Virginia Messi reconstruye el enigma de Coghlan: un adolescente enterrado durante cuarenta años a pasos de una casa donde vivió Cerati

Tras 41 años de misterio, Virginia Messi reconstruye en su nuevo libro el hallazgo de Diego Fernández Lima en un jardín de Coghlan. Entre negligencia judicial y pericias forenses, la cronista desentraña un crimen "perfecto" que permaneció oculto a diez centímetros de una medianera. La periodista presentará su libro el 16 de mayo en Mar del Plata.

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) brindó las primeras pistas al caso.

3 de Mayo de 2026 11:34

Virginia Messi es periodista de la sección Policiales del diario Clarín desde hace 30 años. Según cuenta, en un principio ella subestimó el dato: un cuerpo enterrado en un jardín, descubierto por obreros de la construcción en un lugar donde antiguamente funcionaba el cementerio de una iglesia. Sin embargo, el instinto, el “olfato” y el oficio le señalaron lo contrario. “Algo me dijo que era un caso especial”, recuerda.

Y agrega: “Cosa que no hago hace años, porque hace mucho tiempo que me dedico a crímenes organizados y narcotráfico, me pedí un remís y me fui al lugar. Incluso pedí un dron para poder filmar adentro. Fue algo raro, ¿viste? Visto a la distancia, hice algo absolutamente atípico en mi rutina actual”.

Portada del libro de Virginia Messi.

De aquel primer dato y de aquella intervención de Virginia surgieron notas en el diario y, ahora, un libro: Crimen y misterio en Coghlan (Planeta, 2026). La obra se presenta de la siguiente manera: en mayo de 2025, una noticia copó los medios de comunicación e inundó las redes sociales. El titular decía: “Encontraron un muerto enterrado en la casa donde vivió el músico Gustavo Cerati en Coghlan”. Un llamado anónimo al 911 había alertado sobre unos albañiles que estaban levantando un muro para dividir dos jardines. Eso acercó a la policía y a la justicia, que verificaron que los 151 huesos hallados eran humanos y que estaban en el jardín vecino a la propiedad que alguna vez alquiló el músico.

La pieza clave encontrada, sin embargo, fue un viejo reloj pulsera con calculadora de la marca Casio. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), pionero a nivel mundial, brindó las primeras pistas. Un mes más tarde, el enigma empezó a develarse: los restos pertenecían a Diego Fernández Lima, quien había desaparecido a los 16 años, el 26 de julio de 1984, tras salir de su casa rumbo a lo de un amigo. Pronto se conoció que, en la casa donde se encontraron los restos óseos, vivía en aquel entonces un compañero de colegio de Diego. Ese hombre aún vive allí.

Virginia Messi sabía que detrás de todo eso había un gran caso, y los hechos le dieron la razón. “Se sabían muchas cosas, pero fue gracias a la difusión que se pudo saber quién era, por suerte, dio resultado. Felipe Lacour, el cuñado de Diego, se dio cuenta. Y ahí todo se precipitó. La segunda noticia de impacto fue que el jardín donde estaba enterrado pertenecía a un compañero de colegio. Es decir, no solo se logró la identificación, sino que el segundo impacto fue que no estaba en cualquier lado: estaba en la casa de un conocido. Eso todavía sigue siendo un misterio”, enfatiza.

Virginia Messi presentará su libro en Mar del Plata este próximo 16 de mayo.

El próximo 20 de mayo se cumplirá un año de la aparición del cuerpo. Tanto las notas del diario como el libro tuvieron un proceso de producción y resolución muy rápido, considerando que se trata de alguien a quien hicieron desaparecer hace 41 años, en una época donde no había cámaras en las calles ni registros de telefonía móvil. Es una reconstrucción sumamente difícil si nadie rompe el silencio.

—¿Qué fue lo más difícil de conseguir en el proceso de investigación y qué cambió la perspectiva del caso?

