Escándalo en la Bristol: la insólita prohibición que obligaba a meterse al mar "encerrado"

Había estrictas normas de vestimenta y decoro por aquel entonces.

La curiosa postal que hoy parece imposible fue común hace un siglo.

3 de Noviembre de 2026 16:33

Por Redacción 0223

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La Bristol de Mar del Plata fue escenario de una costumbre que hoy parece increíble: hace más de un siglo, algunos bañistas se metían al mar dentro de casillas de madera montadas sobre ruedas. La práctica tenía una explicación muy concreta: las estrictas normas de vestimenta y decoro de la época impedían que hombres y mujeres circularan libremente en traje de baño por la playa. Incluso existían reglas que separaban a ambos sexos durante los baños.

Cómo era la curiosa prohibición para circular en traje de baño

Uno de los episodios que refleja aquella rigidez ocurrió en enero de 1880, cuando dos jóvenes se animaron a lucir trajes de baño que dejaban al descubierto brazos, piernas y escote. Según las crónicas históricas, fueron detenidas por la Policía y el episodio derivó en nuevas restricciones. Años después, en 1888, se estableció un Reglamento de Baños que prohibía bañarse desnudo y exigía utilizar prendas que cubrieran el cuerpo desde el cuello hasta las rodillas.

Había reglas que separaban a ambos sexos de la playa.

En ese contexto aparecieron las casillas rodantes: pequeñas estructuras de madera que funcionaban como vestuarios móviles y permitían trasladar a los bañistas hasta la orilla sin exponer sus cuerpos a las miradas. Las primeras eran escasas y podían ser compartidas por distintas familias. Después de utilizarlas, las retiraban para evitar que la pleamar se las llevara. En 1887, además, comenzaron a instalarse tablones frente a esas construcciones, en una de las primeras formas de organización del espacio balneario marplatense.

En Playa Bristol también quedó ligada a esta historia la figura de Fernando Catuogno, conocido como el Negro Pescador. Nacido en Italia en 1873, llegó a la Argentina a los 16 años y se radicó en Mar del Plata. Trabajó como pescador y calafateador de embarcaciones, pero su presencia permanente en la costa también lo llevó a auxiliar a bañistas. Con el tiempo instaló un balneario en la Bristol y utilizaba una casilla rodante que acercaba hasta el agua, además de cuidar las pertenencias de los veraneantes.

Las construcciones eran un paisaje habitual en el espacio playero.

Las reglas de comportamiento en las playas siguieron vigentes durante décadas y fueron modificándose con el paso del tiempo. En 1911, una nueva reglamentación estableció que los bañistas debían dirigirse desde las casillas directamente al mar y regresar a ellas al terminar, sin pasearse ni detenerse en traje de baño. Aquella Bristol de casillas móviles, separaciones y prohibiciones quedó muy lejos de la playa actual, pero permite reconstruir una etapa en la que disfrutar del mar también implicaba cumplir un estricto protocolo.

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