Gabriela Exilart: “Hay una búsqueda de justicia, de reparar simbólicamente a través de la literatura aquello que fue silenciado”

Gabriela Exilart cierra el Festival Penguin Libros Mar del Plata 2026. En esta entrevista con El Escribiente, la autora de El secreto de Azucena comparte su mapa de lecturas: desde los clásicos de la infancia hasta el terror de Stephen King, los desafíos de coordinar sus propios talleres y la emoción de cerrar un ciclo literario en la mítica Villa Victoria, en su ciudad natal.

Gabriela Exilart: “Hay una búsqueda de justicia, de reparar simbólicamente a través de la literatura aquello que fue silenciado”

1 de Febrero de 2026 09:38

A lo largo del tiempo, los libros de Gabriela Exilart han alcanzado un equilibrio notable en sus relatos: la dimensión histórica no eclipsa la historia de amor, y esta, a su vez, no borra los hechos reales que enmarcan el texto y sostienen la denuncia. La intención de la autora, sin embargo, se inclina con fuerza hacia la parte histórica y social. Pero para lograr esto, Exilart ha recorrido un largo camino como lectora.

—¿Qué autores o libros te marcaron en la infancia y la adolescencia e influyeron en tu escritura? Esos que leías y te hacían decir: “Esto es lo que realmente me gusta”.

—La verdad es que de la infancia no conservo un registro exhaustivo, pero hay dos libros que quedaron grabados: Azabache, de aquella colección de tapas amarillas, y, por supuesto, Mujercitas. En la adolescencia leía mucho western, esas novelitas del oeste chiquitas, tipo pocket, y también a Corín Tellado. Curiosamente, de joven consumía mucha ciencia ficción: Ray Bradbury, Julio Verne... Hoy es un género que no elegiría, pero en aquel entonces era parte de mis pilares junto a la novela romántica. Más tarde me incliné por el género policial, el espionaje de Robert Ludlum y el terror de Stephen King. Son autores que siempre están en mi casa, si lanzan una novedad, la busco de inmediato porque sé que no me defraudarán. En cuanto a la inspiración para mis propias obras, tras Corín Tellado comencé con la narrativa histórica inglesa y norteamericana, hasta que llegué a Florencia Bonelli. Ella fue mi gran referente al descubrir que se podía escribir romántica histórica en Argentina. Después conocí a Cristina Bajo, que me parece una maestra con un conocimiento vasto de nuestra historia y, sobre todo, de Córdoba.

—¿Sos desordenada al leer o más bien metódica y de un solo libro por vez?

—Totalmente anárquica. Tengo mis favoritos, como García Márquez o la poesía de Benedetti y Julia Prilutsky Farny, pero puedo saltar de un poema a un pasaje de El Principito en la mesita de luz. O estar inmersa en Las mujeres de la guerra, de Kristin Hannah, que es un libro durísimo, y buscar luego algo más liviano, una novela romántica que no me angustie tanto. Elijo según mi estado de ánimo.

—¿Cuál es el género que te resulta más desafiante o lejano?

—La literatura oriental, que ahora está tan de moda, no logra conmoverme. La leo para intentar salir de mi zona de confort, pero no hay caso. Ahora hay una ola de autores coreanos, pero su narrativa me resulta lánguida, siento que no hay acción. Prefiero que las cosas sucedan: leo a Stephen King, Joël Dicker, Kate Morton o García Márquez y sé que me transportan a otro mundo con historias universales. Hace poco grabé un video para Penguin Libros donde proponían un juego: elegir entre dos títulos. Yo respondía según mis gustos personales, no como crítica literaria, porque mis elecciones no pretendían ser un juicio académico, sino reflejar lo que disfruto. Cuando se publicó, aparecieron críticas muy negativas, cuestionando por qué no elegía a los rusos o a los clásicos frente al policial. Leí a los rusos por cultura general, pero si voy a elegir un libro para la playa, prefiero algo que me haga volar la cabeza sin necesidad de un análisis profundo. Me dolieron los comentarios despectivos que descalificaban el gusto personal del lector.

