medios de comunicación durante Malvinas

A través de un memorándum, la Junta Militar instaba a los medios de comunicación a no mencionar la edad de los soldados ni transmitir películas inglesas, entre otras medidas.

El 15 de junio de 1982, un día después de la rendición de los militares argentinos ante Inglaterra en el marco de la guerra iniciada el 2 de abril de ese año en reclamo de la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas, el gobierno de facto hizo circular una serie de pautas que debían cumplir los medios de comunicación a la hora de abordar el conflicto. 

El memorándum 228/32, emitido por el Estado Mayor conjunto y dirigido a las comisiones coordinadoras de radios y televisión estatales, advertía, en primera instancia, que la comunicación se había convertido en “un arma de alcance poderoso” y “de gran impunidad durante los conflictos bélicos”. En consecuencia, se pedía a los comunicadores a cargo de programaciones de radios y canales estatales que, en vísperas del arribo de soldados prisioneros de guerra y heridos en combate, actuaran con mesura para evitar la posible utilización de la información por parte de los “oponentes”.

En ese sentido, y con el argumento de “no brindar al adversario la oportunidad de encontrar un flanco vulnerable en nuestras defensas sociales”, el gobierno de facto en manos de Leopoldo Fortunato Galtieri, instaba a evitar “contenidos informativos de carácter sensacionalista, derrotista o inverosímil”, por que consideraba que ello implicaba “el menoscabo de a la moral de las Fuerzas Armadas y de la población en general”.

En cuanto al tratamiento que debían recibir los combatientes heridos y prisioneros de guerra que retornaban al continente, se pedía presentar al soldado como “un ciudadano que pagó un duro precio” al haber participado de la contienda, pero “satisfecho de su protagonismo”. Asimismo, se recomendaba no elaborar perfiles que caracterizaran al combatiente “como una víctima impotente de la situación bélica” y asociar, en lo posible, “hechos gloriosos” o batallas.

También se sugería “no especular con el dolor de los parientes o sus fantasías de lo que ‘hubiera podido ser’ u otras hipótesis que tiendan a negar el destino que les toca vivir”, ni generalizar descripciones de situaciones dudosas que pudieran producir “confusión o contradicciones”.

En memorándum que circuló en todo el país, los organismos de control de los medios de comunicación solicitaban que no se hiciera “alusión peyorativa a la edad” de los soldados y, mucho menos, referirse a ellos como  “chicos de 18 años”. En el mismo punto, se pedía tampoco “maximizar la figura del enemigo como adulto” y quedaba expresamente prohibido “hacer uso de recursos de tipo sentimental”.

Por otra parte, se ordenó limitar las opiniones y la adjetivación, así como suposiciones de los entrevistadores a la hora de abordar la historia de cada soldados. En ese sentido, también se recordaba a los periodistas que los combatientes tenían prohibido opinar sobre sus jefes y dar de detalles en cuanto al armamento, disposición de tropas y número de efectivos que actuaron en el conflicto, entre otras cuestiones, ya que ello implicaba la violación del Código Militar vigente en ese momento.

Los comunicadores también debían cerrar las entrevistas con una síntesis o reflexión “positiva” y poner énfasis en que “la Argentina forma parte del mundo occidental, exaltando el sentimiento americanista puesto de manifiesto por nuestro país y el gesto solidario demostrado por las naciones iberoamericanas, frente a la agresión de Gran Bretaña”.

 

Novelas nacionales y sobriedad en los programas de entretenimientos

Más allá de los contenidos informativos la dictadura estableció una serie de pautas que alcanzaban, incluso, a las novelas y películas. Sobre esto en particular, se determinó que debían destacarse los “géneros argentinos y latinoamericanos en todas sus formas” y dejar de lado series, películas, por ejemplo y otras expresiones artísticas “provenientes de los países en conflicto con el nuestro”. El objetivo de esta medida, señalaron, era “acentuar los valores inherentes a nuestra nacionalidad, mediante la difusión de contenidos acordes con el momento histórico” que se vivía.

Al mismo tiempo, se determinó que “aquellas expresiones de entretenimiento y/o comicidad” debían mantener la “sobriedad y prudencia adecuada a las circunstancias” de aquel momento. “Apelar a la mesura del pueblo argentino a fin de que sus acciones ante hechos que provoquen su reacción positiva y multitudinaria no se aparten de los límites que establece el actual estado de guerra”, precisaba el memorándum.

 

La productora de TV que guardó el documento para "mantener viva" parte de la historia más oscura de la Argentina

Cristina Bottinelli es una marplatense que trabajó extensamente como productora de radio y televisión tanto en Argentina como España. En 1982 tenía a su cargo la producción del programa "Divulgación científica y cultural", en Canal 8, que se emitía los sábados al mediodía. Y fue ella quien guardó hasta estos días la polémica nota enviada por la Junta Militar a los medios. “La rutina de los medios de comunicación había cambiado notoriamente desde el comienzo de la Guerra de Malvinas: la mayoría de los programas periodísticos, de interés político, culturales, tenían que adaptarse ante lo cambiante del conflicto bélico. Teníamos que ir en vivo, porque si no todo lo que se grababa podía ser historia”, recuerda ante 0223

“En el programa debíamos analizar temas relativos a Malvinas (históricos, geopolíticos, económicos, etcétera), destacar el rol de las Fuerzas Armadas y hacer programas especiales para el Día del Ejército, de la Armada, de la Aviación”, agregó sobre aquellos meses convulsionados. Canal 8 estaba intervenido por la Marina, y sus autoridades entregaron entonces a la oficina de prensa y los responsables de los Programas, el memorándun N° 228/82 del Subsecretario Operativo de la Secretaría de Información Pública (SIP), cuyo asunto fue “Remitir pautas del Estado Mayor Conjunto para cumplimiento en todas las Radios y Canales de Televisión de la S.I.P., eran las “Pautas de Comunicación Social a tener en cuenta para las programaciones de Radio y Televisión.

Bottinelli se dio cuenta, al recibir como productora ese triste texto, que era algo inédito: “Supe que ése era y sigue siendo un  documento histórico de mucho valor porque a partir de eso se bajaba línea como la publicidad 'Argentinos de Vencer' y  los soldados de Malvinas dejaron de existir”, comentó. No solo guardó la documentación, sino que también se encargó de expandirla para generar conciencia, una vez regresada la democracia. “Para mí fue como guardar un gran tesoro con el objetivo de mantener viva la historia para que con los años se pudiera conocer apenas un poco cómo se modelaba la información que se daba a los ciudadanos, y también, y con algo de vergüenza siempre, entregar copias a los Centros de ExCombatientes, a los soldados que tantos años acamparon en Plaza de Mayo, a investigadores, docentes, estudiantes”, finalizó.