—Mirá, yo desarrollo tres hipótesis: bullying (una venganza por ello), algo sexual (aunque no hay datos firmes) o algún tipo de negocio que estuviera haciendo Diego, quien parece que vendía cosas y algo pudo salir mal. Lo más interesante fue irme convenciendo más de una que de otra. No tengo una preferida, pero cuando conseguís un dato, la teoría cambia. Es un verdadero reto investigar a la víctima cuando es la única vía. A veces la gente dice que no hay que hacerlo, pero aquí es indispensable. Diego fue asesinado en una casa donde no tenía por qué estar. El primer misterio es por qué estaba ahí; el segundo, por qué lo mataron. Si supiéramos lo primero, entenderíamos lo segundo. El desafío es investigar sin ofender a la familia o a los investigadores. Cuando insinuás que el pibe era "picante" o cargaba a los compañeros, algunos se molestan, porque los muertos pasan a ser santos. Pero yo no quería hacer un libro homenaje, quería saber quién era Diego: un pibe normal, con sus matices, cuyo asesinato sigue siendo un enigma.

Diego Fernández Lima era un chico de 16 años a quien mataron, y nada justifica ese final. Sin embargo, el libro no fue pensado para buscar una empatía ciega con él, sino “una empatía con la duda, con el porqué”, sostiene Virginia.

Y aclara: “Soy periodista hace 38 años. Siempre digo que lo más lindo de mi laburo es la duda, poner en crisis lo que uno piensa. Es lo contrario a lo que se hace ahora, donde se fuerza la realidad para sostener una hipótesis. A mí me divierte hablar con la gente, descubrir nuevos datos. En realidad, ya no me gusta tanto el acto de escribir, pero sé que lo hago de forma moderadamente agradable porque soy llana”.

El libro replica una vieja fórmula de las redacciones: “nota y recuadro”. Son apostillas con detalles que Virginia rescató de su experiencia. “Me gusta poner la lupa en los detalles chicos. Se nos ocurrió meter recuadritos con ‘perlas’: contar que el fiscal fue chofer de Queen y estuvo en el velatorio de Perón, o que el Graf Spee pasó por el barrio. Son bombones narrativos que dan aire al texto principal. Me quedé contenta con el libro, fluyó más de lo que esperaba”.

—En el título aparece el barrio. ¿Por qué ese protagonismo? ¿Influyó en la investigación?

—En realidad, en el barrio no pasó nada. Coghlan ya no es un barrio donde todos se conocen, es más parecido a Belgrano, es ciudad, hay mucho movimiento. No existe esa dinámica de pueblo donde todos saben lo que le pasó al hijo de un vecino. Las generaciones se perdieron en el tamaño de la urbe.

Últimas fotos de Diego Fernández Lima.

—¿Lo pensás como un "crimen perfecto" o fue ineficacia judicial?

—Es una mezcla. Fue un crimen precipitado: lo mataron y lo enterraron casi superficialmente. Pero es "perfecto" en el sentido de Extraños en un tren (la novela de Patricia Highsmith): la perfección radica en el no vínculo. Nadie pensó en el dueño de casa porque, aunque fueron compañeros un año, no había conexión actual. Si el arquitecto de la obra no hubiera movido la medianera diez centímetros, Diego seguiría desaparecido. Es un crimen perfecto porque nadie va a pagar por él. En el 84 el país era un caos y la policía simplemente dijo: "se fue con una mina". No le dieron importancia.

—Sobre la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)...

— Ellos fueron clave. Además de establecer que se trataba de un adolescente, en su laboratorio de Córdoba, especializado en extraer ADN de restos óseos, pudieron reconstruir el cuadro rápidamente: desde la ubicación de las heridas hasta el intento fallido de descuartizar el cuerpo. Uno de los detalles más interesantes que aprendí es que el mejor lugar para buscar material genético es un diente, tiene muchísima resistencia y es la pieza fundamental para obtener ADN. Son esas cosas que uno va aprendiendo en el camino

Hoy, mientras por las calles de Coghlan la vida sigue su curso, el misterio permanece latente. Diego estuvo allí, a diez centímetros de una medianera, esperando que alguien mirara hacia abajo. Este libro es la crónica de una búsqueda que tardó cuatro décadas en hallar su final, aunque las verdades más profundas sigan, quizás, enterradas.

(*) Virginia Messi presentará su libro Crimen y misterio en Coghlan el sábado 16 de mayo a las 18 en la librería Fray Mocho de Bartolomé Mitre 1836.