Guillermo Martínez y la literatura como sistema de conocimiento

Guillermo Martínez anticipa su nueva novela y reflexiona sobre la literatura como un sistema de conocimiento capaz de modelar lo real. En un diálogo que recorre desde la vigencia de Borges hasta la militancia por la lectura en los jóvenes, el autor analiza la tensión entre la razón y el caos, y la potencia de la ficción para explorar vidas ajenas.

Guillermo Martínez y la literatura como sistema de conocimiento

18 de Enero de 2026 08:18

La nueva novela de Guillermo Martínez verá la luz este 2026. Se trata de una ficción enmarcada en el género policial filosófico, lo que la acerca en cierto sentido a sus trabajos anteriores. El autor adelantó que la obra explora la presencia de William James y su metáfora del ajedrez, incluye discusiones sobre el libre albedrío y propone una lectura particular de la literatura rusa. Más allá de las primicias, la charla sobre su nuevo libro originó un interesante intercambio sobre el fenómeno literario propiamente dicho.

—¿Qué es lo que te sigue sorprendiendo de la literatura y qué genera hoy en los seres humanos?

—Creo que, fundamentalmente, es la posibilidad de recrear dentro de uno otras vidas, otros sistemas de pensamiento y sensibilidades. La vida humana tiene bifurcaciones posibles y, de hecho, transitamos pequeñas vidas paralelas, en mi caso, podrían haber sido el ajedrez en la infancia, el tenis en la adolescencia o la política. Hay atisbos de posibilidades, pero son limitadas. La literatura te da una sensación parecida a la de los viajes: cuando uno viaja, se sumerge en un mundo con claves y visiones diferentes. Te confronta con una vastedad de opciones, algunas quizás las querrías y otras, de ningún modo. Resulta interesante verlas de lejos: es el espectáculo de lo humano con sus claroscuros. Thomas Mann decía que el artista vive un infierno para que los demás no tengan que pasarlo, para que simplemente puedan leerlo y enterarse. Escribir es la otra parte del proceso: sumergirse a través de los personajes en esas experiencias que en la vida real están vedadas o a las que no querrías llegar tan lejos. Además, en los libros que me interesan y que intento escribir, existe un sistema de conocimiento que no es el del ensayo. Aunque hay discusión de ideas, a veces se descalifica la "literatura de ideas", creo que estas entran de una manera diferente, con elementos de seducción que no necesariamente son lógicos o documentados, pero que existen.

—Apelo a tu experiencia como lector y escritor: es impactante liberar al escribir todo eso que contenemos de la naturaleza humana. Parece confirmarse que todos somos capaces de cualquier cosa, pero algo nos contiene en la realidad. En el papel, eso queda expuesto.

—Por supuesto. Justamente pensaba esta mañana en la vigencia del idealismo, lo curioso del ser humano es la cantidad de conceptos que puede pergeñar, amasar y que quedan como una huella materialmente resuelta fuera de sí, quizá por muchos años. Los libros se materializan de una manera insospechada para quien alguna vez los tuvo como meras ideas. Me parece fascinante esa potencialidad de la literatura para modelar lo real y crear emblemas, como Frankenstein o Drácula, que terminan transformando la manera de pensar de generaciones enteras.

—Considerando esa capacidad para formar el mundo, ¿cómo te llevas con la propuesta de construir un mundo mejor a través de la lectura? ¿Crees que leer nos hace mejores personas?

—No creo que realmente sea así, pero al menos otorga argumentos más refinados. Sí sostengo que la lectura debería ser obligatoria en los colegios. No coincido con la idea de que leer es puro egoísmo y que, si al chico no le gusta, hay que dejarlo. Es formativa en múltiples sentidos y hay que permitir que el alumno de secundaria acceda a un abanico de lecturas. Tal vez no le interese un género, pero sí otro. Antes de darnos por vencidos tan rápidamente como ocurre con la educación actual, hay que intentar varios pasos. Los chicos escuchan mucha música y se quedan con dos o tres bandas, bueno, que lean al menos una cantidad de primeras páginas y vean hacia dónde pueden apuntar. Hay que hacer militancia por la lectura. No es que vayan a ser mejores personas, pero aprenderán conexiones culturales, cognitivas y de concentración, alimentando la imaginación y la posibilidad de sentir que ellos también tienen una historia para contar. Es criminal negárselo a los jóvenes.

—¿Podés identificar qué visión del mundo tiene tu obra?

—No sé si una visión exacta, pero sí una figura que se va conformando. Mis libros tienen vasos comunicantes, en ellos, la búsqueda de conocimiento es una de las pasiones humanas centrales. Estamos acostumbrados a la dicotomía entre razón y pasión, pero en mis novelas aparecen personajes en búsquedas intelectuales, filosóficas o matemáticas que son lo más importante de sus vidas. En medio de eso aparece el drama humano. En la novela que acabo de terminar, el protagonista es un investigador en ciencias cognitivas que debe lidiar con un paper crucial sobre el libre albedrío mientras enfrenta una misión personal. Hay una tensión constante entre el mundo teórico de las ideas y el descalabro de lo real.

—En ese contexto, como matemático, le dedicaste un libro a Borges. ¿Cómo fue su relación con esta disciplina?

—Hubo una relación que se prolongó toda su vida. En mi libro Borges y la matemática compilo 180 citas y 45 libros que él consultó. Él manejaba temas que conoce un estudiante universitario de álgebra y análisis: sabía sumar series infinitas, comprendía la teoría de Cantor sobre los infinitos y conocía la lógica de Bertrand Russell. Sabía, por ejemplo, que un segmento finito se puede subdividir infinitamente, noción que usa con maestría en El libro de arena. Tenía nociones de combinatoria y factoriales. Eran conocimientos que iban un poco más allá del secundario, aunque no a un nivel profesional avanzado.

—¿Lo seguís releyendo?

—Siempre. Hace poco releí El Zahir porque en mi nueva novela se habla del libre albedrío y estuve a punto de usar como epígrafe su frase sobre que no hay hecho en el universo que no incluya la totalidad de las causas y efectos. Vuelvo a él constantemente, es una maravilla. En su conferencia sobre Dante, Borges da una clave de lo que intentó con sus cuentos: con un solo hecho, dar la vida de un personaje. Dice que algunos autores dedican 350 páginas a describir a alguien y aun así no logramos verlo, mientras que Dante, con dos versos, los hace vivir para siempre. Borges intentó capturar en una sola escena la cifra de una vida.

(*) Guillermo Martínez participará del festival literario MarPlaneta 2026 el próximo 2 de febrero.