¿Conocías la historia de la joven marplatense que desafió a los marinos de su época, se vistió de plomo y conquistó el fondo del Atlántico?
Una joven marplatense desafió las restricciones de su época al protagonizar una inmersión submarina histórica en el Atlántico. Su audacia rompió prejuicios en un ámbito puramente masculino, marcando un hito sin precedentes para las mujeres y dejando un legado imborrable en la memoria marítima nacional.
El 29 de diciembre de 1934, el sol brillaba alto y sin viento sobre la dársena del puerto de Mar del Plata. En la cubierta del buque Guardacostas Belgrano, un grupo de marinos observaba con escepticismo a una joven. Ofelia Elvira Tiribelli, a quien todos llamaban "Tita", no dudó un segundo. Se sentó en un banquito de madera y dejó que dos ayudantes le calzaran los pesados zapatos de plomo y le sujetaran un casco de bronce inglés sobre sus hombros. Instantes después, se sumergía en las aguas del Atlántico y hacía historia: se convertía en la primera mujer en realizar un buceo con escafandra en la Argentina.
Una cuna ligada a las grandes obras
Tita Tiribelli nació en Mar del Plata el 30 de septiembre de 1913. Era la segunda de cinco hermanos en una familia muy acomodada y reconocida en la ciudad. Su apellido paterno estaba ligado al famoso comercio de maderas y molduras que abastecía la expansión urbana. Por la rama materna, sus tíos, los hermanos Lemmi, fueron renombrados constructores, responsables de infinidad de chalets tradicionales y, años más tarde, en la década de 1940, de la célebre Casa del Puente.
Ese entorno próspero le dio espacio para desarrollar un carácter audaz y activo.
Valentía en las olas de la Bristol
Según se cuenta en Los buzos del Puerto de Mar del Plata, de Verónica Elvira Iñurrieta, lejos de amoldarse a la rutina social de la época, Tita era una deportista incansable. Practicaba golf, tenis, equitación, básquet, vóley y bowling, y solía andar en bicicleta por la costa, cerca del antiguo Club Mar del Plata.
Sin embargo, su lugar preferido era el mar. En la década de 1930, antes de la construcción del Casino Central, demostró su destreza en la céntrica Playa Bristol al arrojarse al agua para rescatar a un hombre que se estaba ahogando. Su valentía le salvó la vida al bañista y anticipó el temple con el que asumiría los desafíos futuros.
La invitación que cambió la historia
En los años treinta, el buceo era un ámbito militar exclusivo para hombres. La Escuela de Buceo funcionaba a bordo del "viejo Belgrano", en una Base Naval que por entonces era un terreno abierto sin grandes edificaciones en tierra.
Un evento social, posiblemente en el Club Pueyrredón o en el Club Mar del Plata, unió los caminos de Tita y del Teniente de Fragata Horacio Howard, un oficial formado en Estados Unidos que dirigía la escuela militar. Mientras hablaban de la fascinación del mundo submarino y del rigor de los equipos pesados, el oficial la desafió a probarse el traje y descender. Las autoridades pensaron que la joven no se animaría, pero Tita aceptó el reto al instante.
El día del gran descenso
La jornada de la inmersión fue un día radiante. Siguiendo las costumbres de la época, Tita llegó acompañada por su hermano Leopoldo y una amiga. Bajo sus vestidos llevaban trajes de baño.
El procedimiento exigió concentración y paciencia. El equipo pesado estándar de escafandra requería ajustar el casco frontal a rosca, asegurar las mangueras de aire y cargar el peso de los plomos. Junto al Teniente Howard, quien la acompañó durante el recorrido, descendió unos metros hasta tocar el fondo de la dársena.
La aventura fue un éxito absoluto. No solo rompió con los prejuicios de su tiempo, sino que inauguró la presencia femenina en las profundidades marítimas del país. Las crónicas aseguran que lo primero en decir al salir fue que no sintió miedo, "sino curiosidad". Tenía 21 años.
El legado en imágenes y memoria
Tita falleció en su ciudad natal el 25 de octubre de 1999, a los 86 años, pero la anécdota de su hazaña nunca se apagó.
Aún maravillan las imágenes fotográficas que conservó su nuera, Ofelia La Cava de Muñoz, sobre aquella jornada histórica: fotografías de Tita vestida con el traje pesado junto al Teniente Howard y postales distendidas en traje de baño junto a su hermano en la cubierta del buque. Durante años, una copia de la foto de Tita con el traje de buzo permaneció exhibida en las instalaciones de la Escuela de Submarinos y Buceo de Mar del Plata, como homenaje permanente a la mujer que se atrevió a descender donde ninguna otra lo había hecho antes.
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