En El gallego de las palomas y otros cuentos, Oscar Caballero edifica un mapa íntimo de la memoria

El gallego de las palomas y otros cuentos es el segundo libro del periodista y escritor marplatense Oscar Caballero. Una conmovedora colección de cuentos que rescata los rostros, los patios y los fantasmas de la infancia. Entre la memoria migratoria y nuevos rumbos narrativos, una obra luminosa sobre el profundo peso del desarraigo.

El autor tira de un hilo invisible que desata un torbellino de memorias colectivas.

25 de Octubre de 2026 10:30

“Cuando vos escribís, tenés una línea ahí con la nostalgia, con el recuerdo... ¿Buscás recuperar esa historia? Sí, porque a mí me atraviesa. Yo la viví”, confiesa el periodista y escritor marplatense Oscar Caballero en el inicio de la charla.

El gallego de las palomas y otros cuentos es su segundo libro. Una obra que nace de una necesidad imperiosa: rescatar del olvido los rostros, los patios y los fantasmas de la infancia que nos construyeron.

Tirar del piolín: Bares, vecinos y leyendas de barrio

La chispa inicial suele encenderse con una imagen cotidiana que dejó una marca indeleble. El protagonista de su nuevo libro de cuentos es “el gallego de las palomas”, un vecino real que vivía a la vuelta de su casa. A partir de esa figura, el autor comienza a tirar de un hilo invisible que desata un torbellino de memorias colectivas.

Pero lejos de quedarse en la simple anécdota, el pasado se expande en capas de sentido histórico. El oficio de aquel inmigrante no era una casualidad: “Los gallegos tienen una tradición en el tema de las palomas mensajeras. En Galicia hay muchas competencias importantes que se siguen haciendo de carreras de palomas mensajeras. Este tipo no era casualidad que tenía palomas, cuando vino de allá, el gallego ya sabía del tema”, apunta Oscar.

La otra cara de la moneda: el desarraigo y la caída

La primera de las historias de este libro está profundamente atravesada por la experiencia migratoria, al igual que la primera novela del autor. Sin embargo, evita los finales complacientes. Para algunos, la epopeya americana significó levantar una casa, tener hijos y cultivar una quinta con almácigos. Con eso, habiendo partido de la miseria absoluta, ya se podía decir que les había ido bien.

Pero a otros la vida se les escurrió entre los dedos. Oscar enfatiza esta idea: “Y a este tipo no le fue bien. Como a un montón que no les fue bien. Quizás a la mayoría. Porque no pudieron superar la nostalgia, estar en otro lugar”.

El relato de aquel hombre respetado, educado, que lo saludaba ceremonioso cuando él era un niño llamándolo por su apellido, “¿qué tal, Caballero?”, se desvanece con el tiempo. El golpe final de esa tragedia íntima se funde, en la memoria de Oscar, mientras trae unos versos de Alfredo Zitarrosa dedicados a Manolo, un viejo bolichero. Aquel “gallego de nombre gallego” sintetiza la intemperie del exilio: la pérdida absoluta de la identidad, reducida a un apodo afectuoso pero distante: galleguito. “Esto al mismo tiempo le recordaba que nunca sería del todo de allí. Y perdía, en el camino, hasta el propio nombre. Eso te marca”, dice el autor de la novela Augurios de una tarde feliz (2019).

Un mangrullo rojo y el rescate de la inocencia

En la arquitectura del cuento principal, la rutina del inmigrante y sus aves adquiere una dimensión poética y casi clandestina.

El escritor recuerda cómo, desde el fondo de su casa, veía al vecino subir a un mangrullo para izar una bandera roja. Años más tarde, tras una charla con un especialista de la Asociación Colombófila, comprendería el ritual: la señal indicaba el vuelo de soltar las aves, un compás de espera que culminaba con un silbato.

Esa dinámica se conecta con la mirada de los chicos del barrio, aquellos que trepaban a los eucaliptos y percibían que algo extraño ocurría cuando las palomas volaban demasiado tiempo sin el llamado de regreso. Son ellos quienes bajan de los árboles para intentar el rescate, aportando la dosis justa de ficción a una base de rigurosa realidad.

Más allá de la brújula migratoria: nuevos rumbos narrativos

Aunque el territorio indiscutible del autor es la inmigración, el libro reserva sorpresas para los lectores. Por primera vez, Caballero se aventura en tres historias que escapan por completo de su temática habitual:

  • El infiltrado de café: Un grupo de amigos comparte la charla matutina tras dejar a los chicos en el colegio, hasta que la irrupción de un directivo escolar ultraconservador dinamita la mesa con un desenlace tan sorpresivo como filoso.
  • El árbitro de anuncio: Un hombre apuesto, de físico espigado y bigote a lo Clark Gable, salta de casualidad a la fama protagonizando un spot publicitario de gomina en el Estadio San Martín. El uniforme de juez de fútbol le sienta tan bien que decide ingresar al arbitraje, desatando pasiones inesperadas en las tribunas femeninas y rozando los límites de su propia influencia.
  • El milagro del pozo: Una pieza de hondo arraigo en la mística popular. Tras la caída de Perón y la persecución política, un niño desaparece en medio del caos familiar. La creencia colectiva de que cayó en una gigantesca obra en construcción da origen a un mito urbano que sobrevive durante décadas en torno a la figura de Joselito.

El gallego de las palomas y otros cuentos es un libro que opera como una máquina del tiempo capaz de suspender las coordenadas de lo cotidiano, logrando rescatarnos de la intemperie del presente, arrancándonos de la urgencia e instalándonos en una geografía íntima y compartida.

— Oscar, vos venís de escribir una novela. ¿Cómo te diste cuenta de que querías hacer un cuento? ¿Cómo te diste cuenta de que el texto ese que estabas escribiendo era un cuento y no se podía expandir más?

— La verdad es que me agoté. Te soy sincero. Yo arranco con El Gallero de las Palomas pensando en él para una novela, por eso es mucho más largo que los otros. Yo pretendía que fuera una novela, y en un momento me di cuenta de que no me daba y quedó ahí. Y los cuentos lo que tienen son una resolución más rápida, y uno se pone a veces ansioso y entonces lo resuelve. Estoy contento con escribir cuentos, pero tengo ganas de escribir otra novela, no sé para dónde iré, pero sigo escribiendo cosas.

Con El gallego de las palomas y otros cuentos, así como con su novela anterior, Oscar Caballero demuestra que la literatura no necesita inventar mundos lejanos, le basta con afilar la mirada sobre el patio trasero de la infancia no para huir de la realidad, sino para encarar la única manera posible de volver a mirarla de frente, entendiendo que los verdaderos universos fantásticos son, en realidad, los jirones de nuestra propia memoria convertidos en arte.

 

 

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