La historia oculta de Mar del Plata: el supermercado que emitió billetes para vencer al corralito
Se trata de uno de los fenómenos más singulares de la historia de la ciudad.
Por Redacción 0223
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El emblemático Hipermercado Aragone representó uno de los fenómenos comerciales y sociales más singulares en la historia reciente de Mar del Plata. Ubicado en la zona de la Terminal, el complejo comenzó a funcionar bajo la firma IP Mercado. Con el paso de los años, el establecimiento fundado por el empresario Ángel Aragone se consolidó como el centro de abastecimiento minorista y mayorista más importante de la ciudad.
Cómo fue la emisión de bonos del Hipermercado Aragone
Durante la severa recesión del año 2001 y la posterior implementación del corralito financiero, la firma diseñó una inédita estrategia económica de emergencia: la compañía procedió a la emisión de bonos en papel moneda de circulación interna para permitir que los vecinos continuaran comprando alimentos, indumentaria y artículos del hogar. La desesperación generalizada provocó que los comercios de la zona de la vieja terminal terminaran aceptando estos billetes, conocidos como patacones, como moneda de cambio corriente.
Luego de la quiebra definitiva del hipermercado a comienzos de la década de 2000, en parte por esa decisión controvertida, el gigante de hormigón quedó sumido en un prolongado abandono urbano. El playón de estacionamiento ubicado sobre la calle Gascón fue alquilado de forma temporaria a la empresa de colectivos El Rápido, donde quedaron varadas decenas de unidades fuera de servicio. En el interior del edificio congelado en el tiempo se mantenían góndolas oxidadas, carteles con precios noventosos y documentación administrativa esparcida.
El deterioro de la enorme estructura afectó durante casi 20 años la dinámica comercial de la zona céntrica y provocó la desvalorización de las propiedades linderas. Sin embargo, la fisonomía del predio cambió con la posterior demolición de parte del edificio para dar lugar a nuevos desarrollos comerciales. De todas formas, buena parte de la estructura todavía se mantiene.
Los antiguos paredones de hormigón y los subsuelos del predio aún preservan los cimientos de la megaestructura que marcó a toda una generación de consumidores locales. El recuerdo de los billetes de compra -de los que algunos marplatenses todavía disponen como recuerdo- continúa siendo el testimonio más insólito del impacto que causó la histórica medida de Domingo Cavallo en la vida cotidiana.
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