El recuerdo imborrable de Chocolate sigue vivo en la memoria de toda una generación

Avenida Constitución, entre luces láser, música y noches interminables. Chocolate fue el templo bailable que definió la juventud marplatense de los 90. Un viaje nostálgico por la historia, el esplendor, la espuma y el presente de una esquina que quedó grabada en la memoria colectiva por más de 20 años.

El 13 de junio de 1990 Chocolate tuvo su inauguración.

7 de Noviembre de 2026 08:00

Finales de los años 80 en la ciudad de Mar del Plata. Por ese entonces, el empresario Carlos Chiesa ya imaginaba cambiar la cara de lo que eran los boliches en la ciudad, desde su estilo y su infraestructura. En 1988 imaginó una pista levantada desde los cimientos con una sola misión: ser la primera discoteca moderna del lugar. Tras la idea vinieron los hechos, y se dispuso a ubicarla en el mismísimo corazón de la mítica "Avenida del Ruido".

El 13 de junio de 1990, en el número 4469 de la Avenida Constitución, entre Libres del Sud y Esquiú, las puertas de Chocolate se abrieron oficialmente para transformar la noche marplatense.

El refugio del glamour noventoso

Los recuerdos que dispara aquel acceso.

Durante toda la década de los noventa, aquel espacio ubicado en la vereda impar de la Avenida Constitución al 4400 se convirtió en una pasarela de vehículos que comenzaban a circular en las últimas horas de la tarde por la matiné, hasta las primeras del día siguiente cuando cerraba sus puertas y la música se detenía.

Largas filas copaban la atención de los que pasaban por allí, esperando para ingresar, así como la presencia de gente de la farándula: modelos, futbolistas, actores y jóvenes locales y turistas que buscaban cruzar ese marco donde el glamour de la época dictaba las reglas.

Por dentro, el contraste con el resto de la oferta zonal era total. Diseñada con pasillos amplios, pantallas gigantes, circulación de aire calculada y un imponente láser de 5 watts, toda una rareza tecnológica para aquellos años, la disco ofrecía un espectáculo visual inédito para la Mar del Plata de aquel momento.

Espuma, láseres y el espíritu de una época

Si hay un recuerdo fijado en la memoria de toda una generación, es la mítica "Fiesta de la Espuma". En el pico de la madrugada, chorros blancos descendían sobre la pista central para cubrir a cientos de personas que bailaban entre burbujas hasta el amanecer.

Otro recuerdo son las fabulosas matinés que lograban disputar el espacio a otros boliches desde las primeras horas de la tarde.

Pero Chocolate no estaba sola: brillaba en el mapa junto a vecinos célebres como Sobremonte, GAP o Azúcar. Juntos convirtieron a la Avenida Constitución en el epicentro definitivo del entretenimiento juvenil, mucho antes de que la movida nocturna mutara hacia los paradores de Playa Grande o los parajes electrónicos del sur.

El día que clausuraron Chocolate

Recién comenzaba el año 2013 y, entre el 1 y 2 de enero, llegó a la emblemática discoteca un operativo conjunto entre inspectores del Ministerio de Salud provincial, la Policía y la Dirección de Tránsito municipal. Esa madrugada, Chocolate fue clausurada y desalojada de inmediato por infringir los artículos 8 y 9 de la Ley de Nocturnidad (Ley 14.050), que prohibían de manera taxativa la presencia de menores de 14 a 17 años en boliches, así como la permanencia simultánea de mayores y menores en las mismas instalaciones.

Muchos recuerdan aquel hecho porque se encontraban en el lugar al momento del encendido de luces y el pedido de desalojo del espacio.

El fin del brillo y la esquina olvidada

Pero otros recordarán la imponente estructura vidriada cruzada por caños y el entramado de vallas que ordenaba la impaciente fila de ingreso, así como otros evocarán el microclima tropical de sus palmeras, esas que aún resisten de pie en la vereda como testigos mudos de las que adornaban el interior. Estaban quienes no olvidaban las escaleras balcón que rodeaban la pista principal para ver la masa en movimiento, los que buscaban un respiro en su pequeño patio, o quienes vivieron la complicidad de esa persiana metálica que separaba la discoteca de Chocolate Café y que, de a ratos, se levantaba para fundir ambos mundos en uno solo. Pionero absoluto en desplegar deslumbrantes shows de tecnología láser, el boliche ostentó hasta sus últimos días la auténtica arquitectura de la era dorada: múltiples pistas para perderse entre ritmos y una cabina de DJ elevada que marcaba, desde las alturas, el pulso de la noche.

El auge de la discoteca se mantuvo firme durante dos décadas. Sin embargo, con el recambio generacional del nuevo milenio, las nuevas normativas municipales y el paulatino cambio de perfil de la avenida, que mutó de un polo bailable a un corredor gastronómico, Chocolate fue perdiendo brillo hasta cerrar sus puertas definitivamente a mediados de 2010.

El golpe final llegó años más tarde. En 2021 se anunció la construcción de un complejo residencial de lujo en la emblemática parcela y la estructura original fue demolida. La obra nunca se terminó. La empresa constructora abandonó el predio, dejando tras de sí un pozo profundo cubierto de pastizales altos, escombros y un alambrado perimetral golpeado por el viento marítimo. Hoy, donde antes sonaba la música y brillaban los láseres, solo queda un baldío silencioso que vive en el recuerdo de quienes bailaron en los años dorados de Constitución.

 

 

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