El Súbito y una búsqueda del paraíso en la tierra

El Súbito es la reciente novela presentada por Federico Aliende. Una investigación judicial que trasciende sus propias intenciones y culmina con la posibilidad de pensar y pensarse en este mundo.

Una novela que busca mostrar el otro lado de la ciudad.

10 de Noviembre de 2024 10:20

“Inexplicables muertes diarias, una nueva y misteriosa droga que permite ascender fugazmente al paraíso terrenal, traumas del pasado que impiden el presente y traiciones a destiempo, son apenas ejemplos de una trama que atrapa, sofoca, pero, sobre todo, nos interpela en cada página”. Así describe su contenido la contratapa de El Súbito (Larria – 2024), la nueva novela de Federico Aliende.

Voy a tomar la última parte, la parte que señala esa instancia de la pregunta. Toda la historia está conjugada con preguntas: preguntas hacia y para uno mismo, preguntas hacia y para la realidad que nos rodea. Una buena combinación entre filosofía y religión que deja abierta la posibilidad de que las respuestas sean nuevas preguntas.

Con Federico Aliende recordamos que cuando presentamos su novela Infierno Verde (El Guardian literario – 2020), ya se dejaba entrever la idea de la búsqueda de un paraíso terrenal por parte de los seres humanos en el 1500 de nuestra era. Y esa idea del paraíso terrenal y la de la trascendencia quedó ahí para ser explorada.

En El súbito se pasa a la acción y la puerta a ese paraíso es una droga, una pastilla sintetizada de esa flor que se buscaba en la novela anterior en el Amazonas. “Eso me fue llevando a otros temas: el existencialismo, la trascendencia, la filosofía”, comienza diciendo a 0223 Federico Aliende. Y agrega, “Acá arranca como un caso judicial, pero luego se quiere indagar en algo más allá, en lo divino, y ahí aparecen sus limitaciones”.

Está clara la presencia de lo distópico en la novela. Pero es casi una condición necesaria para todo el resto. Acá, la distopía está en el sentido de un fenómeno extraño e inexplicable, con una pandemia de fondo que ya dejó enseñanzas en la humanidad ante estos hechos. Aliende agrega, “Creo que acá lo distópico va más como telón y lo de la droga ADC es lo principal”.

Tuvo se presentación hace muy poco en Mar del Plata.

-Estoy de acuerdo con que, a diferencia de tus novelas anteriores, esta pasa más por lo introspectivo. Hay una frase que viene también de la novela anterior, pero que refleja el tópico de esta nueva: “Soy el olvido de Dios”.

- Claro, son preguntas del protagonista para él mismo. Esto lo hace también un libro más intimista. Yo no sé si lo buscaba al principio, pero me pasó lo mismo que cuando me pongo a hablar de filosofía o religión, siempre hay una introspección que te lleva directo a cuestionarte sobre cuál es tu papel acá y yo, que soy un tipo creyente, me pregunto cosas. Esto me llevó a darle un punto de vista más intimista. Además, el protagonista justo está entrando en la crisis de los 40 y está a punto de cambiar su vida, entonces empieza a preguntarse por todo. Con esto no spoileo nada porque pasa en el inicio de la novela, pero la muerte de su mujer lo lleva a sentirse realmente solo, no puede proyectar nada y se empieza a cuestionar su propia existencia. Por eso la frase “Soy el olvido de Dios”.

El autor se desempeña como instructor judicial del Ministerio Público Fiscal de la provincia de Buenos Aires. Es decir que en todo este ámbito se muestra cómodo cuando narra. Pero la cuota extra en este texto viene de la mano de la religión y de Dios. Entonces la pregunta obligada es cómo se sintió al meterse con estos tópicos, ¿cómo es su relación con Dios y el más allá? Dice: “Bueno, como te decía, yo soy creyente, pero tengo una postura sobre Dios de no verlo siempre bueno. Creo en un Dios que puede ser vengativo, como los griegos o el del Viejo Testamento. Yo lo planteo en El Súbito, quizás lo que está ocurriendo es una Sodoma o Gomorra, un diluvio, un castigo por la intransigencia humana. Y yo creo que, no por ser una deidad, puede ser así y no dejar de ser un Dios. Por otro lado, soy un creyente de que existe algo más allá y que ese Dios puede no ser magnánimo, ni bueno, ni puro, sino que, tranquilamente, puede ser un tipo que a veces juega los dados y está aburrido o que se puede enojar.