—Claro, porque la pregunta apelaba a la preferencia personal y no a la relevancia académica en la literatura universal.

—Exactamente. Todo es subjetivo: cada persona se forma de manera distinta como lector y como escritor. En los últimos años he buscado mejorar la calidad de mi prosa por una inquietud personal y he leído a los grandes autores con el objetivo de aprender. Sin embargo, cuando se trata de lectura recreativa, busco otra cosa. Una cosa es estudiar y otra muy distinta es disfrutar, a veces esa diferencia no se comprende.

—Hablando de estudios, sos abogada. En tu época universitaria, entre códigos y manuales, ¿qué rol ocupaba la literatura? ¿Era una forma de resistencia o de escape?

—Nunca abandoné la lectura. Obviamente, en la universidad el tiempo de ocio se reduce, pero siempre estuvo ahí. La escritura, en cambio, era un escape interrumpido. Escribía para mí, era un secreto, mi cable a tierra, pero sin la responsabilidad que siento hoy. Ahora sé que lo que escribo será publicado, no puedo incluir un dato que no esté verificado o desviarme de los hechos históricos sin aclararlo como una licencia de autor. Antes era una liberación total, ahora, aunque sigo escribiendo textos privados para canalizar sentimientos profundos, lo que publico lo asumo con otra seriedad.

—Llevás diez años dictando talleres de escritura. ¿Qué descubriste en ese rol de orientar a otros?

—Empecé por necesidad económica en un momento personal difícil y descubrí que me apasiona enseñar. Los talleres me obligaron a estudiar técnica, fondo y forma para nombrar herramientas que yo usaba de manera innata. Armé mi propio “manual de novela” y es una satisfacción inmensa ver que los alumnos terminan sus obras. En el taller de novela nadie abandona, se genera una adrenalina especial al leer un capítulo por semana. Incluso yo les leo mis borradores y escucho sus opiniones. Se construye un espacio de intercambio y confianza muy valioso.

—Hay dos tópicos recurrentes en tus novelas: la inmigración y el rol central de las mujeres. ¿Es algo premeditado?

—No, nada es planeado. Cuando un hecho histórico me convoca, las mujeres aparecen solas. No las busco, pero están ahí haciendo cosas grandiosas y es inevitable narrarlo. Con la Guerra Civil Española, mi idea era contar el vínculo entre dos hermanos, pero la investigación me reveló a las corresponsales y a las mujeres en el frente. La historia real me superó. Lo mismo sucede con los inmigrantes o las minorías, cuando surgen, debo contarlo. Muchos hitos históricos están atravesados por las matanzas de grupos sociales, las huelgas y las marchas donde siempre aparecen los marginados. Creo que, en el fondo, por eso también estudié Derecho: hay una búsqueda de justicia, de reparar simbólicamente a través de la literatura aquello que fue silenciado para que no caiga en el olvido.

—Vas a cerrar el ciclo literario en Villa Victoria, un lugar emblemático, y lo hacés como referente local. ¿Cómo vivís ese reconocimiento?

—Es sumamente emotivo. A veces no tomo conciencia porque soy la misma que está pintando una pared en su casa o comprando tornillos en la ferretería (a la hora de la entrevista, la autora estaba en pleno proceso de mudanza). Pero ser una referente en mi propia ciudad es un orgullo y una gran responsabilidad. Siempre persiste ese “miedito” antes de subir al escenario: “¿Quién va a venir a escucharme otra vez?”. Pero el público es fiel, cálido y nunca defrauda.

(*) Gabriela Exilart cerrará el Festival Penguin Libros Mar del Plata 2026 en el Centro Cultural Victoria Ocampo, ubicado en Villa Victoria, el próximo miércoles 4 de febrero a las 19 horas.