Tenía dos años, jugaba con su hermano en una hamaca y lo asesinaron: el brutal crimen que marcó a Camet

La familia consideraba que la estancia en Camet era su Refugio del mundo. Había llegado para pasar lo que quedaba del verano junto a sus siete hijos y empleados domésticos. El cuerpo del pequeño apareció desnudo y con signos de ahorcamiento.

La familia Pereyra Iraola recibió a un sacerdote el día que apareció el cuerpo de Eugenio

4 de Octubre de 2026 18:06

Por Redacción 0223

PARA 0223

La estancia La Sorpresa, ubicada en las afueras de Camet, era su lugar en el mundo, su refugio de las hostilidades y los problemas que podían agobiar al matrimonio de clase alta vinculados al poder político y económico y sus siete hijos.

El 24 de febrero de 1937, la familia llegó a la estancia como lo hacía cada vez que se trasladaba. En dos vehículos. Además, en un camión llevaban todo el equipaje y en otro vehículo viajaba el personal de servicio. Cuando arribaron a “La Sorpresa” comenzaron a bajar el equipaje y fue en ese momento en el que todos estaban ocupados que perdieron de vista al más pequeño de los integrantes de la familia, Eugenio Pereyra Iraola de dos años de edad, que había quedado en las hamacas del parque de la morada jugando con su hermano Santiago, de cuatro.

Eugenio Pereyra Iraola tenía dos años

Cuando la familia notó la ausencia del pequeño Eugenio, le preguntaron a su hermano si lo había visto, ya que todos recordaban, en medio del caos del traslado de los elementos haberlos visto jugando juntos, a lo que el pequeño testigo respondió que “se lo había llevado un hombre de barba” hacia la zona de los maizales que bordeaban la Estancia.

Durante la denominada “Década infame”, los secuestros sensacionales, como denominaba la prensa de entonces a los secuestros extorsivos eran moneda corriente, por lo que tanto la familia como la Policia coincidieron en que sería un secuestro que pronto se resolvería.

La condición social y la edad del pequeño Eugenio sumaron motivos para la curiosidad pública. Habían pasado pocas horas desde que la familia había dado aviso a la Policía cuando en una avioneta llegaron efectivos de la Bonaerense a “La Sorpresa” e instalaron allí su base de operaciones al mando del jefe de la policía bonaerense, Pedro Ganduglia, y el de investigaciones, Víctor Fernández Bazán.

La Policóa se apostó en La Sorpresa para rastrillar la zona

Lo primero que hicieron los efectivos al llegar a la Estancia fue interrogar a todos los empleados de La Sorpresa y de la estancia San Simón, en Balcarce, de donde había llegado la familia Pereyra Iraola. Esa noche, no se notó movimiento en las inmediaciones del lugar y la familia no recibió pedidos de rescate como se esperaba. Entonces, la Policía dejó de lado la hipótesis de un secuestro y comenzó a barajar otra línea de investigación: la venganza.

De acuerdo al relato de Diego Zigiotto en “Buenos Aires Misteriosa 2”, durante los dos días que siguieron a la desaparición, se rastrilló toda la zona lindante a la estancia. Efectivos y paisanos con guadañas se abrieron camino entre la maleza, drenaron pozos en procura de dar con su cuerpo y losingresos a la estancia fueron cerrados.

Los hijos de Pereyra Iraola, en tanto, “fueron interrogados cariñosamente en inglés, tal como hablan habitualmente”. Uno de los rastrillajes permitió determinar que el 25 de febrero por la noche una persona había logrado traspasar el cordón policial que cerraba el paso hacia el casco de la estancia. El sospechoso era José Gancedo, un linyera español que había llegado como tantos tros en busca de mejores oportunidades y tenía una característica que, a priori, lo condenaba: usaba barba, como el desconocido que se había llevado a Eugenio.

Gancedo volvió el 26 a la estancia para buscar sus pertenencias, y ya no tenía barba: había ido al peluquero, en Mar del Plata. El cambio de aspecto reforzó las sospechas en su contra, que se agravaron en la mañana del 27 de febrero cuando un vecino encontró el cadáver de Eugenio a 1700 metros del casco, cerca del alambrado con la estancia de la familia Camet.

El niño estaba desnudo, pero el mameluco azul y las zapatillas que llevaba al desaparecer aparecieron cerca del cuerpo. La autopsia reveló que Eugenio murió estrangulado y no tenía ningún otro signo de violencia. El sospechoso fue capturado de inmediato y sometido a pericias psiquiátricas. 

Los diarios replicaron el caso durante una semana

Gancedo se mantuvo “con asombrosa indiferencia y extraordinario mutismo” al ser llevado ante el cadáver en la morgue de Mar del Plata. Los peritos lo describieron como “tarado mental, simulador y degenerado” aunque descartaron que sea inimputable. La situación del inmigrante empeoró cuando en el careo con Santiago Pereyra Iraola, el niño rompió en llanto al reconocerlo.

Mientras los restos de Eugenio Pereyra Iraola fueron llevados en tren a Buenos Aires e inhumados en el Cementerio de la Recoleta al día siguiente del hallazgo, Gancedo quedó detenido en Mar del Plata y el 28 de febrero, primero por escrito y después en presencia del juez Horacio Areco, del defensor de pobres José Negri y del ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Roberto Noble confesó los hechos.

Según publicó el diario “El Orden”, Gancedo declaró que se había llevado a Eugenio de la mano y luego alzado, “por un impulso irresistible” que no sabía explicar. " ‘Cuando quedó solo lo tomé de la mano y le dije que me acompañara’", dijo. De acuerdo a la versión inicial, no quería matar al más chico de los Pereyra Iraola, se asusto cuando el pequeño comenzó a llorar y le provocó la muerte al tratar de hacer que se callara. La desnudez del cuerpo de la víctima la explicó como “un intento de reanimación”.

“No maté a nadie” le gritó Gancedo a los medios el día siguiente durante la reconstrucción de los hechos que se hizo en la estancia. El acusado permaneció en Mar del Plata hasta el 23 de marzo, cuando lo trasladaron a la Brigada de Investigaciones de Dolores donde comparecería frente al juez Areco, per nunca llegó a los Tribunales. Los efectivos encontraron el cuerpo del hombre colgado de una viga en su celda.

La versión oficial dio cuenta de una muerte por ahogamiento aunque le haya sido imposible, por las disposiciones de la celda, saltar para morir. Los testigos sostuvieron por años, por lo bajo que el senador Antonio Santamarina, abuelo materno de la víctima llegó al penal de Dolores, se introdujo en la celda y mató de un balazo a Gancedo.

Lo más

leído