El escribiente

31 de Enero de 2021 09:06

La selva amazónica como un paraíso

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Infierno Verde es la nueva novela de Federico Aliende. Francisco Orellana desciende a través del río Amazonas buscando riquezas y una salida. La selva, por su parte, intentará que no escapen impunes por las atrocidades cometidas. Pero alguien aún los puede salvar. 

Como resultado de un viaje por la selva amazónica aparece un primer cuento que, sumado a la traducción del español antiguo de la  crónica del descubrimiento del Río Amazonas en 1542, comienza a darle forma a la nueva novela de Federico Aliende: Infierno Verde (Editorial Bärenhaus S.R.L. – 2020).

“Lo más complejo fue la traducción de aquella crónica  del padre Gaspar de Carvajal que encontré en el Archivo de Indias, para conectarla al cuento original. Tuve que novelar algunas partes para llenar vacíos, pero fue un trabajo intenso e interesante” dice el autor. Intensa también es la forma de la novela. Se juega un poco en su lectura, la búsqueda del autor real de todo eso.

La crónica encierra la vivencia de aquellos españoles que se adentraron por vez primera en el Amazonas. Pero esa experiencia  también empieza y acaba en sí misma en la búsqueda del propósito delegado a uno de los protagonistas. El mismo que, como dicha crónica, es doloroso, sincero y es pura incertidumbre ante lo desconocido.

Así también avanza el lector. Perdido, desorientado y presionado por toda esa selva. Selva que no ha sido cultivada y que no es dominada por el ser humano; selva que tapa el sol, símbolo de la razón; selva que empuja a la locura.

Aliende intenta resumir la historia: “Pensaba en la posibilidad de acceder a un paraíso, o al cielo desde algo más católico, pero sin la necesidad de morir. Pero también quería reflejar sus consecuencias. Todo esto muy vinculado a la selva en sí. En esta misión de encontrar el Amazonas que lo trae a Orellana en nombre de los Reyes hasta acá, viene también el fraile como representante de la Iglesia. Entonces, busco convertirlo a él en algo parecido a Cristo pero de la selva. Un salvador totalmente nuevo y distinto. Un enviado, quizás de la misma selva, que también se siente cada vez más oprimido por ella. Ya que, a  medida que se meten más en el río, la selva comienza a exigirle más a Gaspar de Carvajal para ver si realmente quiere salvar a todo el resto de los españoles. Pero, además, para ver si realmente los españoles merecen ser salvados, ya que vienen cometiendo crímenes y atrocidades a lo largo del río y de la selva”.

La selva como protagonista. La selva no solo como escenario, sino como una presencia fuerte que simboliza realidades. Jung afirmaba que los miedos a la selva o a los bosques, tan frecuentes en cuentos y leyendas, en realidad simbolizan “el aspecto peligroso del inconsciente”.  Es decir que, la selva, la naturaleza, aparece como aquello que devora y oculta la razón.

-¿Qué lugar le das a la selva? ¿Por qué elegirla?

- Dicen que en la primera novela uno vuelca sus primeros fantasmas y que en la segunda uno tiene que crear nuevos. Yo tenía algo pendiente con la selva, tenía la necesidad de escribir sobre ella, porque realmente me planteo ese amor-odio que genera, por la humedad,  por el calor, por las alimañas que hay. Siempre digo “no vuelvo más” y sigo yendo.  También quería destacar el valor de la naturaleza y más en este año. Quizás hay que volver un poco más a los orígenes y tratar de entender un poco cómo llegamos hasta acá. Fijate, 1420 y ya estábamos haciendo desastres. Cuando uno está ahí, al irse, se lleva un poco la selva consigo mismo y creo que en eso hay algo del porqué quiere uno volver. De hecho, cuando la escribía era lo mismo, había una necesidad de terminarla, esa selva también me estaba terminando.

- ¿Y los lugareños qué dicen?

- Los locales viven de la selva. Obtienen medicina, alimentos, todo sale de la selva y lo que yo quería transmitir en el libro es que estas personas, los pueblos originarios, la respetan de una manera enorme porque saben lo difícil que sería si no lo hacen, el convivir con ella y en ella. Ellos saben lo que podrían vivir si no respetan la selva. Ellos saben que hay que respetar la selva porque si no se te vuelve en contra. Quizás tengamos que volver un poco a los orígenes y darnos cuenta de lo que significa la naturaleza.

Los protagonistas comienzan a vacilar sobre la superioridad de la raza humana sobre la selva. Un entorno adverso, regido por leyes incomprensibles e indiferentes a nuestra suerte, rompe con la armonía entre el ser humano y la naturaleza. Todo lo atractivo y novedoso se convierte en hostil. Aquel principio de la lucha por la vida, de que el más fuerte sobrevive en la selva, finalmente se trasladó a lo ideológico de la historia y de un sistema.

Eso también lo aprendimos de la selva. Un lugar que te quita humanidad y te envuelve en la locura. Te recubre de angustia por esa lucha por la supervivencia y el salvarse. Todo es una prueba del temple de cada uno. La selva, casi, como describir la sociedad de hoy.

“Yo quería que ese descenso por el río fuese un descenso de las personas también. Por eso, a medida que empiezan a entrar en el tramo final del viaje, también empiezan ellos a vivir todo de manera más surrealista y se ponen cada vez más locos sin explicación alguna” dice Aliende marcando que el verdadero antagonista de la novela es la propia selva. Esa que agobia, que te encierra y que te cansa.

Hija de la experiencia y de la historia, pero también algo pariente de El corazón de las tinieblas de Conrad, Infierno Verde busca develar el gran secreto de la selva y del río Amazonas.

 

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