- ¿Y ese más allá cómo sería para vos?

- Yo realmente creo que hay un más allá. Creo que todo esto tiene que ser una preparación para algo más. Entiendo que es un camino evolutivo hacia algo más, hacia una trascendencia. Yo me imagino un tiempo en un estado de gracia y, sobre todo, no tener que trabajar más. Realmente me gusta pensar la trascendencia como algo que tiene que ser una especie de descanso, consciente y feliz, digamos.

Lo interesante de la posición que el autor quiere contar en su novela, también aparece un más allá y un más acá que tiene que ver con la ciudad de Mar del Plata. La historia está ambientada en esa ciudad de nueve meses que queda solo para los propios marplatenses. “A mí como marplatense me agarra a veces ese proceso de contradicción. Antes de trabajar de lo que trabajo ahora, yo tuve otros y, la verdad es que siempre había que preparar la ciudad para cuando vinieran los demás y luego uno se sentía como expulsado de distintos lugares. Entonces, yo quería plantear un tipo que no vive en esa ciudad donde se está alabando todo el tiempo el mar ni diciendo cuánto disfruta ir a la sierra el fin de semana, sino al contrario, una Mar del Plata que lo aploma, esquivando la costa porque está atestada de gente”, argumenta el autor.

Una novela cargada de preguntas.

-Esto va de la mano con la imagen de la portada, esa avenida de la ciudad tan característica, pero vista hacia la ciudad, no hacia el mar…

-Totalmente, también juega con esa idea de las primeras páginas donde el protagonista imagina una ciudad incendiada y el tono de la tapa va por ese lado también. Es más, quizás si hubiese elegido como escenario una Mar del Plata de temporada hubiese tenido más situaciones para resolver la novela, pero me dije: “No va por acá, va por el hecho de que la gente que es de acá se sienta un poco identificada con los que estamos nueve meses en esta ciudad”.

Pero la simbolización de la portada también plantea la cuestión de la búsqueda, como si la misma ciudad fuese protagonista y se buscara a sí misma. Como si se preguntara cuál de las dos Mar del Plata es la verdadera. Federico me dice: “Me gusta eso que decís, porque yo pienso que la ciudad también es protagonista de la novela. Yo intente que quien recorre la ciudad fuese una especie de flaneur, un callejero, y poder distribuirlo en distintos puntos de la ciudad que nosotros conocemos, pero no desde lo turístico, sino desde la rutina diaria de cada uno de nosotros.

- ¿Te acordás cuál fue la última idea que te apareció a la hora de escribir la novela?

- Lo último que trabajé fue la conexión entre ADC y Súbito. Yo necesitaba conectar eso y esa conexión no llegó hasta bien el final de la historia. Yo necesitaba generarlo porque eso iba a empujar al cierre de la historia y así fue.

Otro de los personajes de El Súbito es un animal que conlleva gran relevancia: una gata. Aliende no duda y argumenta rápidamente: “Lo que me pasó particularmente es que yo en pandemia adopté a Lola, mi gatita. Y se me generó una especie de simbiosis muy rara con ella. Muy rara en el sentido de conectar en un plano muy cercano. Sentir que ella me esperaba, generar una especie de dependencia que se mostraba a través de la mirada, me tranquilizaba, no sé. Pero bueno, yo quería de alguna manera hacerle como un homenaje, sentí la necesidad de contar un poco lo que me pasó con su llegada”.

“Podríamos invadir el Edén y recuperarlo”. Así se manifiesta Niander Wallace en la película Blade Runner 2049. Tranquilamente así podría manifestarse el espíritu de El Súbito.

 

 

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